martes, 13 de octubre de 2015

Nosotros, ka-tet



¿Se acuerdan de los Distintos? ¿De las familias Torreblanca y Morel? ¿De Roland, de Hebe y de sus hijos? Amigos y compañeros de armas en la fe. Pero, asimismo, son mucho más que eso. En La Torre Oscura, de Stephen King, el autor inventa el término ‘ka-tet’, que significa ‘personas unidas por el destino’. Yo me incluyo en este ka-tet, no por voluntad propia, ni siquiera por voluntad de mis amigos, sino por un designio mayor que cualquiera de mis elecciones.

Esto se aproxima, y mucho, al determinismo. Todo acontecimiento está determinado por algo. Por lo general, a ese algo lo llamamos Dios. No muchos le tienen cariño, pero no importa. Es alguien muy agradable y simpático, siempre y cuando dejes que se meta en la habitación.

Ninguna estrella es preciosa en sí misma. Mas un puñado de estrellas agrupadas forman una constelación. Un rizoma de luz. Una red de esperanza.

Nosotros somos pescadores de sueños.

Nosotros ahuyentamos a los monstruos.

Nosotros amamos, creemos y vivimos.

Alguna vez pertenecí al ka-tet de la Tinta Dorada. Hay una particularidad del ka-tet: sólo subsiste en el presente. Cuando un círculo se rompe, nada lo reconstruye. Nada es duradero, todo es efímero. Pero, ¿realmente creo en la transitoriedad de las cosas? ¿O acaso hay vínculos que son eternos?

Que no me embargue la nostalgia. Feliz soy ahora. No hay amistad que no esté hecha de instantes de felicidad.

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