sábado, 28 de noviembre de 2015

Exp. Nº 22/3111: Textégesis sobre la filojería de la histeratura



INTRODUCCIÓN



No hay una sola manera de leer este texto, que en realidad es muchos textos y que habla de muchas cosas. En realidad, éste es un texto sin sentido ni fin. No habla de nada. Algunas ideas no tienen conexión aparente con otras. Es un texto experimental que pretendía ser serio y que no llegó a serlo. Hay ocasiones en las que simplemente no se puede ser serio con lo que escribe. Ni siquiera si el tema de lo que se escribe es polémico o incluso real.

El texto partía de las polémicas que surgieron en torno a la publicación de Harry Potter y el debate religioso que suscitó en algunos países acerca de la brujería. Esta controversia es vieja –hacia los años 2003 y 2004– y ha caído en el olvido.

Escribo este prólogo porque algunos seguidores de la saga creerán que estoy hablando en contra de Harry Potter; por otra parte, algunos amigos cristianos que por lo general me leen y siguen mis publicaciones creerán que estoy a favor de Harry Potter.

Lo mismo cuando hablo de “brujería”: algunos creerán que es una pavada, mientras que otros lo tomarán como algo serio. Cuando caminen sobre este charco de hielo, háganlo con pinzas; no se tomen tan en serio lo que digo, porque a fin de cuentas, todo lo que hago, incluso lo que escribo, es un chiste.

(Y yo tengo un pésimo sentido del humor.)

El problema de los dos bandos será determinar de qué lado está el “enunciador”. Si lo leen de esta manera, lo están leyendo mal. Lo que tienen que determinar no es qué es lo que piensa el enunciador, sino “cuántos” enunciadores hay. Cuántas posturas, posiciones, opiniones, reflexiones y críticas hay en el texto y con cuáles usted se siente identificadas y con cuáles no. Acá no hay lados, nunca los hubo. En todo caso, usted se quedará con las partes que le parezcan más agradables... O desagradables.

Este texto es un juego difícil. He recogido opiniones de un lado y del otro, las he balanceado, atenuado, cepillado, disfrazado y ornamentado para que usted crea que yo estoy en una posición u otra cuando no hay ningún “yo” en el texto. De modo que le hago la siguiente aclaración: aquí no estoy yo. Aquí no me tiene que buscar a mí. Se tiene que buscar a usted. Buscarse a sí mismo en un párrafo o en otro. Critíqueme o elógieme, apuñáleme con mi propio texto si lo desea. Me oculto en la tercera posición, la mediación. No tiene que buscar lo que yo pienso, porque si yo escribo lo que pienso, no sería un escritor, sino un comentarista. Y esta, aquí, no es mi función.

Justamente, elijo una polémica vieja para construir algo nuevo. Sería imprudente elegir un tema actual.

¿Entienden el chiste?

Opiniones marginales ni siquiera propone opiniones mías. Sus opiniones son las opiniones del otro. De un otro en el pasado.

Un escritor no es un titiritero, ni las palabras son sus marionetas. Éstas sólo son los hilos que lo manejan.







I



A las puertas de una iglesia evangélica hay un gato muerto. Nadie sabe quién lo mató. Si lo han ahorcado, degollado o destazado, es un enigma. Esta historia, más pequeña que un relato de Kafka, la balbuceó mi hermana en una conversación casual.





II



El periodismo ha registrado por lo menos tres quemas de libros llevadas a cabo por agrupaciones cristianas en Norteamérica. El nombre de Rowling ardía en el fuego.





III



Bajtín afirmaba que un enunciado arrastraba todos sus usos anteriores. Adorno sostenía que el material (el lenguaje) no estaba exento de lo histórico-social. Tanto la palabra “brujería” como el término “hechicería” arrastran significados históricamente funestos. Relacionarlas con prácticas ocultistas o incluso satanistas apenas es contemplar sólo uno de los lados de la moneda negra: los métodos que utilizaba la Inquisición para cosechar confesiones “irrefutables” y los cuerpos de las mujeres que ardieron sin saber por qué dibujan una alfombra de sangre bajo los pies de la Historia.





IV



Los padres reniegan de las modas de los hijos. Es la ley del Oeste. Un tatuaje, un piercing, un libro, un disfraz. Cualquier objeto puede ser un motivo de discusión. Cuando Harry Potter puso en circulación la palabra “brujería” en la boca o los ojos de los niños, se produjo la primera chispa. No hay nada más allá de la obra de Rowling que no sea texto. La vara de Adorno: la obra textual está separada de la vida. No hay brujería, no hay ocultismo, no hay satanismo en el libro. El problema es la palabra. La palabra que está llena de significados múltiples para los lectores del Sur. Un juego de ping-pong: te diré una palabra y tú me dirás otra. ¿En qué piensas cuando digo “brujería”? Tal vez pienses en una varita mágica, una cazuela o una escoba voladora. En este caso puedes seguir leyendo. La industria cultural te ha dado imágenes que a mis viejos no le dieron.

Cuando pienso en “brujería”, pienso en un gato muerto.





V



Entender el material con el que Rowling trabajó es entender por qué se produjeron las quemas de libros en plena democracia norteamericana. En Inglaterra, la tierra de la Revolución Industrial y del Parlamento, la brujería es la piel de un oso muerto sobre la cual duerme el gato de la Razón. Rowling desenrolló la piel de la serpiente “dentro” de los límites de su país. Las editoriales comprendieron el potencial textual de Harry Potter. El advenimiento de un éxito mundial. El continente americano recibió los barcos de papel con los brazos abiertos. Han olvidado los mercados que el vulgo latino tiene su propio concepto de “brujería”. Una idea que dudo mucho que esté vigente, por ejemplo, en Capital Federal, donde los hombres de traje y corbata caminan bajo las alas de las palomas que dormitan sobre los cables. En algunos postes de luz hay pequeños anuncios de videntes y pitonisas que prometen “hechizos de amor” y otros conjuros. En la parte inferior del anuncio, un número de teléfono. Para mí, esto no es “brujería” con todas las letras, sino mera superstición y charlatanería. Que la gente crea en lo que quiera creer. Mientras no llenen una bolsa de consorcio con cadáveres de gatos.





VI



Tomate un tren desde Once hasta Merlo. Bajate. Tomá cualquiera de los colectivos que te conduzca más allá del Hospital Héroes de Malvinas. Bajate en uno de esos barrios que toca el borde de las zonas rurales con sus calles de tierra. Esas son mis tierras. Mi límite. Allí, en estas calles, donde hay zapatillas colgadas de los cables como negros ejecutados por el Ku Klux Klan, donde unos graffitis piden justicia por un delincuente ejecutado a palazos, donde hay perros muertos que se descomponen a la vista de todos a un costado de la Ruta 200 (por ahí, si tenés mucha suerte, te encontrás con uno o con varios altares rojos con velas encendidas), vive un pueblo. Acá se escucha cumbia a todo volumen, hay parrillas en las esquinas que calientan chorizos o tortillas, las motocicletas escupen humo con cautela si el motociclista no tiene casco (el fantasma de Gendarmería), el carnicero no deja de hacer bromas durante quince minutos y las peluqueras tienen muchas ganas de hablar.

Acá, en el barrio, la literatura importa un cuerno. Hay gente que lee, hay gente que lee ficción, hay gente que lee la Biblia, hay gente que mira películas, hay gente que mira series. Desconfío del hombre que dice: “Éstos no tienen cultura”. Aquí todos tienen cultura, pese a quien le pese. Aunque, ¿a qué llamamos cultura? ¿Por qué acabo de escribir lo que escribí acerca de la literatura? Porque es verdad. Nadie sale del colegio queriendo ser escritor. U otra profesión, vinculada o desvinculada a las letras, se antepone al oficio o simplemente no hay tiempo para leer lo que el otro escribe –si es que el otro escribe– o los libros están muy caros –un problema relativamente menor con la existencia de los archivos digitales– o no hay un interés demasiado poderoso por lo literario.

Hay gente que escribe, también, pero la escritura es una escritura a la deriva que no nos conduce a ningún lado. Nadie se preocupa por los múltiples sentidos de la palabra “brujería”. A nadie le importa cortar el nudo gordiano de la cuestión.

Excepto a mí. Como el par de zapatillas colgadas en la calle Reilly, yo estoy colgado de mi destino.





VII



Acá, en esta zona marginal –entiéndase marginal en el sentido de que no es centro de nada, no en el sentido de pobreza–, el hombre de barrio tiene una idea bastante interesante acerca de lo que es la “brujería”: pochoclos en la esquina, ofrendas sospechosas a ídolos sin nombre, un gallo sangrando sobre tu cabeza, una fotografía tuya iluminada por velas de colores y un gato muerto como conjuro contra una iglesia. Algunos vecinos, creyentes o no creyentes, insisten en esto: en que hay una pugna invisible entre fuerzas demoníacas y el puño de Dios. Esto es “magia”. La magia está llena de sangre, de velas rojas y de pochoclos. Y yo, que estoy en contacto con este mundo (desde hace varios años que asisto a las reuniones de una iglesia evangélica del barrio), considero que lo que leí en Harry Potter no es magia. Sólo son palabras escritas por una mujer inglesa en un tiempo difícil. Hay otros que no piensan exactamente lo mismo. Mientras esos otros no me degüellen, prosigo al blanco...





VIII



Siempre que puedo aprovecho la oportunidad para decir a los jóvenes que no se traguen todo lo que circula por YouTube. Es decir, teorías conspiratorias o manifestaciones demoniacas o conjeturales anticristos. Si hacemos caso a todo lo que hay en los medios de comunicación, no sólo creceremos con una idea deformada del mundo y de la realidad en la que vivimos, sino que poco a poco esta desinformación propiciará en nosotros tendencias peligrosas y destructivas. La quema de libros en el Norte es una de ellas. La quema de iglesias hace más de cincuenta años, perpetuadas por un enardecido peronismo, también.





IX



Las costumbres y prácticas de las comunidades americanas y las tribus africanas no pueden ser asumidas como “brujería”, porque forman parte de su propia cultura y no están bajo la observancia de los ojos de vidrio de Occidente. Que otros occidentales tomen elementos de otras culturas con diversos propósitos para incluirlos dentro de su vida cotidiana tampoco es mi asunto. ¿De qué es lo que hablan estas tesis entonces? Si Harry Potter no fue escrito por el diablo y la magia no existe, ¿cuál es el problema?

La palabra “brujería” es el problema. Está, para nosotros, los hijos del Sur, los del margen, a quienes le afecta una jota saber o no saber quién fue Oscar Wilde, llena, salpicada de connotaciones histórico-sociales vinculadas a una experiencia local de la denominada “brujería”. Cuando un norteamericano oye “guerra”, piensa en Vietnam, en Irak, en Corea; la misma palabra, para un argentino, está encadenada a las Islas Malvinas. Conflictos de traducción, significaciones, descontextualizaciones; un francés loco afirmó que podía extraerse un enunciado en un contexto y ponerlo en otro completamente diferente, cambiándolo todo, incluso su significado. Algo parecido pasó por estos lares, pienso yo.

Un seguidor, fanático o archifanático de Harry Potter, e incluso el lector que no lo haya leído pero tiene una noción más o menos clara de lo que es ficción, empezará a decir: “Pero ésa gente no entiende que...”

Por supuesto que no entiende. Este no-entendimiento de las reglas del juego es una característica inherente a la condición humana. Recuerden la transmisión radial de La guerra de los mundos: nadie escuchó los anuncios pertinentes, nadie entendió que se trataba de una ficción hasta que fue demasiado tarde.

Este no-entender condujo a algunos oyentes a la muerte. Otros, un poco menos alevosos o más temerosos, buscaron una iglesia en la cual rezar.





X



La polémica que protagonicé este año con una interlocutora a-la-que-respeto-mucho me enseñó que hay libros que por fuerzas circunstanciales hay que ocultar bajo la alfombra del silencio. (Una autora de un blog que sigo aseveró en un artículo que había un familiar el cual no podía siquiera mencionar X libro en su presencia para ahorrar discusiones.)

Hay mesas familiares en las que no se habla de política. Algo análogo sucede en algunas estirpes con la literatura. Créanme que los entiendo, a quienes han tenido chispazos por causa de un nombre y un apellido. A veces, lo mejor, es callar.





XI



En Superman All Star, el héroe que da nombre a la colección se encuentra con Zibarro, una versión alternativa de sí mismo que pertenece a la raza de los bizarros, seres con poca inteligencia que hacen lo opuesto a lo que se les dice. La contracara de Superman expresa con abrumadora sinceridad: «¿Zibarro es el único que ve la belleza en un atardecer? ¿Zibarro es el único que busca poesía en estas idas y venidas sin sentido?»





XII



Los que no leen, en realidad, leen el mundo constantemente. Ellos no leen libros: leen acciones, leen crímenes, leen pantallas, leen árboles, leen cicatrices, leen lágrimas, leen sonrisas, leen el mundo. La literatura es, junto al largo libro de la vida, una nota al pie. No hay nada en los libros que la experiencia humana no haya abordado en mayor o menor medida. Lo que cambia, a lo largo de los siglos, es nuestra manera de expresarlo.





XIII



Seamos comprensibles con quienes no quieren leer ni ser leídos. Ellos, lo único que hacen, es vivir. Una fatalidad de Pessoa que tal vez a muchos amantes de la lectura enfadará: «La literatura es el modo más agradable de ignorar la vida.»





XIV



Temo más al que lee que al que no lee. Nadie puede quemar un libro sin haberlo leído antes.





XV



Las quemas de libros de Harry Potter se produjeron tiempo después del atentado a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. Sin importar cuántas vueltas se le dé a los dos acontecimientos, no hallo conexión directa. Entonces, ¿por qué lo menciono?





XVI



En 22/11/63, Jake Epping y Al Templeton insinúan que Lee Oswald, el hombre que mató a Kennedy, fue sólo un cabeza de turco. King rechaza, tanto en la narración como en la vida real, la teoría de una conspiración. Oswald actuó solo. Hizo lo que hizo sólo para buscar fama. Nada más. Harry Potter, al igual que muchos otros libros, alcanzó fama sin buscarla. Y se las vio con muchos consejos estudiantiles en E. E. U. U.

Y todo porque la palabra “brujería” y todos los significados en torno a ella no tienen la misma connotación en Inglaterra que en América.





XVII



Una amiga –que tal vez se enfade cuando lea esto– me confió una metáfora interesante acerca de la literatura: algunas tribus nativas americanas consumían peyote en sus ceremonias religiosas y no eran drogadependientes; pero cuando el hombre blanco llegó a América, un vaso de cerveza bastó para subyugarlos. De la misma manera, bajo una crianza secular (no soy cristiano de cuna), he alimentado mi espíritu con palabras y con historias. La serpiente de la literatura me mordió los ojos a una edad prematura; mi sistema nervioso decodificó la composición química del lenguaje, ha desarrollado la facultad innata de interpretar el discurso y las ficciones de los otros, y desde entonces, soy inmune a la superstición de que los demonios pueden vivir dentro de los libros.

Lo que no significa que no pueda estar equivocado.





XVIII



En realidad, los libros no son el problema, sino las ideas que hay en ellos. Si una idea puede aparecer en un libro, también puede hacerlo en la televisión, en el cine, en una historieta... El arte es una cárcel donde las ideas no pueden hacer nada. A menos que el lector tenga la llave. Si el lector camina sin protección sobre la superficie helada de un lago congelado, es probable que se hunda y no regrese nunca más. En este caso, sólo hay una palabra para definir a aquel que por voluntad propia rompe la escarcha divisoria entre las aguas de la ficción y el aire de lo real: pero esta palabra no la puedo decir aquí. Todavía no se ha inventado.





XIX



Hay una noticia, que semeja mucho a una leyenda urbana, en la que un niño bebe gasolina para parecerse a Optimus Prime. Para mi asombro, tecleé algunas palabras sueltas en Google y la noticia aparece. El niño no murió. Sobrevivió. La noticia data del 2009. Pero no puedo confiar en Internet. Nadie sabe si las noticias allí colgadas (como zapatillas, como extraños frutos de Mississipi) son reales.





XX



Todo me es lícito, mas no todo me conviene. El que quiera oír oiga. Examinadlo todo, retened lo bueno.

A todos estos preceptos falta un comentario que arrojó el Rey Agripa al apóstol Pablo cuando éste intentaba persuadirlo a la fe de Jesús: «Las muchas letras te vuelven loco.»

En realidad, todo el que viva de este lado del charco lo está.





XXI



En un manicomio pusieron a dos locos en una misma celda. Uno se comió al otro. La institución tomó cartas en el asunto. Dos palabras: celdas individuales. Por desgracia, los internos tenían muchas ganas de comunicarse los unos con los otros. Nadie sabía bien por qué, ya que las únicas charlas que sostenían los pacientes mentales eran meras incoherencias. Como el acto de comunicación parecía sosegar a los locos más que los fármacos o los electrochoques, las autoridades habilitaron un método de comunicación poco ortodoxo pero seguro: a través de cartas que los guardias cuidadosamente pasaban de mano en mano. Los locos no escribían nunca; cualquier lápiz, en manos de un hombre, podía transformarse en un heraldo de muerte. De modo que algunos empleados del manicomio oficiaban de escribas. Oían a los locos y transcribían todo.

Los guardias, de vez en cuando, leían el contenido de las cartas, no sea que haya un paciente lo suficientemente listo para sembrar un motín en la institución. Un guardia en particular tachó la palabra “sangre” en la frase Él dijo que los mosquitos chupan sangre. Un compañero de trabajo pregunta por qué lo hizo, si la palabra dentro del contexto era inofensiva.

–No quiero que nadie se convierta en un mosquito –fue su respuesta.





XXII



La literatura es una continua e inacabada lucha entre lo que se quiere decir y el silencio. Recortar el papel mudo con la tijera de la escritura es un derecho del escritor, sea consciente o inconsciente de ello.







ADVERTENCIA



Premisa 1: Todas las proposiciones contenidas en los enunciados anteriores a esta tesis son falsas.

Premisa 2: Todas las proposiciones contenidas en esta tesis son falsas.

2 comentarios:

  1. ojala algun dia podamos viajar en el tiempo, dudo estar vivo para entonces, interesante tematica, dejo mi blog para estar en contacto, saludos
    http://andamios1995.blogspot.com.ar/

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