viernes, 20 de noviembre de 2015

Padre, confieso que he leído...



Esta nueva lista literaria tiene dedicatoria específica: a Adriana, quien fue la que sembró la inequívoca semilla de la propuesta. A raíz de una de mis últimas listas (Dime qué sientes y te diré qué lees) me sugirió escribir otro repertorio con los siete pecados capitales. A cada pecado, un libro.

He sido meticuloso con las historias que he seleccionado, es una lista bastante “light”. Estos son los libros que propongo para...



IRA: La naranja mecánica, de Anthony Burgess





Una novela que despliega toda una serie de escenas de violencia irracional contenidas en la artificiosa y quebradiza jerga nadsat. Alex, el protagonista, es sin duda alguna uno de los personajes más representativos de la literatura de siglo XX, una salvaje figura juvenil que se transforma en una salpicadura de sangre sobre la cara de un futuro que a pesar de los progresos tecnológicos y las obras de arte está lleno de caos autodestructivo y corrosivo.



LUJURIA: Lolita, de Vladimir Nabokov




Con muchas reticencias dispongo esta lectura. No hay ojo lector que no intuya de qué va lo que Nabokov escribió. No hace falta decir tampoco que este libro se buscó unos cuántos líos en el año de su publicación: 1955. Enrique Pezzoni, un respetado profesor de la Universidad de Buenos Aires, se arriesgó a traducir esta novela en Argentina, arriesgándose a perder su docencia por trabajar sobre un libro que alude a la sexualidad adolescente. Como conozco más el contexto de la publicación que la historia en sí, escribo este apartado con cierto pudor y minuciosa cautela.

Cabe destacar que tanto La naranja mecánica como Lolita se transformaron en verdaderas bombas literarias en sus respectivas épocas. Prosigamos.



GULA: Gargantúa y Pantagruel, de François Rabelais




La máquina del tiempo retrocede hacia 1532, cuando se publica el primero de los cinco libros que constituyen la historia de Gargantúa y Pantagruel, dos gigantes con un apetito voraz. Debido a la irrisoria mezcolanza de escenas escatológicas con un agudo sentido del humor, la Sorbona lo reprobó, lo censuró, lo condenó... Rabelais se salvó porque los publicó con seudónimo.



ORGULLO: El paraíso perdido, de John Milton




Milton escribió esta obra monumental de la literatura inglesa literalmente a ciegas, dictando los versos que elucubraba en su mente a sus hijas. El protagonista es nada más y nada menos que Satanás, quien intenta rebelarse contra Dios. El resto del argumento rueda por su propio peso.



ENVIDIA: Abel Sánchez, de Miguel de Unamuno




Una de las obras más emblemáticas de la literatura hispana y una resurrección del drama de Caín y Abel en los tiempos modernos que en España corría. Quienes lo hayan leído no me darán la razón a mí, sino al esplendoroso autor que con su aguda pluma nos invita a volver a reflexionar sobre el viejo tema de la envidia.



CODICIA: El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad




Este pecado halla su perfecta encarnación en el extraño personaje de Kurtz, un misterioso hombre al que el narrador de la historia debe localizar en el interior de la jungla africana. A lo largo del siniestro recorrido contemplamos las aberraciones que el colonialismo británico ha cometido en el nombre del marfil: esclavitud, explotación, violencia y locura bajo la máscara de la “civilización”. Todos los actos del hombre, bajo el sombrero de la ambición, se transforman en gotas de muerte.



PEREZA: El extranjero, de Albert Camus




Asombrosamente, la imposibilidad del protagonista de adscribir un significado a su propia existencia y de reaccionar ante los acontecimientos de un mundo que considera absurdo y carente de sentido es lo que determina el desenlace de esta novela. A través de los ojos de Mersault se extienden las desganadas alas de un existencialismo oscuro y atroz que arrasa el seno de la sociedad contemporánea. Ninguna acción humana es lo suficientemente significativa como para preservar una vida vacía.



Ahora es tu turno. Si tuvieras que relacionar cada pecado capital con un libro, ¿cuáles serían?

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