sábado, 30 de enero de 2016

Reseña: “Nadie nada nunca”, de Juan José Saer





Un asesino de caballos anda suelto por el país. El Ladeado solicita a su amigo, el Gato Garay, que oculte al suyo en la casa. A pesar de las noticias relacionadas con el caso, los días del Gato son tranquilos: en compañía de Elisa, conversando con Tomatis o contemplando a los bañistas en la playa. A partir de este escenario el escritor argentino Juan José Saer desarrolla Nadie nada nunca, una de sus novelas más famosas y experimentales.




Si me hubiesen preguntado cuál fue el libro más aburrido que leí en mi vida la semana pasada, hubiera respondido La rebelión de Atlas, de Ayn Rand. Finalmente, un argentino la ha destronado de su pedestal de odio. Nadie nada nunca no sólo es aburrida: está hecha de aburrimiento, de principio a fin. Saer se esforzó con ganas para escribir una de las novelas más aburridas de la historia. Para los eruditos, letrados y académicos, es un becerro de oro, un ternero sagrado, uno de los grandes autores de la literatura argentina. Pero a mí no me gusta. Sólo a un lector que haya perdido el sentido del entretenimiento o que sabe lo que está leyendo le puede gustar Saer.

De las 140 páginas que leí, sólo cuatro valieron la pena, y narran cómo comenzaron los asesinatos de caballos a la vez que describe la vida de los dueños de los equinos muertos.

¿Qué es lo que pasa en la novela? NADA. De hecho, las mismas escenas vuelven a narrarse una y otra vez. Incluso hay párrafos enteros que se repiten sin o con mínimas variaciones. El relato no avanza ni retrocede. No pasa nada. Nunca. Al menos el libro tiene el título bien puesto.

«No hay libro tan malo que no tenga algo bueno», dijo Cervantes. ¿Qué es lo bueno que se puede extraer de Nadie nada nunca? Poco que no se haya visto en otros libros. Nada.



“No es posible que no transcurra nada.
Algo tiene que transcurrir.”



Hay, como en Faulkner, un abuso de las oraciones largas. Saer describe con excesiva precisión objetos tales como una jarra de agua, una araña aplastada o una feta de salamín. Las descripciones llegan a ser tan maratónicas que se extienden a lo largo de vastos párrafos.

No hay acción. Sino escenas que se vuelven a narrar una y otra vez. Los mismos objetos, los mismos gestos, las mismas acciones, el mismo escenario.

La novela alterna la perspectiva de un narrador omnisciente en tercera persona con el relato en primera persona del Gato Garay. Hay que prestar atención a cómo evolucionan las conjugaciones verbales para no desorientarse.

Si a vos te gusta Saer o te interesa saber cómo escribió, podés echarle un ojo a Nadie nada nunca. ¿Qué les digo a los demás? Que si no saben cómo viene la mano en las obras de Saer, no la van a disfrutar en absoluto. Por mi parte, resumo mi experiencia con este libro en una sola frase: Me arrepiento de haberlo comprado.

viernes, 29 de enero de 2016

Viernes de vinilo #5



Mientras escuchan esto...



...les comento que estoy terminando de leer esto...


...y luego comenzaré a leer esto.



¿Qué les pareció la canción? Muy retro, ¿no?
La escuché por primera vez en...



...y cuando dice la palabra Sandman pienso en...


...y no tanto en...



Aunque también podría pensar en...


Y ESTO HA SIDO VIERNES DE VINILO POR HOY.
¡FELIZ FIN DE SEMANA PARA TODOS!