martes, 26 de enero de 2016

El delfín y la escafandra



La única vez que fui al mar, éste me empujó con toda su fuerza y me golpeó la boca hasta llenarme los dientes de sal. Era un niño. Mi hermana se reía de mí aún después de que una segunda ola me mantuviera bajo una manta de espuma durante unos segundos que parecieron días. Desde entonces siempre he procurado tener mis pies sobre la tierra.

Ayer he ido a Puerto Madero con unos amigos. Éstos son sus seudónimos: Luna Roja, Pluma de Cuervo, Charlotte Denbrough y Lukács Moonglove. Nos detuvimos unos instantes a contemplar los camalotes inesperados que flotaban en el agua. Recorrimos brevemente el interior de la Fragata Sarmiento. En una caja de vidrio vi una escafandra que me deslumbró.

Una chica llamada Aylén escribe sobre el mar. Leo sus palabras. Irresistiblemente me acerco a mi biblioteca y busco un libro. En La brújula dorada, la protagonista habla con un marinero que no puede separarse del mar porque su alma tiene forma de delfín y habita en el agua. Si lo hace, perecerá.

Y esta serie de escenas inconexas que podrían prolongarse hacia el infinito son las gotas de un mismo mar de pensamientos que alguien sembró en mí. Esto también es literatura: cosechar océanos en los corazones secos hasta que la tierra se abra hasta las lágrimas.




“Si no fuera porque luché contra la corriente hasta el cansancio, hoy no estaría acá escribiendo esto.”
Aylén Fuente,

2 comentarios:

  1. Llegué acá para leerte y ¡pum! Yo plagueando tus entradas JAJAJAJA. Primero que nada, qué lindo te quedó el blog con este nuevo diseño! Segundo, se ve que hablaste en serio cuando me comentaste la entrada de El mar jajaja, posta me pone re contenta saber que lo que escribí te llegó y a la vez te hizo reflexionar y escribir una entrada.

    Te voy a contar algo que se me acaba de venir a la mente y que para mí es muy gracioso, para que sepas que no sos el único al que el mar humilló (?). Varias veces cuando era chiquita íbamos para allá durante estas fechas. Siempre recuerdo que en mi cumpleaños, el mar estaba muy revoltoso (yo me metía a nadar igual) y las olas me hacían dar vuelta carnero abajo del agua, de tan fuerte que rompían. Da la casualidad de que cuando me metí a nadar este año para mi cumpleaños, volví a dar vuelta carnero abajo del agua y fue horrible y hermoso a la vez. También me tiró decenas de veces y hasta puedo asegurar que me cacheteó, estaba re bravo, tuve que salir porque no daba más del cansancio. PERO ME HIZO DAR VUELTA CARNERO es una sensación re fea te juro jajaja.

    Hace mucho no voy a Puerto Madero, y no puedo imaginar el lugar con los famosos camalotes, qué loco. Y pensar que llegaron hasta acá con regalitos y recuerdos de la inundación causada por una deforestación masiva producida por nosotros mismos.

    Vos en un momento relacionaste metafóricamente al mar con el corazón y también con el pensamiento, ¿y qué tal la mente? Adentro de nuestra cabeza, en vez de un cerebro, puede existir un mar que se mueve constantemente. A veces está tranquilo y a veces inquieto y alterado. Creo que así son nuestros pensamientos, tenemos una mente inestable e indescifrable como el mar.

    Un gusto leerte, Julián. Y gracias por siempre tenerme en cuenta y ah, la gente no suele citarme nunca jajaja, me siento importante (?).

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  2. Gracias, Aylén, por comentar en este espacio, por leerme y haberme permitido incluso utilizar tu cita. Alguien que puede decir tanto en pocas palabras merece ser citado. ^_^

    Me han encantado tanto tu anécdota personal de la infancia como tus ideas acerca de la mente y el mar. Sin duda alguna, nos seguiremos leyendo. :D

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