martes, 9 de febrero de 2016

La blogósfera y sus crisis infinitas



“El desarrollo de la personalidad es una larga paciencia”, escribió Quiroga. Y este principio también se aplica a los blogs. La blogósfera atraviesa una crisis intermitente, casi imperceptible; todos los autores corren en búsqueda de la originalidad. Pero, a su vez, es esta búsqueda la que transforma nuestros rincones de tinta en espejos de sombra. Ecos de palabras que chocan contra los muros de la cueva de las repeticiones: poco a poco, sin querer, nos disfrazamos de arquitectos para construir una casa de espejos que vuelven a reflejar lo mismo desde diferentes ángulos. Como en una novela de Saer, nos entregamos a la contemplación de un mismo objeto con las mismas palabras, las mismas técnicas, las mismas opiniones. Los autores caemos en la fácil trampa de la fotocopiadora; y a un lector urgido por las circunstancias, al lector express que peregrina a través de las ventanas de Internet, a la mirada que se conforma con las figuritas repetidas de la literatura, le resulta más tentador comprar la opinión envasada en su formato fotocopiado.

¿Qué me inspiró para escribir este largo delirio sino un humilde pero franco artículo de una chica llamada Micaela? Me referiré a este texto en los próximos párrafos, pero me atrevo a anticipar que Fragile Dreams es un fuerte candidato a un lugar propio en el Blogoscopio. Respecto a éste, constituyó todo un desafío para mí llevarlo a cabo. Porque transformé mi blog en un lugar donde hablo de otros blogs. Sólo un loco coloca un espejo delante de otro espejo. Los reflejos se multiplican al infinito. Ésta es una de las formas que hallé para romper el círculo vicioso de las repeticiones. Confieso, asimismo, que mis reseñas son pocas, que me “vendí” un poquito cuando me metí en el callejón de las reseñas –Opiniones marginales comenzó como un tendero de relatos costumbristas–; y que mis reseñas, en comparación a las de otras personalidades del ambiente digital, son malísimas. Lejos de ser una autocrítica desmesurada o un complejo de inferioridad literaria, es la verdad: lo mismo pienso de mi propia poesía, ya que la única razón por la cual la publico es porque realmente creo que es mala. Que nadie se atreva a comentar que soy un buen poeta, porque no lo soy. ¿Será porque me gusta más escribir relatos o reflexiones antes que versos o recomendaciones de libros? Tal vez. Hay días en los que siento que escribo pura basura. Pero seamos honestos: cuando King escribió Carrie, también pensaba que estaba escribiendo basura. Y Kafka le encomendó a su mejor amigo que quemara todas sus obras después de morir. Dos ejemplos históricos de escritores que odiaban a sus propias creaciones. ¿Acaso el doctor Frankenstein no anhelaba deshacerse de su monstruo artificial apenas éste abrió los ojos?

“...ser comprendido es prostituirse”, sentenció Pessoa en el Libro del Desasosiego. Todos los escritores están al borde de la prostitución. Hay una delgadísima línea roja entre la escritura por placer absoluto y el comercio de historias controlado por el dios Mainstream. En la blogósfera, el novelista que escribe sólo por dinero es el publicano de los evangelios literarios. Imagino que ustedes, hijas e hijos de una patria católica, se figuran quién es Leví, ¿no? Un recaudador de impuestos al que Jesús eligió como uno de sus doce apóstoles. ¿A qué viene la alusión bíblica? A que seres como yo, esto es, los “malos” escritores, tenemos una posibilidad de ser redimidos por pecar de ineptos en el frágil arte de la escritura. El escritor que escribe por Eva –Perón, por los billetitos violetas de mi apocada nación, se sobreentiende–, no deja de ser escritor. Se trata de Mateo, no de Judas. El Judas literario no sólo escribe por dinero: ni siquiera hace literatura. Los caminos del Señor son misteriosos; los de los poetas, aún más. Es momento de tomar una desviación antes de que me entregue a un derrape sentimental.

Si mis declaraciones le parecen, pudoroso lector, en exceso extravagantes, le recomiendo que salga por la puerta principal en busca de otro jardín de palabras. “¿Dónde quedó el escritor que quería comerse el mundo en bandeja de plata?” me pregunto a veces. De vez en cuando tengo que sacar a pasear a la bestia que hay en mí. No ser tan dócil, no sucumbir tanto a los gustos populares, no simplificar demasiado mi estilo, no dejar que el cuchillo del psicópata amontone óxido en la buhardilla polvorienta.

No importa cuán dulcemente Edward acaricie a Bella. Los vampiros necesitan sangre. Y en un arranque de locura soltamos Crepúsculo y nos metemos de lleno en las viñetas de 30 días de noche. Y las manos del escritor fabrican muerte. Las manos, los dedos, las uñas. Se hunden por completo en la grava del cementerio. Estamos desenterrando al crítico feroz que sepultamos hace tiempo para agradar a todos. Hace muchos ayeres que el ciudadano decente carga con el peso de una máscara sonriente para ganarse lectores. Pero las máscaras se rompen, las sonrisas se descomponen, y de vez en cuando los libros que todo el mundo admira necesitan una puñalada en la contratapa.

“Pará, flaca, no te metás con John Green que se pudre todo”, le dicen a la chica que opina un poquito diferente a la masa. Pero tiene que haber alguien que rompa el status quo a martillazos. Alguien tiene que meterse con los poderosos. Es decir... nosotros.

A mí me gusta leer críticas negativas, incluso de autores que me fascinan, porque me brindan una perspectiva nueva de cómo leer aquello que me entretuvo, me gustó u odié. Los libros se convierten, así, en imprevistos tests de Rorschach: un par de ojos no ve lo mismo en una mancha que otro par. Los otros me dan claves para mover las caras del cubo mágico. El juego nunca se termina, el enigma nunca se resuelve. No se trata de determinar si el libro es bueno o es malo. En todo caso, lo único que determinamos al realizar el test de Rorschach es qué tan cuerdos estamos.

“...ser leído implica ser original” escribió Micaela en el artículo Una opinión personal y sobre blogs originales*. Una interesante teoría que fracasa en la práctica. Al menos para cualquier editor en sus cabales. El paradigma literario actual parece rezar: “Ser leído implica ser popular”. Lo popular se vende, y lo que se vende se lee. Es el demonio del hype. Es el dios del Mainstream. Alan Moore afirmó: “Hay una relación inversa entre el dinero y la imaginación.” Y si el autor parte por la mitad el contrato establecido con la editorial (y, por ende, con sus lectores), el mundo lo crucifica. ¡Ay de George Martin y los seguidores de Juego de Tronos!

La autora de Fragile Dreams se refiere, empero, a los blogs. A las reseñas, las críticas y las recomendaciones literarias. Es un artículo en el que el estilo despotrica a lomos de una sinceridad imparable, rasgándose las vestiduras, arrancándose el corazón del pecho para exhibirlo ensangrentado a las multitudes. ¡Esa es la actitud! Eso es lo que me gusta de los autores digitales. Cuando se retuercen dentro del molde hasta romperlo, desquebrajando los bordes de la máscara y aullando de rabia ante tanta parsimonia.

La originalidad es furia: la cólera de Aquiles, el niño que rompe los espejismos con el rifle de aire comprimido, el demonio de Tasmania que gira alrededor de sí mismo arrasando con todo, Bruce Banner reverdeciendo en su iracundo esplendor, Lupin devenido en gran lobo. Sturm und Drang, blitzkrieg tintóreo, escritura automática. Esto es lo que estábamos esperando, esto es por lo que pagan los espectadores. La sangre, el fervor, la pasión, la cólera y el amor por las letras.

¿Quién no quiere ser un escritor famoso? ¿Quién no quiere escribir un best-seller? Ciertamente, no son malignos nuestros deseos. Pero si el deseo afecta a la sustancia de nuestro talento, entonces, aísla el sentimiento y apacígualo con la razón. Porque el deseo trae dolor: es el narrador quién agoniza.

“No luches contra monstruos, conviértete en monstruo”. Una cita de Nietzsche que Moore introdujo en Watchmen al final de la historia del héroe enmascarado llamado Rorschach. Y un buen consejo para los escritores que quieran irrumpir en la arena de combate con su capa de metáforas y efectos especiales. El mundo no necesita héroes de la Edad de Plata con una escritura victoriana, amable y políticamente correcta. La blogósfera necesita monstruos. Y yo estoy dispuesto a convertirme en uno si con esto logro plantarle cara a Lord Fotocopiadora. Aunque, después, termine derrotado.

¡Blogueros de todos los países, uníos! ¡Mirad nuestras palabras, poderosos, y temblad! Porque hay un fantasma que recorre la blogósfera: es el fantasma de las repeticiones. Escribe, hermana mía, con todo tu ser y fuerza. Escribe sin saber cómo terminará tu historia, porque la incertidumbre es el único destino de nuestras palabras. Escribe, y todo lo demás vendrá por añadidura. Que así sea.



“...yo quiero que mi blog sea leído,
pero también quiero ser yo acá dentro.
Y para mí ser leído implica ser original.”
Micaela,


*Link: fragildreams.blogspot.com/2016/02/una-opinion-personal-y-sobre-blogs.html


P.D.: miércoles, 10 de febrero. Un artículo más conciso, pero no por ello menos riguroso, ha sido publicado en el blog Wonderwall Palace, en coincidencia con este tema. Confío en que compartirlo en este mismo espacio no enfadará a la administradora. Link: wonderwallpalace.blogspot.com.ar/2016/02/volvamos-lo-basico-leer-por-placer.html

3 comentarios:

  1. Buenísimo como siempre!
    Primero, no puedo estar más de acuerdo en todo, también quiero ser un monstruo no me interesa ser una fotocopia más y llevo años tratando de ser yo e imponer mi estilo en mí blog, sin embargo todos a veces pecamos de eso acá en la blosgosfera, es un ambiente tan competitivo, una guerra de egos incesante. A mí me aburrió mucho, así que trato de mantenerme fiel a mí misma y a mí estilo, y me mantengo al margen de todo lo demás.

    El año pasado empecé una campaña que llamé "No a la prostitución blogueril" jaja pero pocos me dieron bola, porque pocos quieren ser distintos y auténticos. Acá lo único que importa y a lo que se aspira es a atención pasajera y en lo posible cosas gratis, también pasajeras.

    Sobre la autocritica, yo creo que eso es lo que te hace autentico. Creer que sos perfecto y el mejor de todos de ninguna manera es bueno, y lo más probable es que mientras vos estás en tu nube de pedo creyéndote el rey abajo haya muuuuuuuuucha gente riéndose de vos. Conozco un par de personas así en la blogosfera, es triste.

    Por último, adoro a Mica y amé su artículo, me alegra mucho que se haya unido al frente revolucionario jaja

    Un abrazote

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  2. ¡Hola! muy buen artículo me gustó bastante y estoy completamente de acuerdo con lo que dices. Primero que nada yo soy como quien dice "nueva en esto del bloggeo" y lo pongo entre comillas porque llevo un año con el blog, pero jamás fui constante, hasta este año que yo desee iniciar con esto del bloggeo, pero como dices quiero hacer mi contenido diferente pero a fin de cuentas se llega a lo mismo y reconozco que no me llega la creatividad y me estoy convirtiendo como tu dices en una fotocopiadora.

    Intentaré meter contenido diferente y personal que a fin de cuentas para eso hice mi cuenta, me gustó mucho tu arttículo (nuevamente lo digo) me ha hecho refleccionar sobre lo que tengo y lo que haré a continuación. Saludos. Te dejo el link a mi canal por si gustas pasar, nos estamos leyendo http://mividaenprogreso.blogspot.mx/

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  3. wow...qué palabras...no sé si estoy de acuerdo con TODO lo que dices, ya que creo que tengo mucho material para reflexionar. Si coincido en que muchos blogs repiten y suben reseñas muy similares, o a veces me enojo y me niego en comentar cuando veo que un blog esta lleno de sorteos, reseñas y book tags, es que si no encuentro ALGO, una PIZCA de humanidad o sentimientos...siento que estoy acumulando informacion innecesaria...siento que solo escupen marketing. En fin...qué lindo estilo que usas, me gusta como polemizas, senti que tus palabras eran como cuchillos que tenia que descifrar donde recaerian. Una entrada interesante. Miles de saludos

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