jueves, 11 de febrero de 2016

Reseña: “Revival”, de Stephen King



A veces, en mi lugar de trabajo –una pizzería–, los clientes me preguntan si las empanadas son muy picantes. Yo contesto: “Ni muy muy, ni tan tan”. Lo mismo respondería si me preguntaran qué me pareció Revival, de Stephen King. Una narrativa que no cumplió con mis expectativas, pero que no llega a convertirse en el peor libro del Maestro del Terror. Para mí, el peor libro es Cazador de sueños, pero esa es harina de otro costal.

Ésta es la sinopsis:


Octubre de 1962. En una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra la sombra de un hombre se cierne sobre un niño que juega ensimismado con sus soldaditos. Cuando Jamie Morton levanta la vista ve una figura imponente. Se trata de Charles Jacobs, el nuevo pastor del pueblo. Pronto los dos compartirán un estrecho vínculo, basado en su fascinación por los experimentos con electricidad.

Varias décadas más tarde, Jamie ha caído en la adicción a las drogas y vive una vida nómada tocando la guitarra para diferentes bandas por bares de todo el país. Entonces vuelve a cruzarse con Jacobs —dedicado ahora al espectáculo y a crear deslumbrantes «retratos de luz»—, un encuentro que tendrá profundas consecuencias para ambos. Su vínculo se convertirá en un pacto más allá incluso del ideado por el Diablo, y Jamie descubrirá que renacer puede tener más de un significado.



Ante todo, dedicar esta reseña a Flavia, de El tintero y la pluma gótica, quien escribió una reseña* lapidaria pero justa de este libro. Si esta novela llegó a mi biblioteca, ha sido, en parte, gracias a ella.

Este no es un libro de terror. No importa que lo haya escrito Stephen King. No importa cómo lo presenten en las librerías. En Revival no hay miedo. Sólo tristeza. Una tristeza que desemboca en la desilusión del lector.

La novela se estructura en catorce capítulos, de los cuales sólo los tres primeros merecen vítores y aplausos. En estos se describe el primer encuentro entre Jacobs y Morton, y cómo se desarrolla este profundo vínculo de amistad hasta que las circunstancias terminan separándolos.

A partir del cuarto capítulo, la historia se va al garete. Descripciones intolerablemente minuciosas de pequeñas acciones que no tenían absoluta relevancia en la trama, estériles o efímeros personajes secundarios, numerosísimas referencias a la cultura popular que desorientan al lector en vez de entretenerlo, reencuentros confusos, idas y venidas, digresiones entre líneas, un ritmo narrativo lento y poco trepidante, además de un final tan previsible que no podría impresionar ni al más fóbico de los temerosos.

El desarrollo de los personajes, en complicidad con el detrimento de la historia, degenera cada vez más hacia un acartonamiento de lo más cliché. No me gusta la palabra cliché, y siempre he evitado usarla, pero la calidez humana que ofrecían tanto Jacobs como Morton se enfrío hasta la impersonalidad.

El niño que juega con soldaditos de juguete en el patio de su casa se gana automáticamente nuestra atención desde el primer momento, pero a medida que crece va tornándose cada vez más gélido, inexpresivo y distante, incluso en los momentos en los que afirma añorar a su familia de antaño. Lo único que parece preocuparle es el paso del tiempo, una inquietud expresada elegantemente en frases como “...veía unas cuantas arrugas más en las comisuras de mis labios...”. En vez de titularse Revival, podría llamarse Crónicas de la tercera edad: Jamie Morton y el loco de la Biblia. A pesar de que es consciente de que Jacobs es un personaje en cuya cercanía hay peligro, Morton sigue contactándose con él, acercándose de la misma manera en la que lo haría un mosquito hacia una lámpara matainsectos.

Respecto a Jacobs –su apellido coincide con el del autor de La pata del mono, dándonos una sutil clave de cómo se van a desarrollar las cosas–, se presenta en los primeros capítulos como un joven predicador, buen padre de familia, aficionado a los aparatos eléctricos y amigo de Morton. Algo los separa, y la próxima vez que Jamie se reencuentra con él está presentando un curioso espectáculo en una feria –una alusión a Joyland, de King, que de hecho también se menciona en el libro–. En cada reencuentro observamos no sólo como Jacobs envejece, sino también como su personalidad se torna cada vez más corrupta, cínica y arrogante. Obsesionado con sus experimentos con la electricidad –¡toc, toc! ¿Quién es? Mary Shelley–, las ambiciones de Jacobs crecen en proporción a los riesgos que tanto Morton como otros personajes corren a su alrededor.

El final es previsible. Muy previsible. Tan transparente como el sudor de un testigo falso.

Entonces, ¿qué se puede rescatar de Revival?

Si recortamos los tres primeros capítulos y los desprendemos del resto del libro, con algunas variaciones, obtendremos uno de los mejores relatos que Stephen King nos haya ofrecido en los últimos tiempos. Sin embargo, él decidió ir unos centímetros más allá de la frontera y tejió una historia que se extiende como una red eléctrica hacia diferentes dóndes y cuántos. Los resultados son cuestionables. Muy cuestionables.

Nadie puede negar, ni siquiera los lectores más devotos del Maestro del Terror, que King está metido de lleno en su etapa de madurez, en la cual el prestigioso escritor norteamericano disemina su talento en nuevas experimentaciones temáticas y narrativas. De vez en cuando los circuitos que establece entre palabras funcionan. Pero en otras ocasiones, no todas las luces están encendidas.

Leer Revival ha sido tan desilusionante como ver un cartel de león con la mitad de las letras apagadas. Pero Stephen King sigue siendo mi autor favorito. Aunque a veces olvide apagar la luz...




*Y ésta es la luminosa reseña de El tintero y la pluma gótica. ¡Disfrútenla!

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Lo que son los errores de tipeo, eh. Va otra vez jaja:
      Hola, Julián. Gracias por la dedicatoria jaja.
      Me gustó leer tus pensamientos acerca de este libro. Creo que lo que más me enojó del libro fue el potencial que le vi pero que lamentablemente quedó en la nada.
      Otra vez, muchas gracias por nombrarme en tu reseña. Un gusto leerte.
      ¡Nos leemos, saludos!

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