lunes, 28 de marzo de 2016

Reseña: “Civil War”, de Mark Millar y Steve McNiven





Aunque los avances de Captain America: Civil War han sembrado una buena tonelada de expectativas en las futuras audiencias, no es necesario ser un fanático de Marvel Comics para entender que no se puede trasladar toda la complejidad argumental de la historia original a la pantalla grande. Los motivos son muchos. La autonomía del universo cinematográfico respecto al material primigenio de las viñetas es el factor principal. El Factor X, podría decirse. También es necesario destacar la cantidad de personajes que participan activamente en el drama propuesto por Mark Millar, un guionista que supo forjarse una reputación con océanos de sangre (Kick-Ass, Wanted, The Secret Service, Nemesis). El reparto coral de Civil War se ve drásticamente reducido en la película. Además, como acabo de afirmar, el filme se ajusta a la línea de acontecimientos de su propia continuidad. Todo esto para decir que leer CW no se acerca ni por un pelo de rana calva a ver CW. Esto no es como ir a ver una adaptación de cualquier otra obra literaria o gráfica. En general, la novela nos provee cierta cantidad de información preliminar que el largometraje repondrá más tarde. Y si bien los amantes de la lectura siempre han insistido en la existencia de una línea divisoria entre el libro y la película, en este caso las divergencias son más trascendentales. El filme posiciona la dicotomía Stark/Rogers como centro de la trama, mientras que en el guión de Millar el enfrentamiento es consecuencia de la misma.

Que a las multitudes les atraiga este espectáculo de la destrucción mutua asegurada en la figura de sus dioses de papel no constituye ningún fetiche nuevo. La pelea de pesos pesados que insinúa Batman vs. Superman, por ejemplo, ya la figuró Frank Miller. Y aún así, uno quiere seguir pagando por ver esta riña de gallos. ¿Por qué?

Porque esta no es una lucha entre superhéroes. Es la confrontación de dos puntos de vista diferentes.

En el caso de Civil War, la guerra que enfrenta a Iron Man con el Capitán América enredó a casi todo el Universo Marvel. Escribo desde la inexperiencia, de modo que si recibo críticas de los acólitos seguidores de este mundo stanleeniano, están justificadas. La intención de este proyecto colosal era reestructurar el sistema de relatos superheroicos vigentes hasta entonces. Reformular, contemporizar el discurso y a todos los personajes encerrados en él. El resultado fue un mundo demasiado dividido que nos obligaba a elegir entre “buenos” y “buenos”. Lo que me lleva a inspeccionar las vísceras de un mecanismo de relojería descomunal como es este arco argumental que tuvo su resonancia tanto dentro como fuera del ámbito de la industria comiquera.

Unos superhéroes adolescentes persiguen a un grupo de supervillanos en Connecticut como parte de su propio programa de televisión. Pero algo sale mal. Muy mal. Y mueren más de seiscientas personas. Esta tragedia impulsa al gobierno a tomar una serie de medidas para regularizar la actividad de los encapuchados.

Reed Richards, Tony Stark y Henry Pym (el Hombre Hormiga) son los primeros en apoyar la iniciativa. Pero hay algunos que se rehusan a aceptarla. Entre ellos, el Capitán América. Aquí se produce una grieta –¡qué (in)oportuno término!– entre enmascarados y enmascarados. ¿Quién ganará esta pulseada política? ¿Los que están a favor del registro o los que están en contra? ¡Hagan sus apuestas! ¿A quién eligen?

Ahora, las observaciones pertinentes.


Un punto que nos puede llegar a jugar en contra a la hora de la lectura es que para comprender bien la historia con todos los detalles es necesario tener ciertos conocimientos de antemano. Antes de leer Civil War uno tiene que recorrer otros arcos argumentales para entender, por ejemplo, por qué algunos personajes importantes brillan por su ausencia. Si sos un ignorante del Universo Marvel como yo, te vas a topar con unos cuántos héroes que te van a parecer irreconocibles a simple vista. Eso no te impide disfrutar de la lectura, pero, me hubiera gustado saber un poquito más acerca de Goliath o de Dagger o de Speedball antes de meterme en este embrollo.

Un aspecto central que hay que tener en cuenta en Civil War es la relación entre Tony Stark y Peter Parker. En los noticieros locales, cuando reproducían los avances en televisión, el tipo o la mina que se encargaban de la sección de entretenimientos decían: “Y aquí viene una gran sorpresa”. ¡El Hombre Araña! Luego, aparecían los que sí se habían tomado la molestia de leer el cómic y decían: “¿Ésta es la gran sorpresa?” A mí tampoco me sorprendió en el sentido de que no enloquecí como una fanática de Los Beatles gritando: “¡Ayyy, Spiderman!”




Como decía, el vínculo Parker/Stark es muy importante en el desarrollo de la historia; también hay que echarle un ojo a los Cuatro Fantásticos, la familia Ingalls del Universo Marvel que empieza a sufrir los daños colaterales que produce la iniciativa. Fíjense bien qué posición toma cada uno de los Cuatro en el transcurso de la trama.

En este conflicto de escala nacional, las diferentes posturas ideológicas destruyen toda clase de alianzas, amistades y familias. Algo parecido nos pasa a nosotros, los argentinos, cuando nos reunimos para comer un asadito con parientes macristas, kirchneristas e izquierdistas. Millar, en este sentido, decide correr riesgos y dota a la narración de un fuerte contenido político. Con un ilustrador a la altura de las circunstancias como Steve McNiven, en vez de ahuyentar lectores los atrae como moscas a la miel. Civil War exhibe todo el espectro de posibilidades de acción: los que creen fervientemente en la iniciativa, los que se oponen a ella sin disimulos, los que dudan, los que cambian de opinión, los que quieren protestar pero no se animan, los que permanecen o quieren permanecer al margen de este virtuoso bolonqui, y los que se rajan antes de que vaya de mal en peor. Acá no es un todos contra todos porque sí; cuando elegís un bando, tenés que pensarlo bien, porque las consecuencias pueden ser irreversibles.

El guión de Millar se alimenta con la sangre de una herida que sigue fresca en el corazón de millones de norteamericanos: los atentados terroristas del 11 de septiembre. La administración Bush, la lucha contra el terrorismo y la supremacía de la seguridad por encima de las libertades individuales del hombre es un tema que se palpa por debajo de la alfombra que el autor coloca minuciosamente a los pies del lector. Cuestionar al gobierno de los Estados Unidos te convierte en un antipatriota, pero, ¿y si el que alza su voz contra el Tío Sam no es otro sino el mismísimo Capi? Si al propio Rogers no le cierra las políticas de seguridad que se le proponen, por algo debe ser. Por otra parte, lo que proponen el Acta de Registro y más tarde denominada Iniciativa de los Cincuenta Estados es regularizar y organizar la actividad de los héroes a lo largo del país: proporcionarles entrenamiento, equipamiento, legitimidad estatal y apoyo táctico. No sólo para combatir el crimen sino para salvaguardar la vida de los civiles. Porque Civil War arranca con una explosión en la ciudad de Stamford provocada por Nitro. Okey, ponele, los Vengadores salvan el mundo de una invasión extraterrestre en Nueva York, pero, ¿qué me dicen de todas esas personas que estaban atrapadas en los edificios que se derrumbaron? ¿Quién se hace cargo de los destrozos, los heridos y los muertos? ¿Hasta qué punto un enmascarado debe utilizar sus habilidades sin perjudicar a quienes se supone que debe proteger? ¿A quién tengo que reclamar si Hulk decide utilizar mi Fiat para protegerse de un rayo calórico?

Iron Man aparece en la escena y trata de dialogar con la oposición. “Che, miren, murieron decenas de pibes en Connecticut, y las madres nos están reclamando la sangre de sus hijos; lo que estamos haciendo es para que esto no vuelva a ocurrir nunca más.”

Pero el Capitán América no se banca lo de revelar las identidades secretas. Y se va de S.H.I.E.L.D., con la cabeza bien puesta en los ideales que él defiende.




Esto es, a grandes rasgos, a gigantes e indignas pinceladas, la historia que está y que estará en boca de todos por mucho tiempo. Así que perdonen la ineptitud de mis palabras si hay algo que se me escapa de las manos.

Esta entrada la escribí pensando en todos aquellos que apenas están metiendo la cabeza en los mundos de Marvel y no tienen idea de quién es Namor, Wiccan, T’Challa o She-Hulk. Yo estoy en la misma esquina que la tuya, así que no te preocupes. Acá nadie te va a decapitar por no saber nada.

Una recomendación clandestina. Si necesitás una hoja de ruta o una brújula para explorar el laberinto de las historietas, How To Arsenio Lupin es una de las mejores opciones que la red te puede proporcionar. Desde órdenes de lectura hasta recomendaciones y reseñas, las herramientas que traen los chicos de HTAL te abren las puertas a un paraíso de relatos salvajes. El suyo es un trabajo continuo y a todo pulmón que merece ser reconocido.

Dicho esto, la principal virtud de Civil War es el equilibrio entre trama política y dosis de acción. Personajes presionados hasta un impensable punto crítico, sus propios valores morales acorralados entre la espada y la pared, entre la sociedad y el gobierno. Para una mayor comprensión de los acontecimientos y su trasfondo, es menester leer otros títulos a la par de este arco argumental. Si no tienen en cuenta esto, le reprocharemos al discurso algo que no tiene: agujeros.

¿Y vos? ¿De qué lado estás?


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