miércoles, 6 de abril de 2016

De cómo Ukenia Maultresantwitz se enamoró perdidamente del Último Caballero de Hurlingham (relato de BUATales)



Allá, en la Segunda Montaña Más Alta de Capayol, vive Ukenia Maultresantwitz, la escritora de tragedias. Ella existe en la Ovidiana, una construcción que, a juzgar por sus casi infinitas habitaciones, parece o fue alguna vez una posada intergaláctica. Nadie puede no conocer que Capayol forma parte de un microcosmos contenido en la lágrima de una niña de siete años que se ha cortado la yema del pulgar izquierdo al intentar partir un pedazo de pan con un cuchillo sin filo mientras miraba televisión en alguna de las naciones de tu mundo. Los tiempos son desmesuradamente relativos: mientras que la lágrima tarde unos segundos en caer a tierra, para nosotros, entre el instante en que la glándula lagrimal de la criatura engendra el agónico líquido hasta el momento en que impacta contra el suelo, existen miles de millones de años. Lo cual explica, en cierto modo, por qué Ukenia es más vieja que la suma de las historias de todas las civilizaciones de tu realidad juntas.

Ukenia no tiene padres. Nadie que conozca la muerte puede saber de dónde vino. Un día, Mickett Llavers, el portero de las Dimensiones Todas, llegó a nuestro pequeño pueblo con la muchacha en brazos. Me preguntó cuál sería el lugar más apropiado para imaginar un mundo feliz. La respuesta fue casi automática: la Segunda Montaña Más Alta.

–¿Y la Primera? –preguntó Mickett.

–Murió –repliqué–. Las montañas mueren. Algo que a nosotros no nos sucede.

Mickett secuestró a siete personas de tres realidades distintas para construir la Ovidiana. Una de ellas, Dedalus Bridge, decidió quedarse aquí a experimentar la inmortalidad. Por desgracia, enloqueció, y lo transformamos en árbol. A veces medito bajo su sombra, cuando los cuatro soles de este mundo se ponen de acuerdo y me lo permiten. Tal vez en tu mundo los soles no hablen, pero aquí son muy parlanchines y, a veces, groseros.

Cuando Maultresantwitz cumplió los tres meses, Mickett hizo dos cosas: en primer lugar, le regaló a Zehuarnatzcol, un plantapájaro verdeazul; en segundo lugar, le reveló la verdadera razón por la cual ella existía.

Ukenia es una escritora de tragedias. Cada día, una hurracanaria golpea la sexta ventana de la Ovidiana; ella la hace entrar. El ave trae, atada a su tercera pata, un sobre que contiene información de un habitante, casi siempre varón, de una de las realidades que Mickett vigila. Ukenia lee el archivo y escribe cuatro o cinco desgracias para la persona designada. Ni siquiera ella sabe por qué lo hace: deposita tres copias de su trabajo en un sobre de celofán color miel, lo envuelve en la cuarta pata de la hurracanaria, le da de beber orina de popsibilambo como recompensa y abre la ventana para dejarla ir.

Así lo ha hecho durante 262.431 billones de años, sin alterar su rutina, sin aburrirse de su propio ser. Hasta que un día –porque ni siquiera la eternidad dura eternamente– se enamoró.

He aquí los hechos: una hurracanaria había traído la historia de un hombre cuyo nombre no puedo recordar por alguna razón. Ukenia lo llamaría, más tarde, el Último Caballero de Hurlingham. Ella abrió el sobre, leyó los archivos, vio su rostro. Escribió diez tragedias en torno a la vida de una persona que no conocía. Dos horas después, cuando la hurracanaria ya estaba fuera de su alcance, abandonó la Ovidiana en busca del pájaro intergaláctico.

Se había enamorado.

Transcurrieron semanas sin que nosotros supiéramos de su paradero. Cuando Zehuarnatzcol estuvo a punto de morir de hambre, Dedalus Bridge dejó de ser árbol, derribó a patadas las puertas de la casa de Ukenia y alimentó al plantapájaro hasta que recobró fuerzas. Mickett, preocupado, llegó a Capayol con noticias estremecedoras.

–Las Dimensiones Todas se están derrumbando. Sin una escritora de tragedias que traiga desgracias a los hombres, los seres humanos discurren su existencia en un ciclo de felicidad continua e ininterrumpida. ¡Oh, si supieran que la estructura de todas las realidades se sostiene a partir del principio de tesis y antítesis!

–¿Qué es lo que podría suceder si Ukenia no regresa? –pregunté.

–Las consecuencias dentro de los límites del microcosmos podrían ser catastróficas. Si el principio de tesis y antítesis que mantiene el funcionamiento los mecanismos de la continuidad temporal no se produce, las partículas elementales que constituyen la materialidad de nuestro universo podrían chocarse unas con otras hasta generar una explosión lo suficientemente considerable como para destruir el rostro de la niña que ha derramado la lágrima en la que este mundo está contenido.

–¿Algo de lo que acabas de decir tiene sentido alguno?

–No. La ausencia de la tragedia es el fin del sinsentido del universo. Si la vida deja de ser absurda, deja de ser vida. ¿No lo entiendes?

–No. Dedalus Bridge ha vuelto a ser árbol y Zehuarnatzcol está sano. ¿Cuál es el problema?

–Mientras Ukenia permanezca más tiempo con el hombre al que ama, el Amor se hará más fuerte. El Amor es una fuerza sobrenatural que excede todas las leyes de la física. Es la ley que destruye a todas las otras leyes. Es...

¿Qué pasaría si una fuerza imparable chocara contra un objeto inamovible? –pregunté.

Mickett Llavers no pudo responder a la paradoja.

Dos días después, Maultresantwitz regresó en silencio a la Ovidiana. El amor le destruyó el corazón por completo, a tal punto que ella tuvo que arrancárselo para no volver a sentir dolor.

–Tarde o temprano, volverá a colocárselo –afirmó Mickett, mucho más relajado que antes–. Nadie puede vivir sin corazón. Ni siquiera ella.

 Nadie puede vivir sin corazón, es cierto. Pero, ¿se puede vivir sin amor? ¿Qué fue lo que sucedió con el Último Caballero de Hurlingham que infundió en Ukenia una desilusión tan insoportable como para arrancar aquella parte de sí misma que le permitía sentir?

Aún medito en esto bajo las ramas de Dedalus.

Dentro de miles de millones de años en este mundo y dentro de unos segundos en el tuyo, la lágrima impactará contra el suelo y dejaremos de existir. Las Dimensiones Todas desaparecerán y sólo sobrevivirá la tuya; la cual, a su vez, se transformará en la lágrima de una niña que vive en una realidad superior, y tu universo y todas las realidades posibles contenidas en él desaparecerán...

Y así consecutivamente, infinitamente.

Ukenia sigue escribiendo tragedias. Mickett vigila las Dimensiones Todas. Zehuarnatzcol ha regresado a la Ovidiana. Dedalus sigue siendo un árbol. Yo me aburro en mi triste inmortalidad. Nada ha cambiado. Creo que Maultresantwitz se ha vuelto a enamorar. Lo sé porque la he visto salir de su hogar otra vez, pero acompañada del plantapájaro azul para no dejarlo morir de hambre.

Un pequeño cambio en la continuidad de los hechos. Los cuatro soles siguen brillando en el cielo de Capayol. ¿Hasta cuándo?

Ni siquiera la eternidad dura eternamente. Cuando termines de leer estas palabras, nos olvidarás para siempre y peregrinarás a lo largo de tu propia historia. Creerás que la vida es corta, que la vida tiene fin, que la vida es cambio y transformación, y arrastrarás la moraleja equivocada hasta tu próxima muerte.

Lamento decirte que Ukenia Maultresantwitz ha escrito todas y cada una de las tragedias que sufriste, que sufres y que sufrirás. Pero el Amor, fuerza imparable y objeto inamovible por excelencia, la ley que anula a todas las otras leyes, es la verdadera tragedia del ser humano.

El Amor transforma todas las cosas. Y cada cambio es una gota de dolor en el corazón del universo.



Este relato es la segunda contribución de Opiniones marginales a la iniciativa BUATales, propuesta por Blogueros Unidos de Argentina. El tema central es el cambio: alternando elementos surrealistas y fantásticos, el narrador presenta una reflexión acerca del amor, la eternidad, el tiempo, la transformación y la fragilidad de la vida misma.

 

8 comentarios:

  1. ¡Me encantó! Comento sincericidio: lo leí con voz de Dolina, me daba mucho esa onda, mientras lo imaginaba como una película de Jorodowsky jajaja, porque daba esa onda.

    PD: espero que Ukenia no me escriba nada grave.

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    1. ¡Gracias, Ramiro! Aunque no figura como uno de mis grandes favoritos, he tenido oportunidad de leer algunos textos de Dolina. Creo que parte de su obra se refleja un poquito acá, en especial respecto al amor. ^_^

      Muchas gracias por comentar. :D

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  2. Escribís muy lindo, tus ideas fueron bien locas y me quede pegada leyendo.
    Espero que Ukenia este distraída cuando le toque escribir mis próximas desgracias y si se llega a enamorar por mi mejor :P
    "El amor transforma todas las cosas. Y cada cambio es una gota de dolor en el corazón del universo" me voy con esa frase grabada.

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    1. ¡Muchas gracias! Creo que más de uno de nosotros desea que Ukenia se distraiga con nuestra vida. Ja, ja. ¡Saludos! ^^

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  3. ¡Fue muy muy entretenido! Esos nombres raros me fascinaron. Escribis muy bien. Impecable ^^

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    1. ¡Muchísimas gracias! ^_^ Me alegra que te haya gustado. :) Gracias por tu comentario.

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  4. Hola, ¿nombres más difíciles no se te ocurrieron? jajaja. Aparte de eso me encanto la historia sobre todo por eso del mundo que existe en las lágrimas me pareció muy metafórica. El mundo que creaste es muy interesante y me dan ganas de saber que paso con el caballero y quién es el nuevo amor de Ukenia

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    1. ¡Muchas gracias! Tal vez en un futuro relato de BUATales, lo siga continuando. ^^ ¡Saludos!

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