lunes, 11 de abril de 2016

Derriderilio literalítico de mediatarde



“Creo que la pregunta a todo esto es:
¿Por qué un lector se cree mejor que otro?
Simple, por el género...

Pero,
¿quién dice que un género es más válido que otro?”

Mariana Sardanelli, fragmento de un comentario de
Prejuicios fantásticos y cómo evitarlos


I

Mi iniciación en los terrenos de la literatura se gestó tempranamente desde mi infancia con las historias de aventuras que la revista Genios publicaba con regularidad; mi madre, que trabajaba como ama de casa en Liniers, me traía estas ediciones, que leía con avidez. Estas versiones resumidas de Las mil y una noches, Guillermo Tell, La cabaña del Tío Tom, El corsario rojo, La leyenda del Jinete sin Cabeza, La posada de las dos brujas, constituyeron mi iniciación en los terrenos literarios.

Borges llegó a mis manos a los catorce años, y él fue mi Primer Gran Maestro: aunque no entendía del todo sus relatos, debido a la sofisticación de su rebuscado vocabulario, me compenetraba con la soledad y la inteligencia de sus personajes. Me instruyó en la brevedad del cuento, en la concisión de las palabras, en la poesía secreta del mundo.

Unos años después llegó mi Segundo Gran Maestro, el decisivo, con el que empecé a correr la carrera de la escritura: Stephen King. Su estilo es un equilibrio de miedo ancestral, chorros de sangre y verosimilitud sorprendente. Me enseñó que los monstruos no están encerrados en criptas o mansiones abandonadas: a veces caminan entre nosotros, a veces nos esperan en un lugar tan común como puede ser una parada del colectivo. Y a veces, nosotros somos esos monstruos.

Dos autores completamente diferentes que definieron mi estilo literario. Uno argentino y el otro norteamericano. El intelectual y el hombre común. El pensador solitario y el padre de familia. El bibliotecario ciego y el drogadicto rehabilitado. Borges, políticamente conservador; King, moralmente transgresor. Borges, caballero de las altas sociedades; King, un novelista que vivía en un remolque y no tenía línea telefónica en el momento en que Carrie se transformó en un éxito de ventas. Borges reprobó, en su momento, la obra de Arlt, otro escritor argentino que, como King, se abrió paso en el mundo editorial desde abajo; King, por otra parte, en Mientras escribo, insta a los de abajo a meterse en la oficina de las editoriales.

¿Por qué escribo esto? ¿Por qué la cita robada de Mariana al principio de este artículo?

Para demostrar, simplemente, que la superioridad o inferioridad de géneros literarios no existe. Cada quién elige los libros que quiere guardar en el corazón. No hay una literatura superior o inferior a otra literatura. Los criterios y los juicios de valor siempre serán subjetivos. Incluso los míos. Los míos, los tuyos y los nuestros.


II

Este razonamiento pone en jaque dos cuestiones trascendentales en la blogósfera: en primer lugar, que la mayoría de los blogs literarios realizan reseñas, y la reseña es un discurso que institucionaliza, consciente o inconscientemente, lo que hay que leer y lo que no hay que leer. Si yo digo Crepúsculo es un asco”, estoy diciendo: “No lo leas”. Yo quiero refutar esta idea, y lo haré más tarde.

En segundo lugar, y en términos más generales, en este proceso de jerarquización de lo que se lee y lo que no se lee, se produce una pugna entre diferentes géneros literarios. Una guerra que se transforma en un juicio. Lo que atraviesa la literatura juvenil el día de hoy. Un género que en un principio fue víctima de definiciones imprecisas y que es, por otra parte, defendido y reivindicado por numerosos bloggers y booktubers desde un medio que, paradójicamente, algunos siguen contemplando con cierto recelo. Es como si alguien, desde las sombras, nos susurrara: “¿Chicos opinando sobre literatura? ¿En un blog? ¿Cómo se atreven?”

¡Como si la literatura le perteneciera solamente a los intelectuales! Un hombre llamado Lukács dijo: “La literatura es humana.” Ella debe estar al alcance de todos los hombres, independientemente de la existencia de una mayoría o una minoría que no lee por causas extraliterarias. En este sentido, expropiar a los bloggers del campo de juego, segregar sus voces líquidas, colocar los peones a un costado del tablero de ajedrez, es sacrificar una parte de la literatura. ¿Existirían las letras sin lectores que las interpreten? En esta operación de libre interpretación, ellos son, más que peones, caballos. Piezas que saltean algunos casilleros establecidos por la tradición y que aterrizan en el centro del campo de batalla. “¡Ellos no han leído Shakespeare ni Hernández ni Kafka!” “¡No conocen los clásicos de la literatura universal ni los fundamentos de este mundo!” “¡Ellos han denostado a Flaubert y han rechazado a Stendhal!' '¡Han huido de Tolstoi, de Pushkin, de Gogol y de Dostoievski!”

A lo que yo respondo:

Ilustres sabios de la Tierra, iluminadme,
si tanto reniegan de lo presente,
¿por qué no me han enseñado a leer el pasado?


III

En cierta ocasión tuve oportunidad de oficiar como profesor particular para una estudiante de secundaria que tenía que rendir literatura. Me vi en la obligación de explicar El Quijote. Advertí que la empresa, que debía llegar a su fin en un par de días, era casi imposible. Recurrí a la infalibilidad del lenguaje coloquial:

–El protagonista es un viejo que de tanto leer libros de caballerías se volvió loco, tomó unas cacerolas, se hizo una armadura y le prometió a Sancho Panza unas islas para que lo siguiera.

Sorprendentemente, la chica aprobó.


IV

El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha es una obra clásica de la literatura universal. El problema es que a nosotros, los jóvenes, tienen que suministrarnos herramientas para poder comprender el contexto que rodea el relato de Cervantes. La lectura de clásicos exige, por lo general, una operación adicional: la de reponer todo lo que hay alrededor de la obra. Esto no sucede con todos los clásicos: El Principito no requiere la lectura de ningún texto académico preliminar para disfrutarlo.

Si un lector agarra un libro de Cortázar y lo abandona por la mitad diciendo: “No lo entiendo”, y luego toma un libro de Paulo Coelho, no merece ser juzgado. Un boxeador, cuando comprende que su adversario es inconmovible, retrocede unos pasos para arriesgar otro puñetazo desde un ángulo diferente. Un ejército, ante una muralla hermética e indestructible, rodea el fuerte para buscar una grieta en la cual meterse.

La literatura es un laberinto de mil entradas. Si no podés entrar por una, entrás por otra. Además, la literatura tiene todas las puertas abiertas. Si no entrás, es porque no querés. Y si le hacés caso a alguien que dice: “Los que entran por esa puerta son unos tontos”, le estarás haciendo caso a alguien más ignorante que vos.


V

Cada libro es un acceso al sistema literario. ¿Cómo es la literatura? No me interesa fijarla en una estructura. Un hombre ciego se enamora de una mujer no por el cuerpo que no puede ver, sino por lo que en realidad es. De la misma manera nosotros, cegados por el placer de leer, no necesitamos descuartizar el cuerpo de la literatura en géneros y clasificaciones, sino disfrutarla tal como se nos presenta.


VI

Hace unos momentos dijimos que un blog de reseñas literarias instituye acerca de lo que hay que leer y lo que no. Es decir, cada uno de nosotros, desde la comodidad del escritorio, juzgamos las obras que pasan por nuestras manos. Somos jueces, decimos qué es lo que nos pareció bien y qué es lo que nos pareció mal en una novela.

Yo presenté esta hipótesis desagradable y yo mismo la voy a refutar.

Justamente, lo que evitan los blogs es instituir. No somos la Real Academia Española. No somos la Inquisición. No somos la Liga de la Decencia. No somos el jurado de Bailando por un Sueño que evalúa a Edward Cullen y Bella Swann en el último certamen. Somos lectores. Lo que hacemos es compartir nuestra vivencia con los libros que hemos leído. El blog es un reflejo de la experiencia literaria del lector en los tiempos postmodernos.

No somos los jueces de toda la Tierra.

Nuestras intenciones son estéticas, artísticas, amistosas y pacíficas...

...¿verdad?


VII

El blog es un espacio de comunicación y de intercambio. Pero también, es la arena de combate de un género ensangrentado que se está recuperando de sus malas heridas. El género juvenil. Ahora, la literatura juvenil asoma en cada librería de Buenos Aires. Disfrutémosla sin culpa. ¿No te gusta? Bueno, podés leer otra cosa. A mí tampoco me llama la atención este género en particular. Entonces, ¿por qué lo defendés tanto?

Tal como escribió Evelyn Beatrice Hall (y no Voltaire): “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.” Yo lo parafraseo con impunidad: “No siempre me gusta lo que lees, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a leerlo.” He manoseado algunas vacas sagradas, como la saga de Harry Potter o Las ventajas de ser invisible o la argentinísima Rafaela. Pero no persigo a sus lectores. Anoto mis observaciones al margen, las reviso, y si coinciden con lo que yo leo en el material primigenio en el que he basado mis frágiles pseudo-investigaciones, lo publico.

Hay muchos a los que no les gusta Borges y no los crucifico. Hay muchos que saben que Harry Potter ni me fascinó hasta el paroxismo ni me disgustó, y aún no me han dado un tiro por la espalda.

Hoy en día, contemplo un altísimo grado de tolerancia en la blogósfera. Al menos, en los blogs que frecuento. Aún los bloggers que cometen sincericidio. “Sí, odié Divergente, ¿y qué?” Si hay algo mucho más saludable y menos sangriento que una corrida de toros, es leer un blog donde el autor despotrica contra las estructuras dadas. Porque, en todo caso, se meten con el libro.


VIII

Recapitulando: ¿qué tiene que ver que yo haya leído Borges y King, con la polémica de la literatura juvenil, con los blogs, con mi experiencia como profesor particular, con Bailando por un Sueño, con la frase falsamente atribuida a Voltaire, con la cita de Mariana que puse al principio? Es una forma, muy educada, muy rimbombante, muy esquizofrénica, muy cuestionable, de proponer un debate, de armar una discusión, de presentar un estilo genuino, de asegurarme que Opiniones marginales siga siendo Opiniones marginales. Esta es mi manera de vivir la literatura. La literatura como un todo indivisible de otros discursos, como un bricolaje, como un caleidoscopio, como un placentero delirio infinito, como un “coso” que se articula con la existencia terrenal y la vida humana.


IX

Aquí es donde debería escribir una especie de conclusión parafilosófica acerca de todos los temas que se han propuesto a lo largo de este artículo. Pero escribir una conclusión significa mantener una posición firme respecto a un tema y poner fin a la discusión. Y, realmente, no creo que las cosas se agoten en un punto final. De modo que me limito a citar la última frase del Doctor Manhattan en Watchmen: “Nada termina nunca.”

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