sábado, 9 de abril de 2016

'Fugate conmigo': la literatura como escape de la realidad



Al principio, como todo amante de las letras, consideraba la literatura como un escape de la realidad. Una serie de circunstancias –entre ellas, el puñetazo de hielo que significó para mí Teoría Literaria en la UBA y una discusión con una muchacha acerca de Harry Potter en la cual salí muy mal parado– transformó mis pensamientos. Escribo esto a conciencia de que hay muchos lectores del otro lado del río que se erigirán como tibios o fervorosos defensores del término “escape”. Yo mismo fui abogado y pregonero de esta forma de experimentar la literatura; luego, me vi obligado a revisar cada sílaba, cada connotación de la palabra “escape”. Cuando definimos la literatura en estos términos, es como si uno se refiriera a una especie de campo de fuerza artificial que nos protege o nos aísla o nos veda del contacto con la realidad.

Yo pienso que la literatura nos aísla y no nos aísla. ¿En qué sentido? ¿Cómo puede ser esto posible? Como la teoría de Schrödinger: el gato dentro de la caja está vivo y está muerto. Las dos cosas al mismo tiempo. Una paradoja llena de lógica. Ahorrándome metafóricos desvaríos, si es que acaso mi rimbombante e indómito estilo puede prescindir de sus triquiñuelas poéticas, procedo a presentar y defender mi posición.

A mí no me gusta contemplar la literatura como un “escape” de la realidad, pero, en complicidad con el espíritu científico y razonador que caracteriza al tahúr profesional, doy un salto hacia atrás en la rayuela y me pregunto: ¿Cuál es la línea divisoria entre realidad y ficción? ¿Por qué el lector prefiere la ficción antes que la realidad? ¿Por qué quiere escapar de la realidad?

Incorporado este enigma a la ecuación, la incógnita peregrina sobre ruedas hacia el precipicio.

El verdadero problema de cualquier habitante de esta tierra es la realidad en sí misma. A algunos padres les preocupa que sus hijos lean tanto; en cambio, yo miro la realidad alrededor del lector. Una realidad hecha de muchas realidades. Una realidad que muchas veces se nos presenta o se nos representa, desde la experiencia del adolescente en la sociedad postmoderna, como violenta, sangrienta, corrupta, maliciosa, obscena, grotesca, injusta y dolorosa. Una realidad problemática, espinosa, hiriente. No digo necesariamente que los lectores en general tengan problemas para socializar con el entorno, pero nosotros, los jóvenes, atravesamos los albores de un tiempo donde la comunicación y el contacto con el otro han sufrido una severa metamorfosis.

No me refiero a las redes sociales, no me refiero a los teléfonos celulares. No. Yo tomo la aguja de la razón, penetro la piel del paradigma hasta llegar al hueso incorruptible.

Y el telescopio gira hacia la humanidad misma. Hacia los seres humanos que habitan en nuestra realidad. Familia, amigos, compañeros, conocidos. Mundo. ¿Cuál es nuestra forma de comunicarnos con el mundo que nos rodea?

No tengo más alternativa que citar a Aylén S. Fuentes –y, con tu perdón, distorsionarlas un poquito– cuando asevera:



“Según algunos profesores,
estudiar esta carrera
[Ciencias de la Comunicación, ¿no, Aylu?]
es tener que enfrentarse
a la peor era
de la comunicación
de la historia en la que estamos viviendo:

periodistas berretas,
programas basuras de televisión
y medios masivos manipuladores.”

de El mundo de Aylu



Me tomo la licencia de apoderarme de la noción de comunicación de la autora y extradilatarla, expandirla, hacia el resto de las esferas de la actividad humana, porque en sociedad no hay nada que hagamos que no esté en contacto con un otro con el cual necesariamente nos comunicamos. En una sociedad donde la comunicación está interrumpida o corrompida por la violencia en casi todos sus niveles, desde el ámbito familiar hasta la televisión, desde el colegio hasta los espacios de trabajo, ¿cómo comunicarse? ¿Cómo entrar en contacto con el otro de una forma productiva, saludable y estética?

Y acá surge la literatura, como un salvavidas, en el océano de la perdición. La literatura como una reivindicación de las palabras al margen de la absurda irracionalidad de la existencia. La literatura como filtro, incluso, de una realidad contaminada de sobreestímulos y fugacidades. La literatura como redención del lenguaje. La literatura como un estandarte que parece decir: ‘Las palabras no sólo son para lastimarte, también sirven para construir mundos fantásticos y acercarme a tu dolor.’

Ahí sí subrayo escape en el pizarrón. Porque, ¿quién no quiere huir de esa nada que nos come por dentro cuando hay problemas en casa o te cargan en el colegio o instalan tu equilibro mental en la balanza del prejuicio?

En este país loco, frenético, acelerado, donde la ley se rompe tantas veces y el impío exhibe sin pudor su orgullo en vez de arrepentirse, el mundo se regodea tanto hasta hincharse de muerte que nos empuja, nos corre, cada día un poquito más al costado, hasta hacernos sentir arrinconados, indefensos, e incluso hartos de nosotros mismos.

Necesitamos “desconectarnos” para volver a conectarnos con nosotros mismos. Con lo que fuimos, somos y seremos. Y también con lo que no somos, ni hemos sido, ni seremos jamás. Conectarnos con un todo.

Lo que el mundo no puede recomponer, lo hace el arte. La literatura restituye la belleza de las palabras. La literatura instituye, instaura, sugiere un orden. Porque el mundo es caos, y el hombre, como fiera, se yergue en este caos como dueño de todo cuando en realidad no lo es. Los hombres no son dueños de las palabras, porque las palabras le pertenecen a todos. Aunque un libro esté atado al nombre de su autor en el ámbito jurídico, cuando la historia está puesta en circulación y toca los ojos, las mentes y los corazones de millones de lectores, entonces, el relato deja de ser una pertenencia o una propiedad para latir en el jardín de la historia, la cultura y la sociedad.

La imperiosa, eterna necesidad de narrar historias que presten un sentido a la vida. El acto de relatar algo, de comunicar, de entrar en contacto con el otro a través de las palabras, de transportar saberes, de trasmitir emociones, de contagiar pensamientos.

Leer no es un acto pasivo, inerte. Leer es una actividad que exige a sus partícipes concentración, abstracción, imaginación, compromiso. En esta continuidad de procesos simultáneos, se produce una unión inesperada, una complicidad silenciosa, un pacto secreto y público entre escritor y lector.

Como Ariadna y Teseo, ambos escapan del laberinto de la realidad en la que se han metido contra su voluntad, alejándose del Minotauro muerto. La literatura es ese hilo que conecta al héroe con lo que está más-allá-de-la-casa-de-Asterión. ¿Hacia otra realidad? ¡Hacia la libertad!

La literatura no es “escape” con todas las letras. No es una fuga de la realidad en el sentido estricto de la palabra. Básicamente, porque cuando cerramos el libro, la vida, nuestra vida, sigue allí, y nada ha cambiado de lugar. ¡Ah, pero dentro de nosotros corren las ideas! Allí, dentro de tu pecho, en lo profundo de tu cabeza, es ése el lugar al que quiero llegar como escritor.

Fuiste, sos y serás libre todas las veces que quieras. Porque leés, porque podés hacerlo y elegiste hacerlo. El género literario que leas poco importa en relación al hecho de que un lector se define verdaderamente por la actitud que mantiene ante la palabra.

Pero esta polémica no es reductible a un par de párrafos. La controversia es inagotable. Si la literatura es indefinible, puede admitir un millón de definiciones.

Dentro de mi vocabulario no figura la palabra “escape”. No me simpatiza del todo este trisílabo grave. Vinculo, no obstante, la literatura a otro sustantivo: “Retorno”. Para mí, la literatura es un largo paseo que (no) termina cuando cerramos el libro. Al volver a casa, no estamos solos. Regresamos con algo más. ¿Magia? ¿Saber? ¿Comprensión? ¿Tristeza? ¿Placer? ¿Satisfacción? ¿Felicidad?

No sé. Nadie lo sabe ni lo sabrá jamás. No hay palabras para definir eso que sólo pueden sentir los lectores. El libro nos deja una huella, una marca, un signo. Nos deja “algo”.

Este “algo” nos ayuda a vivir nuestra propia realidad. A contemplarla con menos recelo, a compadecerla, a acariciarla, a caminar junto a ella, a escrutar su infinita y terrible belleza, su sorprendente y aterradora simetría. A mirar el mundo con ojos llenos de sueño. He vuelto. Pero no con las manos vacías. Y te tocás la frente para señalar todo lo que arrancaste de los párrafos leídos.

Alguna vez, yo, como todos, quise escapar de mis fantasmas; las letras, en cambio, me los mostraban, envueltos en sus ígneas pompas y metáforas agudas. A través del papel contemplé el oscuro rostro de la humanidad y de todos los habitantes que la constituían. En los versos de amor vi el roto corazón de los jóvenes; en los cuentos de terror, a los hombres que temen morir, no uno, sino todos los días de su vida. En las novelas juveniles, la angustia y la incertidumbre de los hijos de este siglo, deshechos en amores no correspondidos y caprichos del destino. Comprobé que la literatura no sanaba ninguna herida: al contrario, me las señalaba para no negar la existencia de un dolor que puede estremecer el alma de los niños y los guerreros.

En este sentido, la literatura no me aisló de nada. En cambio, me proporcionó las herramientas necesarias para expresar lo que había en mí. Pero el que decide en todo momento usar tal o cual recurso soy yo. La literatura es un campo de acción que me permite dominar algo que en el hombre es irrefrenable por naturaleza o por estupidez: la lengua. Puedo dirigir mis palabras hacia un blanco determinado y disparar contra el obstáculo inmóvil. Romper las barreras de la incomunicación y transmitir una idea en unidades de significado. Construir un mensaje y que llegue del otro lado del mundo a salvo.

No somos fugitivos del tiempo; los lectores sólo buscan escapar, como Houdini, del chaleco de fuerza para luego volvernos a meter en él y repetir la magia. Una y otra vez.

Tengo un millón de razones para escribir, ninguna más cierta que otra. Pero puedo decirles una: escribo porque, al hacerlo, soy feliz. Y sospecho que a vos, cuando leés, te embarga una felicidad muy parecida a la mía. La gaya ciencia de leer y escribir.

12 comentarios:

  1. yo soy estudiante de comu, recién arranco la carrera, es cierto que es medio berreta la comunicación, pero es porque hay exceso de información y la información "importante" se nivela con la "poco importante" y eso es un bajon, saludos!

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    1. Sí, la comunicación es todo un desafío en la actualidad. Gracias por comentar. ¡Saludos!

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  2. Wow, nombraste a Ayluuuu....qué genial blog, lo amo. Y me gusto la idea de leer como un retorno. Sigo reflexionando ...tu blog me va a dejar miles de cuestiones dando vuelta. Le diste un golpe filosófico a mi cabeza ajaja. Y devuelta gracias por la reseña de mi blog. Miles de abrazos

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    1. ¡Gracias, Shasmine, por tu comentario! De vez en cuando incorporo citas de otros bloggers a las reflexiones que escribo. En este caso, 'El mundo de Aylu', además de ser uno de mis favoritos, me encanta porque es muy reflexivo y hace énfasis en la comunicación, la sociedad y el ser humano. Muchas gracias por tus palabras. :D Miles de abrazos para vos también.

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  3. Ay no pará, siempre me terminás sorprendiendo JAJAJA. Cada vez que entro a tu blog a leerte, me encuentro en el medio de tus entradas. Gracias por citarme, no sé, me hacés sentir importante (?) jaja.
    No sé si me va a salir escribir todo lo que se me cruzó por la cabeza al momento de leer este post, pero quiero decir que, como siempre, disfruté mucho haciéndolo.
    Cuando era chiquita, la literatura era mi entretenimiento y hoy en día es mi inspiración. Relacionarme con ella me hace sentir un poquito más llena y de repente me dan ganas de andar feliz por la vida. Es así.
    Fijate vos, que de una simple frase famosa, sacaste tremenda entrada refutándola... como para no admirar a los estudiantes de letras jaja. Ojo eh, tengo una profesora (licenciada de ciencias de la comunicación) que los criticó y dijo que ustedes "no saben escribir" porque conocen casi a la perfección nuestra lengua y todas sus leyes (porque el que realmente sabe escribir es el que sabe expresar, no el que sabe todo acerca de cómo escribir). Pero después en taller de EXPRESIÓN tenemos profesores licenciados en letras que nos ayudan a perfeccionar nuestra escritura jaja es re irónico.
    Vos sabés que cuando comenzaste a nombrar a la comunicación y a los seres humanos en sí, sentí que estaba leyendo mis pensamientos. Esta parte: "En una sociedad donde la comunicación está interrumpida o corrompida por la violencia en casi todos sus niveles, desde el ámbito familiar hasta la televisión, desde el colegio hasta los espacios de trabajo, ¿cómo comunicarse? ¿Cómo entrar en contacto con el otro de una forma productiva, saludable y estética?" me encantó. Me dejaste pensando y con muchas ganas de ponerme a escribir más sobre la sociedad y la comunicación. Es más, creo que debería de escribir más sobre la comunicación y de qué manera hacerla mejor en esta posmodernidad tan excesivamente informativa en la que estamos atravesando.
    Y me pongo a pensar y digo, qué bronca, por qué estoy estudiando esto... es tan horrible la realidad de la comunicación de hoy y de la "comunicación de masas", te juro que a veces me dan ganas de tirar al piso todos los apuntes. Pero después lo pienso y no, algo me dice que todo podría estar mejor. No sé.

    Qué lindos estos posts que siempre nos traés.

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    1. ¡Hola, Aylu! Me encantó leer tu comentario. ¡Además tus textos son tan referenciables! Podrías escribir toda una enciclopedia acerca de la comunicación y la postmodernidad si te lo proponés. :D

      A tu profesora le doy "una razón y media", en el curioso camino de las Letras te encontrás con verdaderos genios y con antigenios, con profanadores de la lengua y con amantes de las palabras. Así que, es un 50/50.

      Gracias por tus palabras. Me encanta lo que escribís y cómo comentás. :) ¡Saludos!

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  4. La verdad que resulta un tema muy interesante. No estudio nada relacionado con la literatura (de hecho estudio ingenieria, una carrera alejada de la literatura, y muy abstracta). Pero la verdad me parece sorprendente y agradable leer todo este "análisis literario". Saludos.

    http://obsesionliterariareal.blogspot.com.ar/

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    1. ¡Muchas gracias por tu comentario! ^_^ Ingeniería es una carrera muy interesante, y no creo que ninguna ciencia esté 'alejada' de la literatura. Hay muchos médicos, científicos e ingenieros que han escrito o se han interesado por la ficción y lo literario. Sin ir más lejos, Ernesto Sábato, que fue físico y escritor argentino. ¡Gracias por compartir tus palabras! ¡Saludos! :D

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  5. Voy a responder con una historia. Propia.
    Mi mamá estaba enferma. Tenía un problema de salud, y el médico me había dado un diagnóstico presuntivo que era funesto. Me pasaba las tardes sentada al lado de su cama, mientras ella dormía y se negaba a comer. Lloraba en silencio mientras miraba por la ventana (una costumbre que adquirí de esa época). Estaba leyendo Insurgente. Me acuerdo que una tarde me senté en mi pieza y estaba leyendo. Era feliz dentro del libro. Mi vida se desmoronaba y yo era feliz. Tenía esa emoción que nos da leer, esa que nos nace del pecho, esa ansiedad... Y era consciente de eso. Muy... Lo recuerdo porque cada tanto bajaba el libro y lo cerraba, con culpa. Mi mamá probablemente se estaba muriendo a metros míos y yo feliz con un libro.
    Ahí descubrí que los libros eran algo especial para mi. No sé si la palabra es escape. De seguro no es retorno. Era como un salvavidas que me mantenía a flote. Que me mantenía en mi sitio, que me permitía alejarme un rato del desmoronamiento que sucedía a mi alrededor.
    No sé si responde a la cuestión. Yo siento que sí, pero también siento que me falto explicarme un poco.
    Besos!

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    1. Me ha encantado leer tu comentario, cada uno como lector tiene su propia experiencia personal y felicito que hayas compartido la tuya en este espacio. Tu historia con los libros es la mejor respuesta que has dado como lectora. ¡Muchas gracias por comentar! Saludos. :D

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  6. ¡Hola! Me encanta que escribas reflexiones como esta, y me encanta leerlas.
    Yo también muchas veces dije que me gustaba leer por ser un escape de la realidad, pero a ahora que leí tu opinion coincido mas de una ves, y sigo pensando si es o no el termino correcto.
    Creo que Retorno le que queda muchísimo mejor.
    Cada uno leo, o llego a la literatura, por diferentes motivos y en busca de diferentes cosas, pero todos compartimos al menos uno de esos dos.
    Un beso,Mica.

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    1. Muchas gracias por tu comentario, Mica. Muy interesante tu opinión. Me alegra que te haya movido a la reflexión. ¡Saludos! ^_^

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