martes, 28 de junio de 2016

El paraguas azul



El otro día, un hombre me hizo un chiste medio subido de tono por un paragüitas azul que llevaba en mi bolso antes de salir del trabajo. Le hizo el comentario a mi padre y los dos, padre e hijo, no teníamos más opción que reírnos y decir sí, sí. Sobre todo, porque el tipo, cuando lo joroban, y depende de quién, es inaguantable. Además, ni mi viejo ni yo compartimos el humor escatológico, los chistes verdes, los comentarios subidos de tono. Pero, por supuesto, a mí me enseñaron que siempre debía respetar a los mayores, no importa si el tipo te dice el gorro que llevás es de puto, pero como vos tenés dos décadas menos que él, te mordés la rabia, te masticás las ganas de preguntarle qué tiene que ver mi sexualidad con el color del paraguas, y entendés que en realidad el mundo es así, y este pensamiento me infunde una pena tremenda, tanto así que decido no responderle y seguir mi camino, chau, chicos, nos vemos mañana, vamos, pa, y salir a la lluvia sin ganas de abrir el paraguas.

Pero pienso, che, voy a escribir esto, porque los que leen, o sea ustedes, lectoras y lectores, sí son personas que tienen otra perspectiva de las cosas, no como este tipo, que me pone una mano en el hombro mirando el mango de plástico de mi paraguas azul para preguntarme si eso era mío y esperar a que yo le responda que sí, porque es obvio que sí, es mío, se lo compré a un vendedor en la plaza de Flores, en plena lluvia, a las apuradas, porque llegaba tarde al laburo y no quería mojarme los hombros, era un paraguas barato, azul, más bien celeste, y mirando lo poco que había en mi billetera ese día me dije que era mejor poco que nada, y lo compré, y nunca más volví a ver al vendedor, aunque, quién sabe, tal vez él me haya visto mil y un veces caminar delante de él y yo sin saberlo, con el paraguas colgando de mi cintura, porque no es plegable y es allí donde lo cuelgo, en el borde del bolsillo del pantalón, y sí, ha sido una mala compra, mala decisión, qué se le va a hacer.

Pero no me arrepiento de haber comprado el gorro, un lindo gorro negro con estrellas blancas que compré en Puán a una mujer que vendía gorros, guantes y bufandas en un invierno muy oscuro, hace un año, y me gustó, y se lo compré, y no me arrepiento de haberlo hecho, aunque el mismo tipo que me hizo el chiste del paraguas azul me dijo que me veía como un puto y río y mostró sus dientes amarillentos y vi su rostro arrugado y reí y me fui, me gusta mi gorro negro y nadie me prohíbe usarlo.

Entonces pienso que la sociedad está llena de tipos como éstos, que piensan que un paraguas azul y un gorro negro con estrellas blancas te hace puto, y por lo tanto, dentro de la lógica de los prejuicios institucionalizados, un ser inferior, cosa que no comparto porque pienso que ante la ley y la naturaleza y la muerte todos somos iguales, y hacen chistes de tu sexualidad como quien ríe al ver un pájaro con alas rotas intentando volar, y sentís que no podés vestirte como quieras o caminar como quieras o hablar como quieras, ni siquiera usar un paraguas azul o un gorro negro, ya que dan por sentado que sos puto, rarito, maricón, y te dispensan unas cuántas cargadas gratuitas, y a mí ese doble sentido no me va, no me lo banco, no porque me ofendan que me digan puto cuando no lo soy, sino porque piensan que tu forma de ser es ridícula cuando no te ajustás al comportamiento prototípico de lo que ellos creen que es un hombre, pero bueno, sin importar cuánto hable, esas personas no cambian más, así que, como dijo Jesús, no hay que echar las perlas a los cerdos, mejor escribir, que te lean quienes puedan y quieran leerte, que ellos, los lectores, vean al monstruo detrás de la figura del “macho argentino” para que corran ante él, que huyan, que escapen, que salgan de ese modelo, que sean humanos, que luchen por un mundo donde todos podamos usar paraguas azules y gorros negros con estrellas blancas sin que nos hagan bromitas subidas de tono, porque caen mal, muy mal, y si no te lo digo es porque me parece que sos lo suficientemente grande para entender que a mí no me gustan esa clase de bromas, y eso se me nota en la cara, se nota en el temblor de mis labios, en los ojos que sobresalen de las cuencas oculares, en mi sobresalto, en el movimiento mecánico de una cabeza que se inclina y en los labios que ríen para no iniciar una discusión que podría terminar mal, pero a lo mejor soy yo quien tenga que tener cierta conmiseración de vos, porque sos ciego a eso, ciego a los cambios y transformaciones sociales, ciego al progreso, ciego a la sensibilidad humana que vos tomás por homosexualidad, al respeto que vos confundís con rareza e introversión, porque a mí no me hace falta ni tengo la necesidad de decirle a otro chico que se ve como puto por llevar un gorro negro o un paraguas azul para reírme de algo.

Chau, Don Macho Argento, me llevo mi paraguas azul y mi gorro negro, me llevo la educación que me inculcaron mis padres y la poesía que heredé de los libros, porque la diferencia entre tu chiste y mi respeto es que el respeto se lo puedo dar a todo el mundo, incluso a los que no me respetan, en cambio, tu chiste en mi boca no se puede compartir, es intransferible.

Y en honor a la sangre que corre por mis venas, que es la de mi madre, que te respeto y te sigo respetando; lo que no defiendo es que pienses que ser puto sea un motivo de burla y que pienses que tus bromas son graciosas y que pienses que tenés derecho a decir cualquier cosa a otros sólo por el color de los objetos que poseen. Eso no lo comparto en absoluto. Me gustaría que pienses, me gustaría que reflexiones, pero no te lo pido porque es inútil, te parecés demasiado a los otros, estás lleno de hábitos peligrosos y lugares comunes y prejuicios y estereotipos y preconceptos, y eso nadie te lo puede quitar, lo sé, y me da pena, mucha pena, que en vez de reírme no pueda decirte lo que pienso, el mundo es así, y vos sos parte de ese mundo, bueno, me voy, hasta mañana, vamos, pa, y salgo a la lluvia con el paraguas cerrado.

2 comentarios:

  1. "Pocos seres son capaces de expresar con calma una opinión distinta a los prejuicios de su entorno." Katherine Pancol.

    Pues yo digo que siempre uses ese paraguas azul (mi color favorito) y hagas oídos sordos a comentarios de ese tipo. Hay que tener pena e ignorar comentarios de personas encerradas en un mundo tan estrecho de miras, que además es cruel y frío.
    Animo :)

    ¡Saludos!

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    1. ¡Muchas gracias! Tus palabras y la cita de Pancol me levantaron el ánimo. ^^ ¡Saludos!

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