sábado, 11 de junio de 2016

Maldición eterna al que no le guste Borges y otros comportamientos prototípicos del establishment literario



«El bullying intelectual no solo va a tratar de destruir tu autoestima,
como el bullying “corriente”, sino que también apunta a tu intelecto. Necesitan hacer sentir a los demás gusanos ignorantes
para poder sentirse inteligentes, para demostrarle al mundo
lo intelectuales que son.

Porque otra manera no tienen.»


Meli Corbetto, autora del blog Lee.Sueña.Vuela.
Cita extraída de Debate: Bullying intelectual




¡Se armó la batarola! ¿Desde cuándo las redes sociales están llenas de fundamentalistas literarios? Desde el sentido común, uno puede responder que desde que el mundo es mundo. En cada esfera de la vida humana ha habido reaccionarios y revolucionarios. La literatura no es una excepción. Desde la Modernidad hasta Harold Bloom, ha existido y existe un establishment literario que quiere decirnos qué leer y por qué. Esta oligarquía cultural, que se ha trasladado desde el escritorio de los doctos hasta las pantallas de computadora, pretende hacernos creer que los autores de canon –entre los cuales cito pretenciosamente a Jorge Luis Borges, cuentista argentino al que siempre se lo representa como modelo de la literatura nacional– presentan un mayor valor estético que los escritores de otros géneros. La otredad, los habitantes de la periferia literaria, los moradores de la sombra, no son sino los autores de novelas juveniles, quienes en la actualidad padecen un descrédito muy similar al que han sufrido los escritores de fantasía y ciencia ficción a lo largo del siglo XX.

La repulsión del sector intelectualoide por el auge y la solidificación del género juvenil data de tiempos inmemoriales. Sospecho, no obstante, que el que quiera improvisar una historiografía de la literatura juvenil no podrá omitir dos acontecimientos inevitables en el mercado literario occidental: la publicación de Harry Potter y la piedra filosofal en 1997 y la publicación de Los juegos del hambre en 2008. El Libro Antes del Fin del Mundo y el Libro Después del Fin del Mundo. Dos novelas cuyas características, estructura narrativa, estética personal, recursos literarios y niveles de representación constituyen el arquetipo de novela juvenil postmoderna. Podríamos mencionar también Crepúsculo, de Stephenie Meyer, publicado en el 2005. Pocos, casi ningún lector joven, pueden pensar la literatura contemporánea sin Harry Potter, Edward Cullen o Katniss Everdeen. Aunque algunos críticos literarios piensen que son los Jinetes del Apocalipsis de las librerías de hoy. Ellos –El Mago, la Cazadora, el Monstruo– le han dado forma a este nuevo mundo.

En el principio, yo fui un tibio detractor. Luego, mi propia posición respecto a estos personajes fue graduando hacia una tolerancia amable. Leí Crepúsculo, y lo disfruté. La narración de Meyer no es una lectura que pretende ser más de lo que es. No hay vueltas que darle: es una historia. La historia tiene valor en sí, no porque quien la escribió haya sido ganador del Premio Nobel, sino porque las palabras que constituyen el relato recorren ciertos aspectos de nuestra condición humana que en la insoportable cotidianeidad del ser pasan desapercibidos.

Jamás se me hubiera ocurrido narrar el romance entre una joven mortal y una criatura sangrienta con el humor que emplea Meyer en Crepúsculo. Por supuesto, los iconoclastas emergen de los matorrales con picas y antorchas. Para ellos, el vampiro es un mito intocable, una propiedad exclusiva de Bram Stoker y de Anne Rice. Pero si la institución literaria privatiza al vampiro y lo sustrae de toda posibilidad de deconstruirlo incluso en sus variantes más banales, ¿cómo pretenden que el circuito de la evolución literaria siga rodando?

Recientemente, Meli Corbetto, autora del blog Lee.Sueña.Vuela, ha pisado el acelerador a fondo y dijo: “Acá hay bullying”. Como diría Oaky, el bebé pistolero de Hijitus: “¡Cosha golda!” Y acá nos metemos en un terreno muy delicado, porque cuando hablás de bullying, hablás de violencia. Violencia institucionalizada y justificada por los códigos de un organismo colectivo que impone su visión del mundo por sobre la singularidad del individuo.

¡No puede ser! ¿Violencia en la literatura? Uno lee para huir de la irracionalidad y el sinsentido de un mundo violento. ¿Alguien ha visto Danny, the dog? Un hombre al que un grupo de mafiosos ha convertido en una máquina de matar conoce a un reparador de pianos ciego, a través del cual conoce el mundo de la música. Las notas musicales y el contacto con otros seres humanos ajenos al ambiente criminal en el que creció poco a poco lo humanizan y Danny toma consciencia de que existe algo más allá de la cadena que lo ata a la oscuridad.

¿No les parece hermoso pensar la literatura como una melodía que de pronto nos hace olvidar lo peor de nosotros mismos como seres humanos para transportarnos a una tierra donde la imaginación y la libertad libran a nuestras almas de la asfixia de un país más siniestro que la ficción misma?

Pero allí está la oligarquía cultural, que nos cierra las puertas en la cara cada vez que sacude el látigo del buen gusto para azotar la mirada del que lee algo que está por fuera del canon.

¡Como si todos tuviéramos las mismas edades, posibilidades y competencias culturales para acceder al mundo de Borges!

Todos somos iguales ante la Ley, pero no todos estamos en igualdad de condiciones ante la Ley. Todos leemos literatura, pero no leemos la misma literatura.

La literatura es un sistema sin leyes. ¿Por qué imponer la nuestra? ¿Según qué criterio? ¿En base a qué? ¿Por qué establecer una segregación literaria entre los que leen King y los que leen Borges? ¿Por qué institucionalizar el racismo literario?

Corbetto habla de bullying intelectual. Yo hablo de racismo literario. Ambos términos, bullying y racismo, son polémicos, e incluso el que me señale con el dedo acusándome de descontextualizar la palabra racismo tiene algo de razón. Se dirá de mí: Julián, me parece que te fuiste un poquito al carajo...

Pero a ustedes, honorables defensores del dios canon, me parece que se les fue la mano repartiendo bastonazos con la vara del buen gusto. Porque los autores que ustedes tanto defienden han ganado su lugar en la historia precisamente por ir en contra del orden establecido y de la jerarquía dominante.

¡Por el amor de Dios, Montresor! ¿Desde cuándo hemos cambiado el placer de leer algo por la obligación de leer algo? ¿En qué momento nos hemos convertido en las gárgolas que vigilan el templo del saber? La literatura es placer. Aunque no haya ley que castigue ni juez que condene, arruinar los pequeños placeres de la vida es un crimen per se, es recordarle a los ciegos que no pueden ver y que jamás contemplarán el brillo de una estrella fugaz. Somos ciegos a Borges, pero no por ello somos ciegos al resto de las manifestaciones artísticas que comprenden la vasta red de la literatura. Cada escritor tiene su propia noción de belleza, la cual comparte en sus palabras. La de Rowling es la magia que sobrepasa todo entendimiento; la de Meyer, el amor, representado en la atracción inevitable entre dos seres absolutamente distintos que sin embargo sortean todo tipo de obstáculos, enemigos y tabúes para estar juntos; la de Collins, es el instante de libertad en el que el guerrero elige no matar a quien ama y dirigir la flecha hacia el corazón de los culpables.

El escritor es un observador del universo multiforme que apenas puede explicar en un libro un solo fragmento de la Creación. Los lectores somos coleccionistas de puntos de vista. Borges es un punto de vista que no encaja con determinado perfil de lectores. El hecho de que su obra aborde temas universales no significa que la totalidad de todos los hombres lo entienda. Quien escribe esto ha leído a Borges, ama sus relatos y ve en ellos una perspectiva rica en metáforas, detalles y quimeras. Pero si a todos nos gustara Borges, y si todos los escritores escribieran como Borges, la literatura no sería literatura.

Un hombre violento y apasionado escribió: “...si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?” (1 Corintios 12.19) La literatura es un cuerpo hecho de diferentes géneros: novela, cuento, poesía. Si todos los libros pertenecieran a un solo género, ¿dónde estaría la literatura? La literatura es diversidad. Sin diversidad no hay literatura.

Amar la literatura significa defender la posibilidad de que exista esa diversidad de puntos de vista. De que la ficción le dé mil vueltas de tuerca a la realidad. Desde la ciencia ficción hasta el realismo minucioso. Todos somos iguales ante la Ley, aunque no estamos en igualdad de condiciones ante la Ley. Todos leemos literatura, aunque no leemos los mismos libros.

¿Quién me ha puesto por juez, jurado y ejecutor en el País de las Maravillas? Nadie. El que haya leído todos los libros del mundo, que tire la primera piedra. Vive y deja vivir, lee y deja leer.

Porque detrás de cada lector hubo un mundo de lágrimas que la literatura secó.

4 comentarios:

  1. Fahhh...terminarlo con esa frase... jajaja me encanto y Meli siempre se está quejando de que todos le dicen justamente un montón de cosas por no leer a Borges, no estoy de acuerdo con que la jodan tanto. Yo he leído a Borges y algunos cuentos me gustan mucho, otros están fuera de mi comprensión, pero con todos los escritores me pasa lo mismo. A mi no me agradó mucho "Cien años de Soledad" pero todos los otros libros de Garcia Marquez los amo. Con Galeano igual, no todos sus libros son de mi agrado. Creo que no es justo criticar un libro solo por su género, o por su escritor, o por el target que arrastra. Esto es algo que se tiene que aprender dentro de la sociedad, cuando criticamos un libro hay que hablar de la trama y su escritura, y no pensar que diciendo que es literatura juvenil ya estamos diciendo que es una basura. En fin, creo que una solución muy maravillosa a esto sería que las personas piensen un poco antes de hablar, lean los libros que critican y no menosprecien algo por el solo hecho de que no les gusto. ¿Si a mi no me gustan los policiales puedo decir que Agatha Christie escribe horrible? No, solo a mi no me gusta, porque no es mi género favorito, para decir que escribe mal tengo que tener un mejor argumento. En fin, me gusto mucho la entradaaaa. Miles de abrazos :D

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  2. Hola!!! Me gustó el post. Cuando iba al colé se burlaban porque era la chica que leí h no salía a bailar( no me importaba lo que me decían). Cada uno puede leer lo que quiera, por qué tenemos que juzgar?

    Un beso grand

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  3. Bueno pero, hay libros que son una basura.
    Soy guionista y hay peliculas bien y mas escritas en todos los generos. Cada genero tiene su estilo y reglas. Así como habrá literatura juvenil genial, tambien debe haber mucha basofia. Mas que nada porque esta "De moda" entonces las editoriales sacan una cantidad mayor solo para vender y no solo lo que tenga "Calidad"
    Por que si no, sacó un libro ya mismo con esto de "Quien puede ser juez" (?)
    Ojo, si es así avisen y que ni me preocupo por escribir bien...

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  4. Holaa! Me gustó mucho lo que escribiste! Es cierto y muy feo que haya discriminación entre lectores. Además de ser minoría hay gente que se juzga por lo que lee. Buscan juzgar por cualquier cosa, no importa si alguien es bueno o mala, solo lo que lee y que a ellos no les gusta, que triste.
    Me gusto tu opinión y tus argumentos :)

    Besos!

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