miércoles, 8 de junio de 2016

Oda a un unicornio y al guardabosques que lo encontró*



“...matar un unicornio es algo monstruoso —dijo Firenze—. Sólo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar puede cometer semejante crimen.”

Harry Potter y la Piedra Filosofal, J. K. Rowling.
1997.





Pocos han comprendido
tu amor por las criaturas peligrosas.
Ni el monstruo más temido,
ni bestias belicosas
vislumbraron en ti muecas odiosas.

Ni la acromántula hosca
que al Niño que Vivió casi devora,
que en vez de probar mosca
busca carne y no llora
si la víctima por piedad implora;

ni el tricéfalo dogo
que la Piedra Filosofal custodia,
al que un pedagogo1
con mucha razón odia
en el primer libro de la rapsodia;

ni el hipogrifo noble
que Potter montó en el año tercero,
tenaz cual duro roble,
semejante al acero
su plumaje gris, su cuerpo guerrero;

ni aquel dragón noruego
(que más tarde resultó ser dragona)
escupidor de fuego,
fiera que no perdona
ofensas y que presas no abandona;

ninguno de estos seres
al guardabosques infundió temor.
Mas si tú los hirieres,
caerá la mayor
desgracia sobre ti por agresor.

Hagrid vigila el Bosque
donde aguardan los peligros mayores:
lo que al viajero embosque
entre arbustos y flores
tal vez sea alguien no humano, lectores.

Allí el centauro serio
contempla con sus pares las estrellas;
allí todo misterio
se pierde entre las huellas
de unicornios blancos y zarigüeyas.

Armado con ballesta
y con Fang a la diestra de su paso,
con la mirada puesta
al borde del ocaso
tras los árboles, alza mudo un brazo.

Fang obedece al gesto:
inmóvil, silencioso, receloso.
Enormemente enhiesto2
en su estatura de oso,
Hagrid contempla el bosque tenebroso.

Allá, del otro lado
de las sombras el enemigo aguarda:
espíritu malvado
que no perece aunque arda
entre fuego feroz y leña parda.

El guardabosques teme,
y en el terror que la sangre congela
halla fuerzas; no teme
a la Muerte que cela
la vida del hombre bajo su suela.

¿A qué temes, gran hombre?
¿Al regreso del Señor Tenebroso?
No pronuncias su nombre,
su título ominoso,
el apodo por el cual es famoso.

Fang gruñe, ladra, salta:
en el atardecer huele la sangre.
Hagrid proyecta su alta
sombra sin malasangre
sobre su hallazgo. “¡Sangre!”, grita. “¡Sangre!”

Aparta los arbustos
para descubrir el cadáver blanco;
los árboles adustos
sombra ofrecen al flanco
del equino muerto en su final tranco3.

Contempla el curvo cuerno,
la crin cenicienta, las patas tiesas,
el frío del invierno
en los ojos turquesas
cuyo color recuerda al de las fresas.

El unicornio muerto,
desangrado a bestiales dentelladas,
sufre un destino incierto
en las desamparadas
áreas forestales. Olvidadas

las ansias de escapar,
Hagrid examina el cuerpo. Llorando,
él no puede tapar
su pena trabajando.
Tras la autopsia regresa caminando.

Feroz semigigante
destrozado por un crimen terrible.
De toda fauna amante,
su congoja visible
arrastró hasta la cabaña apacible.

Ni Fang ni la ballesta
lo consuelan en la oscuridad nocturna.
Surge una débil cresta
de humo en la taciturna4
chimenea al perecer la luz diurna.

Hagrid llora, Fang ladra,
la inútil y muda ballesta calla;
más lejos, una escuadra5 
de centauros ensaya
una astrología6 que a veces falla.






* Oda a un unicornio... es una reconstrucción poética del posible hallazgo del primer unicornio que es víctima del Innombrable  en el Bosque Prohibido, ya que el personaje de Hagrid afirma en La Piedra Filosofal que es "la segunda vez en una semana".

1. Referencia a Quirinus Quirrel, el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras en el primer libro de la saga de Harry Potter.
2. Enhiesto: que está verticalmente derecho.
3. Tranco: en este caso, paso o salto típico del andar de un caballo
4. Taciturna: triste, melancólica.
5. Escuadra: unidad militar integrada por una pequeña cantidad de soldados; en este caso, entiéndase escuadra como sinónimo de grupo. 
6. Los centauros son representados en la saga de HP como criaturas inteligentes y orgullosas; uno de sus mayores intereses es la astrología, es decir, la predicción a partir de la observación de los astros.

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