sábado, 9 de julio de 2016

¡No sólo de reseñas vivirá el blog!



«...yo quiero que mi blog sea leído,
pero también quiero ser yo acá dentro.»

Micaela, autora del blog Fragile Dreams.





¡Porque no sólo de reseñas vivirá el blog!
Escribo esto para romper el hábito peligroso de la reseña como costumbre, para evitar que mi estilo se sedimente
en el acto mecánico de la lectura pasiva y la opinión automática. Esta entrada, más que una crítica, es una autocrítica,
es el órgano que se rebela contra el sistema imperante,
es la hormiga contra el hormiguero,
es el poema menor contra el género dominante.


Y es que en nuestro afán de leer y escribir y leer y escribir,
el placer del texto desaparece, la literatura se transforma en un ritual insípido, en una serie de operaciones robóticas. El corazón pierde toda capacidad de zozobra, renunciamos a experimentar la adrenalina del sinceridio y nuestro espacio de libertad degenera en un receptáculo de visitas y estadísticas.


¿Quién no experimentó la angustia de la no-visita? ¿O la ausencia de comentarios? ¿Quién no vio su propio blog como un desierto? La tentación de dejarse vencer por el aburrimiento late detrás de nuestros ojos. Hay que recordarnos, imponernos como un mantra o un padrenuestro, que escribimos para
ser libres, para emanciparnos de la realidad apoética; lo demás es secundario, consecuencia proporcional a la felicidad
que experimentamos al escribir.


Ser bloguero es ser artista. El arte del amor al arte.
La escritura que nace del amor a la literatura. No es
crítica literaria, no es teoría literaria. Tampoco es
texto informativo o discurso comercial, aunque haya
editoriales y merchandising de por medio. El blog es un
género propio, una marca personal
en la corteza del árbol eléctrico, como si nuestra escritura fuera una navaja que talla en la superficie de madera
una declaración de amor. Con todo esto me refiero al
blog literario y a los poetas digitales, a los jóvenes juglares que fabrican sus canciones en la clandestinidad,
lejos de las cátedras y los micrófonos.


El riesgo de caer dentro de un circuito cerrado está presente. Nos la jugamos. Leemos y escribimos. Pero callamos lo que sucede entre ambos verbos. Todas las emociones que nos atraviesan en cada página. Todo lo que siente un lector y que sólo otro lector puede entender. Esto está tácito, implícito,
en la reseña. La huella que el libro leído nos dejó.


Hay que salir del circuito cerrado, dejar que el libro nos hiera y nos haga sangrar el alma. Dejarse caer, dejarse llevar por la historia. Hacer una pausa y leer el relato como si fuera un relato. No como si fuera una cosa arrancada de un estante de librería. Apropiarnos de la historia misma, hacerla nuestra.


Los libros que leo en algún punto me tocan. Y eso es algo que quiero hacer notar en mis reseñas. Aunque debo reconocer que hay algunas de las que me arrepiento, no por el libro que leí, sino por las inacabadas expresiones que utilicé y que no reflejan por completo mi propio placer sobre el texto.


El bloguero asume un compromiso con su propio estilo. Se aleja de los convencionalismos propagandísticos, de la finalidad de presentar el libro como mercancía para (re)presentarlo como experiencia estética. En este sentido, hay blogueros que marcan tendencia e incluso que hacen escuela desenvolviéndose en registros discursivos que oscilan
entre lo humorístico y lo conmovedor.


En todo caso, no se trata de ser originales. Se trata de ser felices. La originalidad nace del placer. Y de compartir
el placer de leer con los que leen.


Que cada reseña sea un fruto de nuestra honestidad.


No obligues a este terco corazón a escribir cosas que no siente.

2 comentarios:

  1. Hola, Juli!!
    Me encantó!!!! Todas tus entradas me hacen reflexionar y aparecen en el momento justo.
    Nos leemos ^^

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  2. Holaa! Me encantó la reflexión.
    Hay veces que también siento que me faltaron palabras para expresar cuanto me gusto o disgusto un libro, y todo se trata de al final, expresar eso claramente.

    Nos leemos :)
    Beso.

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