viernes, 8 de julio de 2016

Reseña: “Para acabar con Eddy Bellegueule”, de Édouard Louis



A Belu,
de lector a lectora,
mi infinita gratitud.





«¿Por qué en tantas obras históricas,
novelescas, biográficas, hay un placer
en ver representada la “vida cotidiana”
de una época, de un personaje?» 

Roland Barthes, El placer del texto (1973)






No leo literatura francesa. He leído sólo cinco libros: El principito, de Antoine de Saint-Exupéry; El extranjero, de Albert Camus; Del vino y del hachís, de Charles Baudelaire; un tomo que contenía dos obras de teatro de Eugène Ionesco. El quinto libro que rompió mi resistencia hacia la cultura francesa fue recomendado por varios bloggers y booktubers hace tiempo. Raras veces hago caso a Internet y sus habitantes, principalmente porque yo soy muy indeciso a la hora de comprar libros, y cuando piso una librería, tengo que estar absolutamente seguro de lo que voy a hacer.

Contra todo pronóstico, Para acabar con Eddy Bellegueule se convirtió en mi más reciente adquisición.




Pensamos
–ante escenas así,
quiero decir:
visto desde fuera–
en la humillación,
en la incomprensión,
en el miedo,
pero no pensamos en el dolor.






Había oído decir que ésta es una novela que, además de ser autobiográfica, es muy dura, muy cruda, muy violenta. Hice caso omiso de las advertencias y leí la primera página en un asiento del 136, mientras viajaba al trabajo. Cerré el libro después de leer la segunda página. Luego, seguí leyendo.

Sí, era duro. No sólo era duro: era real. Era el horror de un pasado inenarrable puesto en palabras. El dolor de Eddy, su imposibilidad de encajar en el orden imperante de la vida cotidiana de un pueblo en el norte de Francia, su obsesión por aspirar a una «normalidad» inalcanzable, el ansia cada vez más grande de huir, el miedo, la pobreza, la discriminación, el racismo, la violencia, el sufrimiento y la muerte.

Su libro, el primer libro que ha escrito y lo ha catapultado a su debut literario a escala internacional, desnuda sin tapujos ni discreciones a las sociedades que existen en el lado oscuro de una patria que en nuestro imaginario geopolítico se autoproclama como liberal, tolerante, civilizada, cosmopolita y avanzada tanto cultural como económicamente. Louis dinamita con sus propias manos nuestra visión esplendorosa de Francia con frases que nos hielan la sangre y nos obligan a llorar mientras contemplamos escenas de acoso escolar, violencia física y verbal, discusiones familiares y experiencias tan infaustas como surrealistas.

La infancia de Eddy Bellegueule está narrada de una manera tan magistral, poética y a la vez directa, que uno no puede evitar pensar cómo este artista adolescente dotado de una cautivadora sensibilidad pudo soportar lo que soportó; alguien escribió que Para acabar... era «un cóctel de Zola y Dickens». Louis parece encarnar el arquetipo de poeta miserable que tras padecer una niñez tortuosa se consagra como escritor tras abandonar su tierra natal. Sin embargo, Louis es mucho más que un David Copperfield francés. La resonancia de su opera prima no sólo ha conmovido el corazón de lectores jóvenes que han recorrido o recorren caminos trágicamente parecidos al de Bellegueule; el virtuosismo, la hermosura y la crudeza de su prosa ha llamado la atención de la crítica literaria a nivel mundial, y según lo ha expresado el propio Louis en sus entrevistas, ha recibido miles de cartas de lectores agradecidos, emocionados, identificados con el drama que ha plasmado en sus palabras.

Édouard Louis es mucho más que un David Copperfield francés. Su libro arremete contra el machismo que gobierna, en diferentes medidas, todos los estratos sociales de la patria francófona. Es un grito de denuncia, un relato desgarrador. Una autobiografía que no sólo se detiene en las miserias de Bellegueule, sino que también explora las desgracias y abismos del núcleo familiar, de los habitantes de Picardía y del ambiente en el que existen.

Dichas todas estas cosas, en lo que refiere a su estructura interna, el libro arranca con una cita de Marguerite Duras, que hace referencia al «nombre que no nombra». La novela prácticamente carece de nombres, y si aparecen casi no tienen peso. El narrador se refiere a los otros como mi padre, mi madre, mi abuela, mi hermano. En la primera parte del libro, el personaje con nombre que tiene más preeminencia dentro de la trama es Sylvain, un miembro de la familia Bellegueule que no tiene relación directa con Eddy, pero cuya historia es quizás tan o más terrible que la del resto de los integrantes del árbol genealógico. En la segunda parte del libro los nombres propios adquieren una relevancia mucho mayor, en especial los nombres de ciertos personajes femeninos.

La cuestión del nombre propio es uno de los subtemas más poderosos de este libro. Violencia es ignorar el nombre de la víctima para llamarla de otro modo. Ejercer poder significa cambiar el nombre del otro. Y cambiarlo por el adjetivo más cruel. Marica, maricón, sarasa, invertido. La lista de insultos gratuitos se prolonga hacia el infinito.

La novela explora la violencia en todas sus manifestaciones, desde la violencia institucional ejercida por los organismos políticos y jurídicos –la historia secundaria de Sylvain es reveladora en estos aspectos– hasta la violencia verbal, física e incluso sexual. El hombre atravesado de pies a cabeza por el dolor desde todos los frentes. Un dolor físico, psicológico, emocional, social y espiritual. El dolor absoluto.

La historia de Bellegueule recorre prácticamente todos los puntos de angustia del ser humano, la pérdida –en otras palabras, la represión o el ocultamiento– de la identidad en un mundo que se mueve en base a valores culturales que destruyen, desintegran y corrompen la esencia humana de quienes lo practican, y la agonía de un corazón apretado que tiene que simular ser alguien que no es y tener que vivir la farsa de la vida cotidiana «hasta quedarse sin oxígeno».

Para acabar con Eddy Bellegueule excede los límites de la autobiografía para transformarse en un retrato de la condición humana. Este libro no es otra novela en lengua francesa. Es literatura universal, atemporal, humana. La gran cantidad de respuestas, reacciones y repercusiones que ha cosechado a lo largo de este planeta es la prueba rotunda de su calidad literaria, su valor y su éxito más allá del best-seller.

Aunque me parece ciertamente un pecado extender este artículo más allá de su dudosa brevedad, quiero agregar dos comentarios más.

En primer lugar, es evidente que el autor cambió su nombre y no se llama más Eddy Bellegueule –se pronunciaría belguel, en nuestro caso–. En cierto modo, el chico que alguna vez fue llamado con este nombre ha sido «acabado». Es otra voz la que narra su historia. La de Édouard Louis. Este cambio de nombre, esta diferencia entre el yo escritor y el yo pasado, es un gesto simbólico que a su vez va más allá de lo simbólico. Aquí termina mi primera acotación.

En segundo lugar, esta reseña tiene una dedicatoria –algo rarísimo en Opiniones marginales que tal vez no vuelva a repetirse jamás– y debo explicar el por qué. La reseña que hizo Belu de Libro, Cámara, Acción acerca de este libro fue decisiva a la hora de leer o no esta novela. Si yo le dije a esta joya literaria, fue gracias a ella. Hubo y hay decenas de reseñas hechas por otros autores digitales, pero LCA dio en la tecla. Como les dije, soy un hueso duro de roer cuando me recomiendan algo, y pocas veces concedo excepciones. De modo que aquí les comparto el video que ella hizo acerca de Para acabar con Eddy Bellegueule. ¡Belu, tenías razón, gracias por recomendarnos este libro tan dolorosamente maravilloso!





4 comentarios:

  1. Uf, yo detesté este libro con toda mi alma. Que Francia no es el paraíso que se piensa; ya lo sabemos. El machismo y la homofobia de los pueblos chicos incluso del llamado "primer mundo"; ya lo conocemos. Creo que esta historia es un gran ejemplo de que el odio genera más odio: nunca había leído una obra tan clasista y que denostara la pobreza desde esa perspectiva tan altanera, con tantas ínfulas de superioridad.
    Como si la única salida para realizarse como persona fuera el ascenso social. En fin, una buena novela, pero el mensaje que transmite deja mucho que desear.

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    1. ¡Hola, Sofi! Gracias por comentar. Me alegra tener una opinión detractora, más de alguien que se especializa en literatura LGBTI. Una de las razones por las que raras veces leo literatura europea en general es por temor a hallar esta visión tan hermética del mundo a la que vos llamás con la debida precisión "clasismo". En este sentido, la idea de "huida" que propone el narrador significa dar la espalda a su clase y a su propia familia. (Hecho que reafirma a lo largo de la novela en diferentes ocasiones.) La tuya ha sido una observación muy pertinente y hasta me dejaste con ganas de seguir desarrollándola. Muchas gracias por leerme. ^_^

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  2. Primero.. ¿Dónde conseguiste ese libro? ¿En qué librería? No puedo creer que ni me suene. Quiero leerlo, no sé si me va a gustar o no, pero sí quiero meterme en ese mundo a ver qué pasa y cómo el escritor trata el tema. Miles de saludos, está genial la reseña :D

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    1. ¡Hola, Shasmine! ¡Gracias por comentar! En mi caso, conseguí este libro en una sucursal de Yenny's, en Flores. Ojalá puedas leerlo. ¡Saludos! :D

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