domingo, 7 de agosto de 2016

Casa Blanca, manos negras, tierras indias: la esclavitud como piedra angular de una patria “libre, igualitaria y democrática”



“Al fin y al cabo todos parecen olvidar
que Thomas Jefferson,
padre de la democracia norteamericana,
era dueño de casi 600 esclavos...”

Pablo Pozzi y Fabio Nigra,
La decadencia de Estados Unidos,
Buenos Aires, Maipue, 2009.






Imagino que todos los que leen estas palabras tienen más o menos una noción de lo que significa la palabra «esclavitud». Este fenómeno no se atribuye exclusivamente a los padecimientos sufridos por las comunidades afroamericanas. A lo largo de la historia de la humanidad, muchos pueblos han sido perseguidos, sometidos, oprimidos y esclavizados por diferentes gobiernos: desde el pueblo judío en el Antiguo Egipto hasta los pueblos originarios de América en tiempos de colonización.

No quiero que ninguno de mis lectores piense que utilizo el término «esclavitud» en un sentido etnocéntrico y restringido. Lo que sí considero pertinente al enfoque con el que he escrito mis últimos artículos es que el conocimiento de estos fenómenos me permite observar el contexto histórico-social en el que vivo con otros ojos.

La esclavitud no consiste sólo en encadenar a un hombre por tiempo indeterminado. Es un minucioso proceso de aniquilación del espíritu humano por medio de una serie de condicionamientos físicos y mentales que transforman a las víctimas en meros objetos de consumo. No hace falta añadir que la esclavitud responde generalmente a motivaciones económicas y/o políticas.

En el caso de Estados Unidos, todo empezó con la Revolución Industrial que se produjo en Inglaterra, las plantaciones de algodón en el denominado Nuevo Mundo y la necesidad de obtener materia prima de las tierras recién conquistadas.

La esclavitud no siempre encadenó pies negros. Hubo también nativos americanos y hombres blancos endeudados. En aquellos días, Estados Unidos, o lo que terminaría convirtiéndose en eso, era un puñado de colonias acurrucadas en la costa este. Con el correr del tiempo, los aristócratas y terratenientes caucásicos se dieron cuenta de que podían sacar más provecho de las tierras si corrían a los indios un poquito más hacia el oeste y si agregaban una larga cadena de esclavos en el Sur. El cristianismo de aquellos tiempos les proporcionó a los anglosajones el mejor de los pretextos para justificar este ultraje continental: era necesario destruir a aquellos paganos salvajes, civilizar a quienes se arrepintieran de su idolatría y asesinar a los nativos más indómitos. En cuanto a los negros, Dios los había creado para ayudar al hombre blanco a gobernar el nuevo mundo. Además, los esclavos tenían la «marca de Caín» en su piel. El pecado corría por sus venas. Nacer negro, incluso ser descendiente de un hombre negro, era una blasfemia biológica.

La Casa Blanca en la que habita el Hombre más Poderoso del Mundo fue construida con manos negras* sobre tierras indias. Estados Unidos no es el único país que ha sido fundado en base a un puñado de contradicciones. Pero no deja de ser curioso el hecho de que el águila que ellos han ponderado como símbolo nacional haya sido uno de los animales más respetados por las culturas que sus antepasados británicos pisotearon.

La conquista del territorio americano y el avasallamiento del continente africano significaron un vasto derramamiento de sangre y un exterminio de las cosmovisiones de los pueblos no europeos. No obstante, algunos elementos culturales han logrado prevalecer y resistir al avance de las instituciones occidentales. Mi propósito con estos artículos y reseñas es explorar cómo las minorías étnicas resistieron a través de la escritura y de la expresión artística la opresión institucionalizada por los organismos estatales que fomentaron y legalizaron las prácticas segregacionistas y esclavistas.

Esta semana, si los tiempos son favorables, presentaré una reseña de la autobiografía del esclavo fugitivo Frederick Douglass, autor de Relato de la vida de un esclavo americano. Hasta entonces, muchísimas gracias a todos los lectores de Opiniones marginales por bancar estas entradas.



*Hace tiempo, las declaraciones de Michelle Obama en un acto público acerca de que la Casa Blanca fue construida por esclavos negros produjo una controversia no menor en Estados Unidos. En primer lugar, en el proceso de construcción participaron no sólo esclavos, sino también hombres negros libertos, arquitectos y diseñadores blancos e inmigrantes europeos. En segundo lugar, a dichos esclavos se les consignó una paga por su trabajo. Debido a la poca disponibilidad para detallar con mayores precisiones los eventos que rodean esta polémica, ocurrida este mismo año, les dejo un vínculo a un artículo (en inglés) referido a este episodio. http://ijr.com/2016/06/621459-michelle-obama-tells-new-college-graduates-how-she-feels-living-in-a-house-built-by-slaves/

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