viernes, 12 de agosto de 2016

“La gran raza blanca”: un comentario sobre el Ku Klux Klan



“–Los pueblos arrasados,
los niños con collares de orejas humanas...
¿son parte de la broma?
–¡Eh... nunca dije que fuese una buena broma! Yo sólo sigo adelante con ella!”

Watchmen,
de Alan Moore y Dave Gibbons.






Tres palabras: Ku Klux Klan. La fuerza de choque de los supremacistas blancos norteamericanos. El nombre de la organización proviene del término griego kuklos, que significa círculo. Esta sociedad se originó poco después del fin de la Guerra de Secesión, y fue fundada por veteranos confederados disconformes con el triunfo de la Unión. Conjeturalmente, el Ku Klux Klan había sido creado a modo de broma. Sus miembros se disfrazaban de fantasmas y asustaban a las personas.

El Ku Klux Klan se transformó, con el correr de los años, en una broma asesina. Desde panfletos extremistas y actos intimidatorios hasta episodios de violencia y muerte. Unos años después, el grupo fue disuelto de manera nominal, con la declaración del Acta de derechos civiles de 1871 por parte del presidente Ulysses S. Grant.

A principios de siglo XX, el Ku Klux Klan resurgió. No obstante, la organización entró en declive con la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial.

Podría decirse que el Klan no es una institución única, sino que muchas agrupaciones de extrema derecha han utilizado la imagen y el nombre original del grupo. El Klan trascendió su carácter de sociedad clandestina para convertirse en un símbolo del racismo estadounidense.

Lo que hipotéticamente comenzó como un juego de niños desembocó en masacres, linchamientos y ejecuciones. El proverbio popular dice que el que ríe último, ríe mejor. ¿Quién ríe ahora? ¿Qué es lo gracioso? ¿Por qué ríen esos hombres blancos?

Por alguna razón, no puedo evitar pensar en The Purge. En el hombre negro que se arrastra en la oscuridad y en aquellos jóvenes aristócratas con armas blancas y máscaras sonrientes. Ellos ríen mientras matan. Sospecho que bajo las capuchas de los hombres del Klan hay una sonrisa eterna. Una media luna de placer, como la de la Mona Lisa o la del Gato de Cheshire. Una curva de felicidad ante el sufrimiento del oprimido.

Un historiador no incurriría en las licencias poéticas que acabo de referir. Soy poeta, no historiador. Pero no deja de llamar la atención el hecho de que el Klan comenzó como una broma macabra hecha por cinco o seis veteranos de guerra resentidos con el Estado. El Ku Klux Klan tomó el sentimiento de derrota e impotencia de todo un sector social y lo transformó en un dispositivo de persecución y tortura que se resistió y que por momentos fue avalado por las instituciones democráticas.

No hallo otra manera de cerrar el artículo de hoy que con un poema de Langston Hughes, un poeta afroamericano que formó parte de la corriente artística de los años ‘20 conocida como el Renacimiento de Harlem, el cual detallaré en los próximos días.





KU KLUX

Poema de Langston Hughes



Me llevaron
a un lugar sin nada.
Me dijeron: –¿Tú crees en
la gran raza blanca?

Yo dije: –Señor,
le digo la verdad,
yo creería lo que sea
si usted me deja en paz.

El blanco me dijo: –Nene,
esto es algo que nunca vi,
¿estás ahí, tranquilo,
burlándote de mí?

Me golpearon la cabeza
y me arrancaron el pelo.
Y después me patearon
tirado, así, en el suelo.

Un hombre del Klan dijo: –Negro,
mírame a la cara,
y dime que crees en
la gran raza blanca.

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