martes, 16 de agosto de 2016

¿Matar o morir?: entre la resistencia pacífica y la acción directa





Entre el Renacimiento de Harlem en los años ‘20 y el movimiento por los derechos civiles en los ‘60 hubo kilómetros de sangre y toneladas de carne. La comunidad afroamericana no permaneció callada. Durante estas décadas, marcadas principalmente por la Gran Depresión, el macarthismo, la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría, el arte negro se recortó contra la hegemonía cultural dominante, constituyéndose como una forma de resistencia a la sociedad consumista y militarista que estaba desarrollándose en estos tiempos.

Después de la abolición de la esclavitud, surgió el Ku Klux Klan, una organización de extrema derecha que gracias a sus tácticas de intimidación y presión tanto sobre la población negra como la blanca, restringieron las libertades civiles de los ex esclavos, a tal punto que ellos, amenazados y atemorizados, no querían ir a votar a favor de las leyes que los favorecerían.

En 1871, tal como lo comentábamos en un artículo anterior, el Ku Klux Klan fue disuelto legalmente por el presidente Ulysses S. Grant. Sin embargo, en 1915, D. W. Griffith, uno de los hombres más influyentes de la historia del cine, rodaría uno de los filmes más polémicos del siglo: El nacimiento de una nación.

Esta película relataba los orígenes del Klan, representándolos como personajes heroicos que defendían a la población norteamericana de la «amenaza negra». La reacción que produjo en las audiencias fue inmediata.

La nueva popularidad de este movimiento hizo posible su resurgimiento. Posteriormente, cuando el ascenso de Hitler al poder en las vísperas de la Segunda Guerra Mundial puso en primer plano el concepto de pureza racial en la política expansionista de Alemania, la nueva encarnación del Klan se vio obligada a disolverse debido a su parentesco ideológico con el nazismo.

Hoy en día diferentes organizaciones se han apropiado de los métodos, procedimientos y simbolismos del Ku Klux Klan, el cual desapareció como organismo unificado, pero que desembocó en numerosos cuerpos de acción racista, antisemitista y xenófoba, desde pandillas neonazis hasta desfiles «pacíficos» a favor de una doctrina de seguridad nacional que «garantice la protección de las familias norteamericanas».

La literatura afroamericana continuó desarrollando nuevas formas de expresión artística y de denuncia social. No obstante, ante tantas olas de violencia, persecución y muerte, se erigirían dos figuras centrales en la historia moderna norteamericana, dos métodos de resistencia absolutamente opuestos entre sí que se plantaban frente a la cuestión racial.

Por un lado, Martin Luther King, un predicador cristiano y defensor del pacifismo que abogaba por los derechos de la comunidad afroamericana. Por otro lado, Malcolm X, convertido al Islam, que proponía un combate fuego contra fuego, justificando el uso de la violencia hacia los opresores blancos que los habían asfixiado durante siglos. Los dos fueron asesinados en circunstancias imprecisas. Los dos luchaban a su manera por una causa noble. Este era el ambiente que se respiraba dentro de E.E.U.U. ¿Resistir pacíficamente hasta morir o luchar hasta que te maten?

Todas estas tensiones políticas se retratan en la producción literaria afroamericana de aquellos tiempos. No sólo se trata de una toma de conciencia, sino también de una toma de posición. En los próximos días publicaré –sin garantías– las reseñas de dos obras referidas a estas épocas conflictivas: Sangre negra, de Richard Wright, y Soledad Brother, de George Jackson.

Hasta entonces, gracias por leer Opiniones marginales.

2 comentarios:

  1. ¡Hola! Tu blog está muy chulo, ya te sigo ^^
    Espero que te pases por el mío y me sigas de vuelta (:
    http://lostinourbooks.blogspot.com.es/
    Nos leemos ^^ Besos (-:

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    1. ¡Muchas gracias! Pronto visitaré tu página. ¡Saludos! ^^

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