martes, 2 de agosto de 2016

Reseña: “Old Pa Anderson”, de Hermann e Yves H.






Espero que usted nunca pase por lo que tuve que pasar.











No había manera de no reseñar este cómic. Sobre todo, porque toca un tema que sigue siendo parte de nuestro presente como es el racismo. En el preámbulo a elecciones presidenciales, las polémicas declaraciones de Donald Trump y los disturbios raciales a la orden del día, Estados Unidos está al rojo vivo. Sin embargo, esta pieza gráfica nace de la mano del ilustrador Hermann y el guionista belga Yves Huppen. De modo que en esta oportunidad no hay autores norteamericanos desdibujando una autocrítica de su propia patria, sino que hay una mirada desde el afuera, una representación que se estira desde el presente hacia el pasado de los años ‘50 en el estado de Mississippi.

Con este enfoque analizo este puñado de viñetas que a cualquier corazón sensible helaría la sangre, pero que a mi parecer, si bien me conmovió en la primera lectura, dejó un par de círculos sin cerrar.

El argumento es duro y sencillo. Lizzie, la nieta de los Anderson, ha desaparecido. Tiempo después, la esposa del hombre al que todos conocen como Old Pa Anderson muere. Ahora él no tiene nada más que perder y decide descubrir qué ha sucedido con aquella niña a la que crió como si fuera su propia hija.

El resto del camino se los dejo a ustedes para que lo recorran por su propia cuenta.


En primer lugar, esta es una historia corta que ocupa alrededor de sesenta páginas. No es densa, no es pesada y se puede leer de un tirón.

En segundo lugar, en lo que respecta al aspecto gráfico, vislumbramos un grado de expresionismo a tal punto que los rostros, los gestos y las posturas corporales de los personajes transmiten mucho más que las palabras que pronuncian. Los cuerpos encorvados, decadentes y temerosos de los afroamericanos contra las sonrisas burlonas, las cejas furiosas y el andar firme de los hombres blancos. Hermann, por lo que tengo entendido en mi paupérrimo conocimiento del mundo del tebeo, tiene una reconocida reputación como ilustrador en la industria del cómic francobelga, por lo que no hay que escatimar el trabajo que presenta Old Pa Anderson en su elaboración.

La disposición y el tamaño de las viñetas –que en ocasiones se estrechan tanto hasta provocar un efecto claustrofóbico en el lector– es otro punto a favor de este cómic, en el que el diálogo no sobreabunda en inútiles exordios y –salvo una escena en la que el protagonista recuerda unas palabras pronunciadas por otro personaje– no hay globos de pensamiento. «Mississippi habla», diría yo. Y lo que dice no habla muy bien de ella.

Fuera de dos o tres observaciones y del racismo como tema central de la trama, Old Pa Anderson es una clásica historia de venganza. Hay sangre, hay violencia, hay dolor. Todo lo que se puede esperar de un relato acerca de la justicia por mano propia. Este cómic, en su brevedad y sencillez, cumple con las mínimas expectativas de cualquier lector.

“Pero tengo un par de cosas contra ti”, diría yo, citando directamente una de las muchas locuciones que se repiten en el Libro del Apocalipsis. Algunas características de esta historia no me cerraron del todo. Tal vez porque esperé demasiado de Old Pa Anderson y lo leí con la vara bien en alto. Otro factor que influyó mucho en mi lectura fue el cuatrimestre de Literatura Norteamericana que cursé en la UBA. Allí tuve la oportunidad de acceder a libros escritos por autores afroamericanos y nativos americanos. Estas comunidades tienen una forma muy propia de expresar su propio dolor. Por esta razón comencé esta reseña diciendo que analizo este cómic haciendo énfasis en quiénes son los que cuentan la historia y de dónde vienen.

Un relato acerca de la última dictadura militar argentina en boca de un argentino no suena igual si lo ponemos en la boca de un ciudadano inglés o un historiador canadiense, sencillamente porque el horror está fresco en el suelo en el que vivimos y en la memoria de quienes viven entre nosotros. Pecaré de burdo con este ejemplo, pero quiero que conozcan la base de la que parto para subrayar en Old Pa Anderson aspectos que no me convencieron.




Una de las características de la obra que menos me gustaron es que si bien desarrolla una historia en un contexto donde existe una problemática social que afecta a toda una comunidad, aquí no hay una idea de comunidad. El héroe de este relato es un hombre solitario que tiene sed de venganza. Las pocas personas que lo ayudan lo hacen con desconfianza, con temor, y aunque comprenden las motivaciones de Old Pa, lo último que quieren es verle la cara. Acá no hay una idea de comunidad, de colectividad, de grupo. Tampoco es obligatorio que presenten todo un reparto coral en una obra de sesenta páginas. Es el hombre que está solo y espera al hombre blanco. Pero la historia no se mueve de eso.

En cambio, todos los hombres blancos están unidos y organizados. Si «el negrata mete la pata», empieza la cacería. Y no es sólo una metáfora. Para los sonrientes vecinos caucásicos de Mississippi, linchar a un negro es salir «de cacería». Cuando Old Pa de un paso hacia el abismo, ya no hay marcha atrás. Lo único que le espera al final del camino es una muerte lenta y dolorosa a manos de sus perseguidores. Sin otras manos que lo ayuden y sin otras sombras que lo amparen, ¿cómo podrá salvarse Old Pa Anderson de las garras de Mississippi?

Otro aspecto que a mi parecer desfavorece a este cómic es que los hombres blancos aparecen como seres irredimibles. Todos. El único que no parece ser un maldito sureño racista ocupa muy poco espacio en esta historia. Fuera de esto, no hay una voz que se alce contra el orden que es desorden para decir que todo está mal. Hubiera sido interesante oponer la visión del supremacista contra la del hombre común que no quiere derramar sangre negra. Los afroamericanos son representados como individuos extremadamente vulnerables, mientras que los blancos son la peor basura humana en esta tierra de caos y de fuego. Los extremos son tan opuestos y el contraste es tan polarizado que acartona un poco la lectura. El ambiente ha deshumanizado tanto a víctimas y victimarios que de no ser por la desaparición de Lizzie y la muerte de Old Ma, no podríamos empatizar con el protagonista siquiera.

A pesar de que lo que desencadena la serie de acontecimientos del cómic es la desaparición de Lizzie, ella no aparece en ninguna viñeta, y lo que le sucedió ni siquiera se muestra en las páginas. Sin embargo, creo que muchos lectores pueden hacerse a la idea de lo peor que le puede suceder a una niña negra en un ambiente tan violento, despiadado y cruel como éste.

Todos estos aspectos me disuadieron de colocar a Old Pa Anderson en lo más alto de mis lecturas cotidianas. Sin embargo, no es una mala historia, sino un relato sencillo abordado de tal forma que nos puede llegar a dejar satisfechos e incluso impactados por las escenas violentas que presenta.

En el momento en que escribo este artículo estoy a punto de comenzar un nuevo cuatrimestre en la Facultad de Filosofía y Letras. Y ya que cursé una materia en la que tuve oportunidad de aproximarme a problemáticas tan controversiales como el racismo, la segregación y la esclavitud, me gustaría seguir escribiendo reseñas y artículos acerca de historias que aborden dichas temáticas.

Hoy comienzo por Old Pa Anderson, que si bien no me terminó de gustar por los pormenores que acabo de exponer, es una buena lectura para poner la discusión sobre la mesa y preguntarnos a nosotros mismos por qué leer esta clase de historias el día de hoy.

Y es que no importan lo que digan las leyes del Estado, sino las leyes que las calles y la cotidianeidad nos imponen. Aunque gritemos mil y un veces que todos los hombres somos iguales ante la Ley, lo cierto es que las leyes se rompen. Porque, sí, todos los hombres son iguales... pero algunos, lamentablemente, parecen ser «más iguales que otros».



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