lunes, 12 de septiembre de 2016

Un lugar donde puedo ser yo mismo



Hace mucho tiempo que no hablo de mí mismo y este es un buen momento para empezar a hacerlo. Llueve. Acabo de tomar mi dosis vespertina de mates y sigo midiendo 1,59 m. Ni un centímetro más, ni un centímetro menos.

Estas descripciones constituyen apenas la superficie de lo que nosotros llamamos cariñosamente realidad. Porque la lluvia es mucho más que lluvia, el mate es mucho más que mate. Ni siquiera mi propia naturaleza humana está sujeta a estadísticas y definiciones. Mi alma no puede caber en un cuerpo tan pequeño. Esta es la razón por la que escribo: mi espíritu se desfragmenta en cada palabra que asciende a tus ojos.

Hay pedacitos de mí por todas partes. En la lluvia, en el mate, en mi cuerpo. En los libros que leo e incluso en los bloggers y booktubers que sigo. No soy fanático de nada o de nadie. Sencillamente, miro las cosas desde otro lugar. Y trato de buscar en lo que me rodea algo de lo que alguna vez fui.

No puedo prometer nada nuevo en este blog porque nada nuevo existe bajo el sol. No puedo engatusar a mis lectores con secciones innovadoras u opiniones de novelas contemporáneas que sé que no puedo conseguir: sería un insulto a su inteligencia y a mi esencia prometer cosas que no puedo cumplir.

Si uno no puede ser leal a su propia naturaleza, entonces, ¿cómo podrá mantenerse en pie? Este principio rige en muchas más áreas de las que pensamos. En la literatura y en la vida.

Opiniones marginales es, ante todo, este lugar donde puedo ser yo mismo aunque el lector no entienda nada de lo digo porque, en el fondo, en realidad no estoy intentando decir nada. Yo no busco “decir” algo: busco “ser” alguien. Y esta forma de ser está en las palabras: en cómo describo la lluvia, el mate, los libros y los booktubers. En cómo me apropio de estos elementos que configuran mi pequeño universo.

El blog –creo yo– es un río cuya superficie refleja nuestra forma de ser. Si las aguas están contaminadas o sufren turbulencias, la imagen de lo que somos se distorsiona y somos incapaces de reconocernos a nosotros mismos en las palabras. ¿Será por esto que algunos bloggers y booktubers han abandonado el mundo digital para no volver jamás?

En fin. Este blog, una vez más, zarpa hacia rumbos desconocidos. Sin apuros, sin tedios, sin ansias. Pero con la certeza de que cuando me leas, verás un pedacito de mí entre párrafo y párrafo. En cierto modo, hay cosas que no cambian. Y eso es bueno. Aún llueve y aún sigo midiendo 1,59 m. Ni un centímetro más, ni un centímetro menos.

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