domingo, 16 de octubre de 2016

Acertijos en las tinieblas



A los pies de la Montaña
Nublada Gollum se esconde:
una criatura huraña
que a sí misma se responde.

Poca fuerza, mucha maña,
pérfido mas no brillante;
sigiloso cual araña,
la piel como de elefante.

Tiene la voz de serpiente,
tiene los ojos de un lobo;
incurre frecuentemente
en el hurto y en el robo.

Navega en las aguas frías
de un lago subterráneo.
Sin blancura en las encías,
Sin pelos en el cráneo;

Sin cordura en la cabeza,
Sin razón y sin amor.
La boca en silencio reza
una adivinanza en flor.

«No es un árbol, tiene hojas.
No es un dragón, tiene lomo.
Y si al fuego tú lo arrojas,
el aire se vuelve plomo.»

Aunque la respuesta es fácil,
no es difícil comprender
que sin importar cuán grácil
sea el juego a entender,

ganar no tiene sentido
si nadie el triunfo celebra.
El ex hobbit, consumido
por esta obsesión, enebra

una nueva adivinanza.
«Corre sin pies y sin ruedas,
corre mas nunca se cansa;
aunque velozmente puedas

correr, no lo alcanzarás.»
Acertijo rebuscado
pero lo adivinarás
si dos veces la has pensado.

Puedes hallar las respuestas
a tu alrededor, incluso
en desiertos y florestas,
en palabras en desuso,

en océanos y montes,
en mesetas y riachuelos.
Gollum, sin ver horizontes,
meditando bajo el suelo,

puede imaginar las rimas
que a prueba ponen su ingenio.
No busques las altas cimas
para oír la voz de un genio.

Porque Gollum es astuto,
a pesar de que está hundido
en la locura y el luto.
Pero mis palabras mido,

no sea que oiga mi voz
y en las cavernas me encuentre...
¡Por que sólo sabe Dios
cómo podré hacerle frente!






Acertijos era todo en lo que podía pensar.

El Hobbit (1937), de J. R. R. Tolkien.
Capítulo V, Acertijos en las tinieblas.

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