lunes, 17 de octubre de 2016

Comentar ≠ Opinar



Uno de los problemas con los que más lidio como autor de un blog no es la búsqueda de originalidad en mis artículos, sino... ¡los comentarios en otros blogs! Últimamente, he leído entradas en las que comparto la opinión del autor, pero a la hora de escribir un comentario, tengo las neuronas muertas. Tal vez porque mi cerebro está reventado después de ceremoniosas sesiones de escritura, tal vez porque no quiero publicar una frase como «Me encantó tu entrada, te estoy siguiendo». Yo no tengo problemas en recibir esta clase de respuestas en mis publicaciones, pero yo, que exijo bastante de mí mismo a la hora de transmitir algo, realmente quiero expresar lo mucho que me gustó lo que escribiste...

Y no puedo.

Los agradecimientos son un caso aparte. La gratitud siempre se expresa en pocas palabras. Y los que escriben no siempre hallan las palabras para expresar esos sentimientos que los avasallan. Me honra recibir de los blogs que reseño un mensaje de gratitud. Yo entiendo perfectamente cuando alguien dice «No me salen las palabras, pero gracias». Y no hace falta recibir una carta llena de elogios. Con sonsacar una sonrisa al lector me basta. Esta es mi mínima retribución. Ahora, prosigamos.

Yo soy un seguidor silencioso que sigue religiosamente a los bloggers y a los booktubers. Raras veces (muy raras veces) comento, lo que no significa que no me gustan sus páginas. Porque por algo las sigo.

El verdadero problema es materializar nuestras opiniones en palabras honestas y profundas. No entregarnos a la mera frivolidad del «Me gusta». El like simplifica, efimeriza, mortaliza. Todo es instantáneo y desechable. Incluso nuestras preferencias.

El minimalismo impuesto por las redes sociales es un embudo que estrecha la corriente de pensamientos que fluye a través de nosotros. El lenguaje que utilizamos para interactuar con otros usuarios ha sido mutilado. Lo que pienso no puede ser representado en un estado de Facebook. Necesito recurrir a todo un universo de palabras para expresar con claridad mi visión del mundo.

Cuando escribo un comentario, no lo hago por catarsis, obsecuencia u obligación. Un comentario es la representación de un punto de vista. No es spam, no es réplica, no es crítica. Es opinión.

Y lo que verdaderamente espero en mis lectores –sean muchos, sean pocos– es que ellos sean capaces de asumir una posición firme y propia, a favor o en contra, de mis opiniones marginales. Que discutan, que polemicen, que cuestionen. Que no acepten todo lo que yo les diga como si yo fuera el poseedor de la verdad absoluta. Porque no lo soy.

Hay que dejar de comentar y empezar a opinar. ¿Qué piensan?

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