martes, 11 de octubre de 2016

Cualquier semejanza con la realidad es pura intencionalidad del autor



Los libros más peligrosos son aquellos que se parecen demasiado a la realidad. Corrijo: los libros más peligrosos son los que te dicen cómo debe ser la realidad.

Un libro que te dice lo que debe ser no es un libro.

Esta es una de las reglas que me ayudan a determinar qué es y qué no es literario. Pero, ¡ojo! No es una regla de oro. Cuando Harriet B. Stowe escribió La cabaña del Tío Tom, lo hizo con una finalidad muy específica: abogar por la causa abolicionista.

¿Por qué La cabaña del Tío Tom es una obra literaria? Que los acontecimientos detallados en el libro sean ficticios, aun partiendo de la preexistencia de un hecho histórico-social como lo fue la institución de la esclavitud en Norteamérica, es un pormenor aparte. La pluma de Stowe muestra lo que fue o lo que es en el artificio de la representación. La prioridad es la narración y lo que acontece a los personajes. Pero lo que debe ser también está a la vista. La autora nos muestra el horror de los esclavos para que nosotros tomemos cartas en el asunto de una vez por todas.

Pero, ¿cuál es la diferencia entre una novela y un discurso abolicionista? Que en la novela, lo importante es contar la historia. Sea o no ficticia. El discurso político, en cambio, busca constantemente persuadirnos de una idea. Si en un libro prima más lo segundo que lo primero, estamos ante la presencia de algo que no es literario, por más que tenga calidad poética.

Es complicado... pero ustedes, que son lectores, entienden qué es lo que se pone en juego a la hora de escribir y cuál es la diferencia básica entre un libro de ciencias políticas y una novela de Suzanne Collins.

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