viernes, 7 de octubre de 2016

El bol*** que se sacó un dos en gramática



Vos me preguntaste
cómo me fue en el examen.
«Un dos me saqué», dije
y sin motivo me retaste.

«¡Andá a estudiar!», me gritaste.
«Es lo único que tenés que hacer.»
«Sólo vas a mirar chicas... ¿o qué?»
«¡Pobrecito, tu padre!»

Querés ser arquitecta,
metiste cinco materias.
Me restregás en la cara
tu sudor e inteligencia.

Decís que estoy lleno de hormonas
hasta la garganta.
Me ves tenso y callado;
parece que esto te encanta.

Mientras te cagás de risa,
me pregunto qué te hice
para que me humilles
ante la vista de todos.

Le hacés bromas a mi viejo.
«¡Cuidadito con tu hijo!»
Para vos, soy un pendejo
pelotudo y consentido.

Sólo vengo a laburar
sin joder a nadie.
Anoto los pedidos
y luego salgo a la calle.

Pensás que soy un vago
que sigue la baba al diablo.
Mejor me voy al carajo
porque en tu opinión me cago.

No te mando a la mierda
porque a mí me enseñaron
a no perder el tiempo
respondiendo comentarios.

Mis oídos están sordos
y mis ojos están ciegos.
Mi boca está llena de odio,
pero... guardo silencio.

No tengo espuma en los labios
porque la llevo en el corazón.
El que me conoce
en esto me dará la razón.

Escribo esta canción
para no matarte.
Me arranco el odio del alma
y lo convierto en arte.

Tu opinión me importa un bledo.
Me señalás con el dedo
diciendo que estoy al pedo.
Y yo me pregunto: «¿En serio?»

¿En qué te jode
que yo me saque un dos?
Si ni yo soy Satanás,
si ni vos sos Dios.

La Señorita Perfección
necesita un mal ejemplo
para anunciar en el templo
que no es como el pecador.

A lo que respondo
con un gesto de silencio,
con una risa nerviosa
y con el temblor de mi cuerpo.

Nadie quiere fracasar
en todo lo hace.
Nadie quiere pensar
en todo lo que no hace.

Yo no me meto en tus asuntos;
no te metas en los míos.
Dejá que cave mi tumba en paz,
dejá que me ahogue en el río.

Si la vida de un suicida
dependiera de tu boca,
juntarías cadáveres como
pa’ llenar el estadio de Boca.

Pero no te preocupes,
no tengo resentimientos.
Los muertos no aman ni odian,
y según vos, yo soy un muerto.

No todos somos perfectos,
ni justos, ni rectos.
No todos somos sabios,
ni buenos, ni santos.
A mí me falta lo que vos tenés:
perspicacia, soberbia,
ingenio y altivez.

¿Sabés?
Tenés razón.
Será que soy un perdedor.
Un squenun, un fiacún,
un esgunfiado.
Un parásito, un gusano,
un ermitaño muy confiado.

Y así
es como se me van
las ganas de soñar.

Llego a mi casa
y me acuesto temprano.
Logro dormir
al cabo de un rato.
No tengo fuerzas
para estar enojado.

Mi niño interior quiere llorar.
Mi yo le dice que se aguante.
Cuando escriba este poema,
será demasiado tarde.

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