martes, 19 de septiembre de 2017

Reseña: “Batman: la broma asesina”, de Alan Moore y Brian Bolland


“Había una vez
dos tipos en un manicomio...”


La broma asesina es una obra maestra del noveno arte. Una pieza gráfica extraordinaria que no ha perdido ni perderá su merecida reputación de clásico sin importar cuánto tiempo transcurra. No porque sea de DC Comics o esté protagonizada por el arlequinesco archienemigo del Hombre Murciélago. Esta historia tiene mérito propio. Escrita por Alan Moore e ilustrada por Brian Bolland, el cómic que hoy reseño vio la luz en 1988, poco después de la publicación de los doce números de Watchmen.


No hay nada que yo pueda decir que no se haya dicho antes. Este cómic es accesible para cualquier tipo de lector: no hace falta ser un experto en DC Comics, ni siquiera un fanático de los tebeos, para disfrutarlo.

El argumento parte de la más sencilla de las antinomias: la lucha entre el Bien y el Mal. Y cuál es la línea divisoria entre ambas... si es que existe. ¿Qué es lo que diferencia a Batman del Guasón? Los dos son hombres disfrazados que cometen sus actos en los márgenes de la ley. Este es uno de los aspectos que inteligentemente se trabajan entre viñeta y viñeta: la locura, el sinsentido de la vida, la capacidad de reacción de los seres humanos ante el desastre y cómo sólo es necesario un mal día para que todo cambie. El antagonista, recién salido de Arkham, ha urdido un plan más allá de todos los límites concebidos hasta entonces, todo con el fin de demostrar su tesis de que la vida es un chiste. Y que la única respuesta lógica ante el horror es... reír.

El guión de Moore es una radiografía que desmenuza su filosofía y su aterradora perspectiva de un mundo que se parece mucho a un parque de atracciones lleno de monstruos. Los «recuerdos» del villano no son más que las trémulas remembranzas de un narrador poco fiable. Nadie puede confiar en el Guasón bajo ningún punto de vista, ni como ser humano ni como narrador de su propia historia. Pero, a la vez, esos recuerdos, que bien pueden ser verdaderos o falsos, contienen la sustancia original de la locura que hace de este payaso un psicópata corrosivo y escalofriante.



Si bien nuestro buen amigo Bruce Wayne aparece relativamente en pocas viñetas, como símbolo de la justicia y de la razón en Ciudad Gótica, no está dispuesto a dejarse llevar por las crueles artimañas de su némesis y decide tomar al toro por las astas. De hecho, la historia comienza con una visita al Asilo Arkham. El héroe está dispuesto a terminar de una vez por todas con esta absurda y violenta rivalidad de la forma más diplomática posible.

Por desgracia, en la celda del Guasón le espera una sorpresa desagradable. Lo que comenzó con una discreta misión de paz deviene en una carrera contrarreloj.

La broma asesina es la sobrina de Watchmen. Al menos, en el aspecto técnico. En sus páginas hallamos unos cuántos trucos narrativos que Moore ya utilizó en su obra anterior. Simetrías, superposiciones, flashbacks, diálogos ambiguos, simbolismos, etc. Lejos de desconcertarnos y hacernos decir «¡Esto ya se ha visto!», la caja de herramientas que despliegan las páginas de este cómic está bien abastecida, y los recursos están bien acomodados.

Si el guión de Alan Moore es de por sí atrapante en su simplicidad, el arte de Brian Bolland es magnífico y le otorga a la obra un carácter gráfico acabado. Sus viñetas han pasado a la historia. La sonrisa demencial del Guasón y la expresión de Barbara Gordon al abrir la puerta de su apartamento son escenas que perdurarán para siempre en las retinas de sus lectores.

Podríamos decir un millón de cosas más respecto a esta joya de 46 páginas inolvidables. Batman: la broma asesina es la mejor recomendación para todos aquellos que se aproximan al mundo de los cómics por primera vez, para quienes disfrutan de las buenas historias, para los fans del Encapotado y también para los que no lo son tanto.



jueves, 7 de septiembre de 2017

Reseña: “La Torre Oscura II - La llegada de los tres”, de Stephen King




«Tres.
Ése es el número de tu destino.»










¡Bienvenidos a Opiniones marginales! En esta maratón de reseñas de Stephen King, en concordancia con la Fiebre de la Torre Oscura, les traigo mi opinión acerca del segundo libro de la saga: La llegada de los tres. Esta pieza, más extensa que su predecesora, nos presenta a Roland Deschain horas después del final de El pistolero a orillas del mar, donde está a punto de ocurrir uno de los sucesos más determinantes de la serie.

En La llegada de los tres, a diferencia de la entrega anterior, la narración está mucho más estructurada en forma de novela y la cantidad de páginas es considerable. Este título tiene mucha más acción, energía y movimiento. King intenta dejar atrás el registro introductorio/explicativo para empezar a inyectarnos adrenalina, preparando el terreno para todo lo que se va a venir después.

Este libro introduce dos nuevos personajes importantísimos en la mitología de la Torre Oscura: Eddie Dean y Odetta Holmes/Detta Walker.

Él es un yonqui neoyorquino y adicto a la heroína que trabaja para un mafioso llamado Enrico Balazar. Ella es una mujer afroamericana sin piernas con trastornos de personalidad múltiple.

Sí, la saga se vuelve más rara a medida que avanza y nos hace dudar de la cordura de nuestro buen amigo King, pero no se preocupen. Él sabe lo que hace... creo.

A mi buen juicio, este libro es...

¡JODIDAMENTE BUENO!


Situaciones contrarreloj, muchas idas y venidas, escenas desesperantes, portales a través del espacio y el tiempo, sangre, sudor y balas.

A pesar de lo que le sucede al principio de este libro –si ustedes leen las primeras páginas, lo averiguarán por su cuenta–, Roland demuestra ser un pistolero excepcional aun con dificultades extras. Eddie Dean, por su parte, es el alma de la fiesta cuyo sentido del humor sirve de contrapeso a toda la violencia que encierra esta novela; sin embargo, su pasado y presente trágico, estrechamente vinculado a la relación con su hermano mayor, Henry, transforma a este heroinómano en un personaje con el que llegamos a tener cierta empatía a pesar de sus tacos y sus malos hábitos. En cuanto a Odetta/Detta... ¡esa perra está loca! Lisa y llanamente. Es un personaje completamente impredecible que nos mantiene en tensión todo el tiempo, con un pasado tan conflictivo como el de Eddie y con más de un misterio bajo la manga.

«¡Un momento! El título dice tres pero mencionaste dos personajes... ¿cuál es el tercero?». Lo único que les voy a decir al respecto es que lo que suceda con él afectará de forma determinante todos los sucesos que ocurrirán en los próximos libros. Ya lo descubrirán por su cuenta.


Esta novela no se molesta en responder preguntas que ya venimos arrastrando desde el principio de la saga. Pero... ¡¿a quién cuernos le importa?! Todo tiene su tiempo. Los próximos seis libros traerán respuestas a estos enigmas. En esta entrega, lo único que hay que hacer es sentarse, leer y disfrutar de la acción.


La llegada de los tres, más dinámica, extensa y atrapante, nos muestra de una forma magistral el potencial de unos personajes arrastrados al borde de la resistencia física y psíquica, equilibrando la acción de la trama con el drama personal de cada uno de los protagonistas. Este libro compensa, por mucho, los tedios y lagunas de El pistolero, brindándoles a los lectores de la serie una buena dosis de aventura al más puro estilo King. ¿La cosa se pone mejor en la tercera entrega de la saga? Bueno, pronto lo averiguaremos...

viernes, 1 de septiembre de 2017

Reseña: “La Torre Oscura I - El pistolero”, de Stephen King

“El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba en pos de él.”

Quiero hablar de La Torre Oscura. Quiero hablar de tus ansias por ver la peli y leer el libro. Primera decepción: la novela no tiene el nivel de acción que nos vendió el trailer del filme. El pistolero, el título que encabeza la monumental saga escrita por Stephen King, tiene una narrativa lenta, enigmática y muy WTF?! Es una novela muy introductoria que de introductorio no tiene nada porque tampoco nos larga mucha data. La historia comienza in media res, con un tipo persiguiendo a otro tipo por razones que todavía desconocemos.

El perseguidor: un pistolero llamado Roland Deschain.

El perseguido: una extraña figura llamada el Hombre de Negro.

A partir de esta situación inicial arranca una saga extraordinaria de ocho libros cuyo argumento principal tiene sus altibajos. No lo voy a negar. Tampoco quiero desanimarlos. La Torre Oscura tiene un gran potencial narrativo, literario y simbólico. Pero hay que tener paciencia cuando se trata de King. Por varias razones.

Primero, porque él interconecta todos sus libros en un mismo universo. O sea que siempre hay referencias, obvias o veladas, a su propia producción textual. Segundo, el Maestro del Terror mezcla un montón de géneros literarios en esta serie: principalmente fantasía, ciencia ficción y western. Hay momentos en los que no sabemos dónde vamos a estar parados o por qué de pronto un elemento extraño aparece en el lugar menos pensado. Si tenés ganas de empezar la saga, armate de paciencia y de mucha fuerza de voluntad.

El pistolero es un libro breve. Originalmente, los cinco capítulos que lo conforman eran relatos que habían sido publicados por separado. La lectura en sí misma es ágil, poco dificultosa.

Peeeeero...

Si pensás que el narrador responderá a todas tus preguntas en un solo libro, estás muy equivocado.

Los flashbacks intercalados en la trama nos permiten echarle un vistazo al pasado de Roland y hacernos una idea de dónde viene, cómo era el mundo en el cual nació creció, cómo era exactamente la sociedad a la que pertenecía. Algo hizo que las cosas cambiaran... mucho. Este algo es lo que hace que el pistolero inicie su larga travesía hacia el lugar que da nombre a los libros. Esto, creo, es todo lo que necesitan saber.

¿Hay acción? Sí, algo. ¿Momentos dramáticos? Uff, si los hay. ¿Misterio? Muchísimo. ¿Y qué pensás del final? Esteee... Esta línea está imposibilitada para ayudarle. Ni muy muy, ni tan tan. Y eso es todo lo que voy a decir.


El pistolero es un libro que funciona como preámbulo a la verdadera acción que se concentra en la parte central de la saga, presentándonos a uno de los personajes más emblemáticos de la mitología literaria de King. Léanlo sin pretensiones iniciales y sin expectativas altas. Si se enganchan, les aseguro que lo que vendrá después será una aventura inolvidable. Ni más, ni menos.

sábado, 26 de agosto de 2017

¡Doble Book Tag y regreso triunfal con bombos y platillos...!

A ver... ¿Cómo empezamos esto?

«Iba a dejar este blog pero...» No, es un pésimo comienzo. ¿Qué tal: «Estuve ocupado con...»? No, tampoco. Bueno, comencemos de una vez por todas. No hay excusas. Estuve ausente. ¿Por qué? Porque no tenía ganas de escribir más reseñas. ¿Por qué volví? Porque tengo ganas. Fin de la historia. Se acabó. Punto. (Léase esto con la voz de Alastor Moody.)

Ahora, me nominaron para dos booktags. Una de esas nominaciones fue hace... ¿un mes? Demonios. Sol de Echesortu y Nati de Khaleesi Geek han sido las bloggers que me han nombrado para realizar el Book Tag: Under 200 y el Book Tag: Netflix, respectivamente. No soy fan de los booktags, peeeero...

En fin, empecemos por dónde habíamos quedado.



BOOK TAG: Under 200 (nominado por Sol)

1. ¿Cuál es tu escritor preferido?

Esta y «¿Cuántos años te faltan para terminar la carrera?» son las preguntas más crueles que me han hecho. Pero si tuviera que elegir a uno, uno solito, un único escritor, elegiría a Jorge Luis Borges. No puedo imaginar mi biblioteca y mi propio camino lector sin él. Sí, es rebuscado, enrevesado, utiliza palabras como «intrínsecamente» y «rúbrica», pero... ¡me encanta!



2. ¿Cuál es el libro que más veces releíste en tu vida?

Por lo general no vuelvo a tocar los libros que leo más que para recordar una frase o una escena que me gustó mucho. Pero si vamos al caso, «Operación Masacre», de Rodolfo Walsh, les gana al resto de los libros que he leído por goleada. No importa si lo leo 2, 50 o 120.000 veces, hay párrafos enteros que incluso hasta el día de hoy se aplican perfectamente a nuestra triste y corrupta realidad social.







3. ¿Qué libro me recomendarías?

«Historia de cronopios y de famas», de Julio Cortázar. Si querés empezar a leer literatura argentina o si recién te iniciás con este autor, esta es la mejor opción. Definitivamente.











4. De los libros que leíste este año, ¿cuál es el que más te gustó?

Mmmm... Difícil. Ah, no, esperen. Hay un libro. En realidad es una antología de cuentos de terror de Alberto Laiseca. Lamentablemente, este autor argentino falleció a fines del año pasado. Lector empedernido de King y de Poe, en este tomo recolecta historias de diferentes escritores. Y algunos relatos verdaderamente te hielan la sangre. Si quieren terror, y del bueno, léanlo. Es lo mejor que leí este año.








5. ¿Qué libro te gustaría que te regalaran para tu próximo cumpleaños?

No, la verdad es que estoy contento con lo que ya tengo en mi biblioteca, gracias (?) ¡No! Porque mucho nunca es suficiente... Si alguien quisiera conquistar mi corazoncito de ratón de biblioteca, tendría que obsequiarme nada más y a nada menos que una novela de Toni Morrison. Aunque he leído dos novelas de ella (Beloved y Una bendición), las fotocopias de la UBA no es algo que puedas colocar con comodidad en los estantes. Pero si algún noble espíritu quisiera obsequiarme algo (cof, cof) diría que mi regalo esperado sería Ojos azules. Me tengo que hacer un tiempito para hablar de literatura de autores afroamericanos, pero esa es harina de otro costal.



Ahora... ¡al otro tag!





BOOKTAG: Netflix (nominado por Nati, y aprovecho para mandarle saludos a Terco... ¡Hola, Terco!)


1. VISTO RECIENTEMENTE:  último libro que leíste

El legado maldito no fue mi última lectura, pero para no repetir a Laiseca, al cual mencioné en el tag anterior, elijo esta obra que... Bueno, yo no seré tan hiper-mega-potterhead como ustedes, pero me gustó y no me gustó a la vez. Esta pieza teatral ofrece mucha tela pa' cortar, pero ya hablaremos de eso en otro momento.









2. MEJORES OPCIONES: un libro que te han recomendado, basado en un libro que leíste

Julieta, una chica de un taller literario al que asisto, me prestó La historia del loco, de Katzenbach. Como saben, este novelista pisó tierra argentina este año y anunció la secuela de El psicoanalista. En este contexto, este libro llegó a mis manos. Podría escribir una reseña, pero no lo tengo tan fresco en estos momentos.










3. RECIENTEMENTE AGREGADO: el último libro que ha llegado a tu estantería.

I ♥ Stephen King. Mis amigos lectores saben que La Torre Oscura fue la saga que me marcó decisivamente. Mucho más que Harry Potter, Las Crónicas de Narnia, El Señor de los Anillos. ¿King es superior a Rowling, Lewis y Tolkien? Nah. Es más. Su obra tiene fallas. Muchas. Aún así, las aventuras de Roland a través del Mundo Medio me han influido mucho, como lector y como escritor. De modo que cuando mis profes de taller literario me obsequiaron esta nueva entrega, El viento a través de la cerradura, pegué el grito en el cielo. ¡Y cuando anunciaron que saldría la peli... wow!




4. POPULAR EN NETFLIX: libros que todos conocen (uno que ya hayas leído y otro que quieras leer)



He leído
No me gusto. Ni una pizca. Aún así
me gustaría tenerlo
en mi biblioteca.
¿Quién me entiende?

Ahora el que quiero leer es (redoble de tambores)...
¡Por trece razones,
de Jay Asher!
Tal vez el hype
(se dice así, ¿no?) suscitado por este fenómeno cultural haya disminuido...
apenas unos centímetros. 

Polémica,
dolorosa
y profunda.
Empujándonos la angustia por la garganta. La quiero leer. O ver, en su defecto. Porque estoy harto, hartísimo en el buen sentido de la palabra, que me la recomienden y no haber podido verla todavía.




5. COMEDIA: Un libro divertido

Acá elijo una novela un poquito polémica. Jesús me quiere, de David Safier. Una novela breve, no tan pretenciosa, pero que en su argumento hace una apuesta fuerte: ¿Qué pasaría si el hombre del cual estás completamente enamorada resulta ser el mismísimo Hijo de Dios? Sí, me refiero a Él. El Jefe de Jefes.











6. DRAMA: Personaje que es un rey o una reina del drama

Otra elección inesperada. El narrador protagonista de La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares. Es un personaje muy dramático, pero con un dramatismo que cuadra bien en el ambiente en el que transcurre la historia. Hay momentos del libro donde se nos rompe el corazón cada vez que describe tal o cual escena, donde relata sus esfuerzos continuos por entender situaciones verdaderamente incomprensibles. Quisiera ser más explícito, pero tendrán que leer la novela por su cuenta si quieren comprobar lo que digo.







7. ANIMADO: un libro con una caricatura en la portada

Argentina Zombie, de Luciano Saracino y Daniel Eduardo Mendoza. El primer libro que me compré con mi primer sueldo de telefonista de pizzería, hace una purretada de años. ¡Y también tiene reseña! AQUÍ.











8. VISTO OTRA VEZ: un libro que releerías

...si tuviera tiempo, 22/11/63, de Stephen King. Un ladrillo de papel que vale la pena leer. Reseña: AQUÍ.














9. ACCIÓN Y AVENTURA: un libro lleno de acción

No es país para viejos, de Cormac McCarthy. Acción, violencia, persecuciones, balas y un villano de la gran... Léanlo. Reseña: AQUÍ.














10. NUEVOS LANZAMIENTOS: un libro que se publicó hace poco o que todavía no se publica y que te morís por leer.

A ver... dependiendo de a qué llamemos poco. Por ejemplo, Justicia Auxiliar, de Ann Leckie. Una novela de ciencia ficción que se ha lanzado al mercado hace unos años y que ha merecido una reseña muy convincente de Impinchable. Elogiada por la crítica especializada en el género, merecedora de un premio Nébula y con una premisa muy particular, es uno de los títulos que más me han llamado la atención en estos tiempos.

Y eso fue todo por hoy. No es un retorno triunfal con bombos y platillos, pero pude cumplir con los tags. Como Opiniones marginales mantiene una cláusula de libre albedrío (???), no voy a etiquetar a nadie para no ponerlos en apuros. ¿Qué les pareció? Dejen sus comentarios abajo y nos leemos en la próxima entrada.

domingo, 9 de julio de 2017

Paréntesis de un mes

Algunas demoras son imperdonables.

Fuera de este texto, de ejecución acelerada y torpe, no publicaré nada más en todo el mes de julio. Realmente, después de una temporada en mis propios infiernos de tinta, necesito descolgarme del blog sin miedos ni culpas. I’m sorry, Sol Blanco, sé que me nominaste en el Book Tag: Under 200. Pero la sed de desconexión me excede. Agradezco la nominación.

En las entradas anteriores prometí un montón de cosas que sé que no cumpliré a corto plazo. En agosto, tal vez, me hallarán más fresco y animoso. Por lo demás, mi mente está en jaque mate, ocupada en otros proyectos externos a Opiniones marginales. No obstante, aprecio infinitamente a los que me siguen bancando, a esos lectores clandestinos que se suman a cuentagotas o en grandes oleadas.


Se abre un paréntesis de un mes. Comamos, bebamos y reposemos, que largo camino nos resta...

sábado, 17 de junio de 2017

¿Y si hablamos sobre la universidad?

     En mi lista de pendientes hay una monografía de Literatura Argentina I, un coloquio para una clase de Francés, un libro prestado que apenas comencé a leer (La historia del loco, de Katzenbach), otro que no empecé (Cell, de Stephen King), una historia que abandoné (La invención de la soledad, de Paul Auster) y la escritura de una novela que interrumpí para proseguir con mis obligaciones anteriores. Peeero...

     Hoy quiero hablar de otra cosa. Específicamente de la universidad.



     Yo soy estudiante de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. A pesar de que amo mi carrera y no puedo imaginarme a mí mismo haciendo otra cosa que no esté relacionada con literatura, nunca tuve la necesidad de hablar de lo que significa para mí ser universitario hasta que empecé a conocer a algunas personas que, ya en el último año de la secundaria, me confiaron sus inquietudes acerca de qué carrera o qué universidad elegir.

     En mi caso, aunque en el CBC tuve una crisis de y cada dos por tres quería arrojar las fotocopias por la ventana, ya tenía definido algo para mi futuro.

     Que las Letras formaran parte de él.

     Así que, teniendo en cuenta algunas de las cuestiones que me han presentado chicos y chicas en vías de terminar la secundaria, se me ocurrió preguntarles a ustedes, los-que-me-bancan, si quieren que escriba un poquito más acerca de mi experiencia universitaria y si desean que hable acerca de cuestiones concretas como la vocación, la elección de una carrera, etc.

     Les advierto que no soy el estudiante ejemplar y que ni siquiera estoy en la mitad del trayecto. Así que, en términos más o menos generales, como que estamos en la misma...

     Debido a esta época de exámenes últimos, la continuidad de Opiniones marginales obviamente se ha visto afectada, pero pronto el flujo de publicaciones se reanudará ni bien cumpla con mis responsabilidades. Mientras tanto, si desean dejarme alguna preguntilla por este blog, pueden hacerlo comentando esta entrada.

     Finalmente, leí El legado maldito, de Jack Thorne y John Tiffany. ¡HURRA! Tenía ganas de escribir una reseña acerca de esta obra teatral que suscitó opiniones encontradas en la comunidad potterhead. Sin embargo, como hay mucha tela de cortar y el tiempo es poco, es probable que postergue la publicación de esta reseña para un futuro cercano, y retomemos algunas cuestiones del universo de Harry Potter en la sección de Ravenclues.



     ¡Esto ha sido todo! ¡Que tengan un buen finde, y nos leemos próximamente!

miércoles, 14 de junio de 2017

Reseña: “Los intestinos inflamados”, de Anahí Ferreyra



–Papá no es tan malo...
–¡Uf, tu padre!
–Bueno,
está tratando de cambiar.
–Sí.
Todos estamos
tratando de cambiar.





Este libro me hizo sangrar los dientes.

Como un puñado de vidrio quebrado en tu boca, te abre surcos hondos en la lengua, dejándonos sin habla. Que no nos engañe su brevedad. Como una postal que representa un paisaje urbano, Anahí Ferreyra describe el microuniverso de una niña atravesada de adolescencias a fuerza de salvajes pinceladas. Lo que nos ofrece es un cuento que se sostiene en la solidez de los diálogos, la calidad humana de sus personajes, la alternancia de narradores, las ambivalencias y las incertidumbres.

El punto de partida es la relación disfuncional entre la niña y su padre biológico; el hecho de saberse accidente es lo que desencadena la trama.

El libro está genialmente escrito a tal punto que siento que no podría hablar de la historia misma sin estropearla con mis propias palabras.

Lo que sí puedo decir es que el artefacto de Ferreyra incorpora algunos ingredientes interesantes, como la elección de dos finales posibles y una dedicatoria larguísima que analizaré otro día. En esas líneas denuncia sus influencias –Puig y Cortázar, los notorios apellidos–, menciona varios nombres propios y condensa su inmensurable sentimiento de gratitud a los lectores de sus obras.

Los intestinos inflamados es una pieza minimalista publicada en el circuito independiente que me ha complacido leer y reseñar. Una lectura ligera pero potente, un estallido de granada que disemina esquirlas en el interior del espíritu, obligándonos a cuestionar una o dos cositas acerca de las relaciones humanas y el abismo de los sentimientos no correspondidos.

Aquí consigno la página de Facebook de la editorial Las Desenladrilladores.


Y a modo de cierre, agradecer a la autora que me ha tendido gentilmente una de sus piezas poéticas. Si me estás leyendo, Anahí, ¡gracias!

lunes, 29 de mayo de 2017

Reseña: “Todos deberíamos ser feministas”, de Chimamanda Ngozi Adichie + reflexión + dedicatoria

A Nati, a Terco
y a Belu (otra vez y siempre)



Quiero cerrar este mes con una reseña especial.

Antes de hablar de este libro, quiero hablar un poco de mí y mi relación con el término «feminismo».

Yo nunca pude corresponder a los irrisorios modelos de masculinidad que mi ambiente social instituía desde mi infancia. No me gusta hablar de deporte, de autos y (mucho menos) de «minas». Era introvertido, evitaba relacionarme con otros chicos de mi edad y no compartía sus mismos intereses.

En mi preadolescencia tuve la inevitable desgracia de conocer a otros muchachos que empezaron a cuestionar mi sexualidad en base a mis actitudes hacia el sexo opuesto. «Julián, ¿vos sos gay?» «¿Sos puto?» «¿Nunca le miraste las tetas a J.?» «¿Por qué no te gusta el fútbol?» «¿Por qué hablás de esta forma?»

Sí, literal. Me acribillaban a preguntas todo el tiempo.

Era una época donde mi autoestima se desintegraba y reconstruía constantemente. Yo tenía que aclarar –ahora me pregunto por qué– que me atraían las mujeres. Pero las palabras no alcanzaban nunca. Entonces, empecé a adoptar actitudes impropias de mí, consciente e inconscientemente.

Intentar «encajar» en ese microuniverso que no me aceptaba.

Por fortuna, fracasé.

Las construcciones culturales de mi ambiente social avalaban (¿no debería escribirlo en tiempo presente? Avalan) un modo de comportamiento establecido por el sexismo. El machismo no es sólo la fuerza física de un puño en la cara de una mujer. Es un peligroso sistema de pensamiento que encubre y oculta una serie de problemáticas mucho más complejas. La envergadura de este sistema llega a tal punto que cualquier varón que presente un comportamiento-no-prototípicamente-masculino (pongámoslo en términos sociológicos para que suene bien), es tachado de «pollerudo», «maricón» o «puto».

Y estoy siendo suave. Muy suave.

Así, cuando empecé a notar actitudes agresivas de algunos hombres de mi entorno respecto a sus parejas femeninas, me sobresalté.

¿Actitudes agresivas? Corrijo: escenas de violencia. Varones que callaban abruptamente a sus parejas en medio de una conversación o se mofaban de ellas en público. Declaraciones misóginas y aberrantes de adultos «a los que tenía que respetar». ¿En qué momento una típica discusión de pareja deja de serlo? ¿Cuando le decís a tu cónyuge que cierre la boca? ¿Cuándo hacés el eterno chiste malo acerca de las mujeres y las tarjetas de crédito? ¿Me tengo que reír de esto o me puedo ir? 

«No quiero ser como ellos», me decía a mí mismo.

Ni siquiera pensaba en el feminismo*.

El colectivo #NiUnaMenos no modificó en absoluto mi actitud hacia los problemas de las mujeres. Al contemplar las manifestaciones a través de las pantallas de televisión, pensaba: «¡Por fin la sociedad ha abierto los ojos!» Pero era un pensamiento cobarde, vacío, fruto de la contemplación, el desinterés y la inacción. Mi reacción ante cualquier problema seguía siendo la misma: mirar hacia el otro lado y dejar que las autoridades pertinentes se hagan cargo de la situación. «Aquí se libra una batalla a favor de una causa justa, pero el feminismo no es para mí», pensaba eventualmente.

Porque sólo puede ser ejercido por las mujeres.

Los hombres están fuera de la ecuación.

O, al menos, eso era lo que pensaba.

Belén Roggiero es booktuber; en su canal, Libro, Cámara, Acción, presentó una maravillosa reseña sobre un libro que influiría gravemente en mi vida: Para acabar con Eddy Bellegueule, de Edouard Louis. Poco tiempo después de ver el video, conseguí la novela y la comencé a leer a bordo del 136 rumbo a mi trabajo, un día en que los trenes no funcionaban.

La historia de Eddy me desgarró.

Este año comencé –y aún continúo leyendo– El segundo sexo, de Simone de Beauvoir. Extenso, pero enriquecedor.

Hace unos días, en una librería de la calle Puán, hallé un libro que Nati, administradora de Khaleesi Geek, había reseñado: Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie.

Lo compré. Era el último tomo disponible en el local. No me tomó mucho tiempo leerlo.




Una mujer
puede ser igual de inteligente, innovadora
y creativa que un hombre. Hemos evolucionado.
En cambio,
nuestras ideas sobre el género
no han evolucionado mucho.





Ahora quiero recomendárselo a todo el mundo, y seguir leyendo el resto de la producción textual de esta autora. Porque tiene mucho para decir al mundo. A hombres y a mujeres.

Este libro es una adaptación textual de una conferencia impartida por Adichie en 2012. A través de anécdotas, recuerdos de infancia y situaciones narradas con una refrescante cuota de humor, ella explica cuál es su posición respecto a las cuestiones de género en el mundo contemporáneo y cómo estas problemáticas afectan a ambos sexos.

La preocupación principal de la oradora es desmantelar los prejuicios en torno a la palabra «feminismo». Los medios de comunicación, especialmente las redes sociales, configuran un estereotipo de feminismo encarnado en un neologismo de reciente circulación: la idea de hembrista o feminazi. Adichie no la refiere en ningún momento, pero podemos arrojar una lectura sobre la construcción de la imagen negativa de la mujer feminista a partir del discurso de esta autora.

¿Por qué la mención del feminismo está tan cargada de connotaciones negativas en nuestra sociedad? Este es uno de los principales cuestionamientos que se plantea este libro. No es el único.

Ser feminista no es solo cosa de mujeres. La lucha corresponde a ambos sexos. El machismo imperante en las sociedades contemporáneas también afecta a los varones al encerrarlos en estereotipos fijos y en modos de comportamiento que coartan su libertad de acción y pensamiento. Porque los hombres, en este modelo de sociedad, «no pueden ser sensibles» y deben ser obligadamente «el sostén de la familia». Esto, por poner unos pocos ejemplos; hay mucha tela para cortar.

No quiero extenderme más en esta reseña porque Adichie lo resume todo en un discurso sencillo, transparente y movilizador. Pero sí quiero aprovechar esta oportunidad para decir que hay que perder el miedo a la palabra feminismo.

Hay que empezar a interiorizarnos en estas cuestiones, informarnos bien, obrar responsablemente y ser críticos. Ser feminista no significa ser sexista. Se trata de visibilizar los problemas económicos, políticos y sociales que produce esta visión machista del mundo y que afectan a ambos sexos en diferentes grados y niveles.

Este artículo, mitad catarsis y mitad reseña, tiene dedicatoria. Lo cual es rarísimo porque Opiniones marginales siempre se cierra sobre sí mismo. Pero sin el blog de Khaleesi Geek, capitaneado por Nati y Terco, a quienes sigo desde hace largo rato, no me hubiera topado con la charla de Adichie. ¡Gracias a ambos! Y, por supuesto, recomendar hasta que me sangren los labios el canal de Belu (Libro, Cámara, Acción), que me abrió las puertas a lecturas maravillosas que me marcaron como lector, como escritor y como ser humano.





NOTA


*Una mentira a medias: hay al menos otros dos textos en Opiniones marginales que, si bien no se podrían considerar directamente feministas, marcan una incipiente preocupación por la violencia de género. El incidente del Boulevard Perón a las 6:30 a.m. es un poema acerca de un intento de secuestro inspirado en un caso real. Transgresiones es un relato donde se narra una pelea de perros mientras un televisor transmite la noticia de un femicidio. Ambos textos datan de 2016.

viernes, 26 de mayo de 2017

Eso que llamamos «magia»: definiciones y teorías

La pregunta más importante es la que nunca se responde. Sin magia, el universo de Harry Potter no funcionaría. Pero, ¿cómo definirla en la lengua de los muggles?

¿Está definida por un principio puramente biológico? A lo largo de la saga se hace una distinción entre magos y no magos, pero hay hijos de muggles que pueden hacer prodigios, como Hermione.

¿Acaso la magia es intrínseca a los seres humanos y se concentra más en algunos individuos que en otros? Esto explicaría como los descendientes de muggles se inician en la magia y llegan a ser tan o más habilidosos de los de ascendencia pura, pero no rebatiría completamente el argumento genético. De hecho, entender el punto de vista de los magos acerca de la relación entre la sangre y la varita de un mago es fundamental, porque explica la postura ideológica de determinados personajes a lo largo de la heptalogía.

Por último, ¿qué papel juegan los squibs en la sociedad mágica? Rememoremos: un squib es un hijo de magos que no puede hacer magia. Una buena razón para apiadarnos, si esto es humanamente posible, de Argus Filch, celador de Hogwarts. Detrás de este personaje torvo y gruñón debe haber un niño destrozado por el rechazo, ¿no lo creen?




Nadie puede definir eso que llamamos magia, pero si se les ocurre algo, pueden escribir un comentario en esta entrada.


¡Gracias por leer y nos leemos en el próximo artículo de Opiniones marginales!

domingo, 21 de mayo de 2017

Reseña: “La cautiva”, de Esteban Echeverría





“Mira este puñal sangriento
y saltará de contento
tu corazón orgulloso...”







     Si quieren leer una historia con un personaje femenino fuerte, La cautiva es la recomendación perfecta para el invierno venidero. María, puñal en medio de la pampa, está a la altura de las Katniss y las Tris que hoy en día muchos admiran.

     Por lo general, se ha visto en muchas ediciones que esta pieza poética está acompañada por un cuento escrito por el mismo autor: El matadero. De esta relato ya nos ocuparemos en otro momento, en una próxima reseña.

     Unas aclaraciones.

     Primero: La cautiva es un poema...

     Segundo: ...publicado en 1837...

     Tercero: ...escrita por un autor argentino.

     Uno, dos, tres. Hay una cuarta: la representación del «indio» como salvaje, un tópico de la época que no desarrollaré exhaustivamente, porque en el siglo XIX a nadie se le ocurría pensar que los nativos americanos también eran seres humanos. Hay que tener en cuenta que Argentina era una patria fresca que acababa de divorciarse de España; con las tropas realistas expulsadas, la Independencia recién firmada y un puñado de provincias intentando organizarse y desangrándose en medio de guerras civiles...

     Bueno, hacer literatura en este contexto no es fácil.

     Echeverría, sin embargo, lo logró.

     El argumento: un hombre y una mujer raptados por un grupo de indios.

     O sea, lo que habitualmente podríamos esperar en los relatos ambientados en la frontera. El cliché colonial del malón con lanzas, caballos y fusiles.

     ¿Qué fue lo que más me llamó la atención de La cautiva?

     Que María hace todo lo que está a su alcance para salvar a Brián, su amado, de la pampa y sus peligros. Inspirada por el amor más puro, hace todo lo posible para liberarlo y mantenerlo con vida.

     El héroe no es el hombre, sino la mujer.

     La cautiva, en su forma poética, con una métrica predominantemente octosilábica precisa y sencilla, se deja leer con facilidad. En líneas brevísimas Echeverría nos describe los amaneceres y atardeceres en la llanura pampeana, de una forma tan hermosa y fascinante que a veces olvidamos que a pesar de la belleza existe el horror en sus contornos.

     Otro aspecto interesante son los epígrafes y las citas que preceden a cada uno de los capítulos: referencias a Byron, Lamartine, Dante Alighieri, Víctor Hugo...

     Lo local se mezcla con lo universal, tanto formal como temáticamente; a pesar de las locaciones, el drama de los amantes que luchan contra el destino para estar juntos es una de las tramas más consagradas de la historia de la literatura. La pluma de Echeverría, sin abusar de los colores locales, ha demostrado estar a la altura de las circunstancias para presentar una obra que instauró el romanticismo en el Río de la Plata.

     La cautiva es una de las primeras joyas de la literatura argentina que seduce, atrapa y fascina, como el dorado sol que baña el horizonte de fuego y sangre. Pero la marca diferencial que la distingue de otras historias es que, en esta ocasión, es la mujer la que sostiene el puñal de su destino.

lunes, 15 de mayo de 2017

FILBA/17: una tarde de sábado en diez instantáneas

I

Una blogger con la que me encontré en la Feria del Libro me respondió que el marco teórico no era necesario. Que los bloggers escribían reseñas porque les gustaban los libros que leían. Punto y aparte.
Me gustó mucho su opinión.
El problema es que yo sí necesito un marco teórico.
Si hubiera tenido tiempo, le hubiera explicado por qué pronuncié esas dos palabras en el stand en el que ella se encontraba.
Pero no lo tenía.
Sigo sin tenerlo.
Y se está acabando.


II

La única razón por la cual fui a la Charla de Booktubers este sábado fue para entender un poco más de dónde había surgido esa telaraña de canales y de jóvenes. (Miento: había otra razón, pero no se las pienso decir.)
Mientras hacía la fila para entrar a la Sala José Hernández, vi una libélula recortándose contra el lienzo azul del firmamento.
Un buen augurio de lo que estaba a punto de suceder.


III

La Sala tenía capacidad para 1.500 personas sentadas.
Yo fui el Nº 864.
Es curioso ver a un estudiante universitario del Conurbano con veintitrés primaveras encima en medio de un hilo de niñas y adolescentes que gritaban por la llegada del booktuber Sebas Mouret.
Me abrumaron dos sentimientos diferentes: el primero, la sensación de que estoy envejeciendo demasiado rápido como para entender a las nuevas generaciones que crecen en derredor mío; el segundo, que, en cierto modo, formaba parte de un hecho histórico. Recordaba las filmaciones en blanco y negro de los seguidores de los Beatles, por ejemplo. Las multitudes en torno a los ídolos juveniles de la década.
Para mí, pese a quien le pese y sin exagerar, los booktubers y los bloggers y los bookstagramers son un hecho histórico.
El problema es que no los tomamos lo suficientemente en serio como para escribir ensayos sobre ellos.


IV

Si tuviera que hacer una comparación acerca de lo que vi y viví en esa sala, elegiría la representación de una comedia romana. No lo digo en sentido peyorativo, sino todo lo contrario: vi a la masa juvenil viva en su esplendorosa virulencia. A los booktubers deslizándose en el escenario con su acompasada teatralidad al ritmo de una canción de Lady Gaga.
¿Les parece ridículo lo que les estoy contando? He oído a un hombre decir que ver las películas de Harry Potter incita a la brujería y al satanismo.
Eso sí que es ridículo.
Sofoco el trago amargo que me trepana la garganta y sigo...


V

Una pregunta insensata: ¿Cómo aparecieron los booktubers?
Una pregunta sensata: ¿Qué circunstancias posibilitaron el surgimiento de los booktubers?
Respuesta fácil: cámara, libros, Internet.
Respuesta difícil: la soledad.
La soledad es la condición natural y necesaria del lector. No de otro modo se disfruta la literatura.
Por eso nos impacta que el fenómeno de los booktubers haya movilizado a tantos lectores jóvenes.
Se supone que ellos, los otros, los raros, tendrían que estar encerrados en cuatro paredes, aislados del mundo.
Pregunta arriesgada: ¿quién los ha puesto en ese lugar?


VI

Bienvenidos a la Zona del Dolor.
No es un espacio geográfico.
Es un status quo culturalmente construido para todos aquellos que no aceptan ninguno de los estereotipos de individuo exitoso impuestos por el ambiente social.
En esa Zona, los padecientes lloran en los rincones, son víctimas de un hostigamiento sistematizado y sufren trastornos de diversa naturaleza.
La literatura es la puerta de salida de este Infierno que nosotros hemos construido.
Sí.
No puedo mirar hacia el otro lado.
Yo también soy cómplice.


VII

Hubo un momento en esa tarde que intenté sentir algo más allá del gozo.
¿Qué es lo que nos hace seguir a los booktubers?
¿Qué es lo que nos hace seguir a las celebridades en general?
¿Qué es lo que hace posible la existencia de ídolos?
¿Qué es lo que nos hace creer en los héroes o en los dioses?


VIII

Un detalle cómico: Natalia, de Tormenta Literaria, y Matías Gómez, hicieron una presentación con pelucas y bailes torcidos. Aludían constantemente a El Secreto, montando un sketch humorístico que no dejó de parecerme genial.
Sobre todo, porque para ser booktuber no hay secreto.
No hay secreto, pero hay Secreto.
(«Con mayúsculas», dijo Nati.)
Como la carta robada de Poe, el misterio está a la vista.
La receta es simple: libros + cámara + Internet.
Sencillo, ¿no?


IX

El problema es que nada es tan simple como parece.
Cuando alguien hace un truco de magia con naipes o monedas, somos perfectamente conscientes que el mago no tiene ninguna habilidad sobrenatural. Un mero movimiento de manos, estrategias para desviar la atención del espectador. Eso es todo.
Pero la magia no se agota allí.
Para que el truco funcione, tiene que haber alguien que lo haga y alguien que lo mire.
Y alguien que crea.
Esa capacidad de creer en la literatura más allá del umbral del dolor...
Eso es lo que me asombra.


X

Salí de la Sala después de tres horas y media de inmovilidad.
Luego, me fui.
En la salida, un violinista enhebraba una canción.
No saco fotos. Casi nunca lo hago.
Las imágenes me salen corridas u obscuras por alguna razón.
Soy un antiblogger más o menos decente, pero como fotógrafo soy un desastre.



EPÍLOGO

En Tu nombre está lleno de suerte, relato veridiquísimo a pesar de las licencias poéticas, anuncié mi intención y mi esperanza de que alguien escribiera en el futuro un libro acerca de los bloggers, los booktubers y los bookstagramers. Temo, naturalmente, el incumplimiento de esta profecía.

Si estos diez microrrelatos configuran acaso la semilla de esta vid inmensurable, sólo el Tejedor de Destinos lo sabrá.

Me abstengo de condimentar estos párrafos con las poquísimas fotografías que saqué en la Sala J. Hernández. La imaginación del lector, más rica en colores y percepciones, agregará a este texto las metáforas que faltan.


Además, soy un pésimo fotógrafo.

jueves, 11 de mayo de 2017

Reseña: “La familia del Comendador”, de Juana Manso






En los primeros días
        de juventud
no hay negocio más serio
que el amor...









No digas nunca que no leerás una novela romántica. La vida nos sorprende con giros inesperados. La cátedra Amante de Literatura Argentina hizo llegar a mis manos una obra que no pensé que me llegaría a gustar tanto. La familia del Comendador, desde su título, nos promete intrigas amorosas, escenarios lujosos y personalidades de fuerte carácter.

Ante todo, ¿quién es Juana Manso? El nombre de esta mujer trascendió en la historia por ser considerada una precursora del feminismo en Argentina. Una pluma hábil, un notorio activismo político y un fuerte rechazo social hacia esta figura marcan su biografía. No es mi intención develar aquí su vida y obra, que está a disposición de quienes quieran rastrearla en los bancos de información digital y en las bibliotecas.

La familia del Comendador acata las características del relato romántico tradicional. No obstante la exquisita escritura que estructura el argumento, Manso introduce fuertes críticas sociales que no desencajan con el desarrollo de la historia. Le clava el puñal a todos: desde la institución de la esclavitud hasta las monjas de los conventos católicos. Nadie se zafa.

La acción transcurre en Brasil, en algún momento del siglo XIX, antes de la abolición de la esclavitud. En la quinta de Botafogo, los pasados, misterios y amores de una familia noble entrechocan entre sí. Gabriela das Neves se ha enamorado de un joven de nombre desconocido, pero sus padres han preparado para ella otro designio: casarse con su tío Juan y preservar la fortuna de su linaje. Una serie de eventos inesperados y decisiones desesperadas amenaza con dislocar los planes del Comendador. ¿Triunfará el amor verdadero por sobre los intereses terrenales?

Muy telenovelesco, ¿no? Lo es, y precisamente esto es lo que me atrae de la novela. Las figuras y situaciones prototípicas del relato romántico están allí. Entonces, ¿cuál es la novedad en esta pieza de antigüedad?

En primer lugar, su brevedad. El libro se lee en un abrir y cerrar de ojos. Manso no dedica muchos párrafos a cada sentimiento que atraviesa a los protagonistas. Su escritura es muy directa y activa. La clave de esta escritura se halla en su contexto de publicación: La familia del Comendador fue originariamente un folletín cuyos capítulos se imprimían en el periódico Álbum de Señoritas, en 1854. Por esta razón los lectores de hoy se pueden desconcertar cuando la narradora reitera eventos acontecidos en episodios anteriores o cae en redundancias que parecen irrisorias a simple vista.

Otro aspecto que suma puntos es el lenguaje poético de la autora: en poquísimas palabras condensa toda la tensión abrumadora que abate a los personajes. Con esta obra, Manso se consolida como narradora y poeta a la vez, con una voz poderosa que maravilla y desgarra. Sus descripciones son precisas y gráficas, pero sorprendentemente no cae en el tedio de la minuciosidad. Lo que nos cuenta nos conduce directamente a la acción de los hechos.

La utilización de algunos recursos como el flashback, la elipsis o la metáfora, nos insinúan la pluma de una escritura moderna en todo sentido. La autora supo manejar estas herramientas en una época donde la profusión de imágenes enceguecedoras es la norma en muchas producciones textuales. Manso no describe: muestra. En completa sincronía con el ritmo de la narración, intercala escenas decisivas, reflexiones agudas y frases memorables.

Los personajes no pueden ofrecer nada nuevo a aquel que entiende de antemano las formas de las obras románticas clásicas. Pero, si uno lo permite, los protagonistas de esta historia imbricada y fascinante pueden llegar a conmovernos, afligirnos o incluso enfurecernos.

Con la esperanza que La familia del Comendador halle su modesto rincón en las bibliotecas de las nuevas generaciones, recomiendo la edición realizada por Colihué, con prólogo de Lidia Lewkowicz.


Pronunciadas mis felices declaraciones, que nosotros, lectores argentinos, reivindiquemos en este nuevo siglo la pluma de una mujer que lucho por tanto y cuyo talento no fue poco...