sábado, 17 de junio de 2017

¿Y si hablamos sobre la universidad?

     En mi lista de pendientes hay una monografía de Literatura Argentina I, un coloquio para una clase de Francés, un libro prestado que apenas comencé a leer (La historia del loco, de Katzenbach), otro que no empecé (Cell, de Stephen King), una historia que abandoné (La invención de la soledad, de Paul Auster) y la escritura de una novela que interrumpí para proseguir con mis obligaciones anteriores. Peeero...

     Hoy quiero hablar de otra cosa. Específicamente de la universidad.



     Yo soy estudiante de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. A pesar de que amo mi carrera y no puedo imaginarme a mí mismo haciendo otra cosa que no esté relacionada con literatura, nunca tuve la necesidad de hablar de lo que significa para mí ser universitario hasta que empecé a conocer a algunas personas que, ya en el último año de la secundaria, me confiaron sus inquietudes acerca de qué carrera o qué universidad elegir.

     En mi caso, aunque en el CBC tuve una crisis de y cada dos por tres quería arrojar las fotocopias por la ventana, ya tenía definido algo para mi futuro.

     Que las Letras formaran parte de él.

     Así que, teniendo en cuenta algunas de las cuestiones que me han presentado chicos y chicas en vías de terminar la secundaria, se me ocurrió preguntarles a ustedes, los-que-me-bancan, si quieren que escriba un poquito más acerca de mi experiencia universitaria y si desean que hable acerca de cuestiones concretas como la vocación, la elección de una carrera, etc.

     Les advierto que no soy el estudiante ejemplar y que ni siquiera estoy en la mitad del trayecto. Así que, en términos más o menos generales, como que estamos en la misma...

     Debido a esta época de exámenes últimos, la continuidad de Opiniones marginales obviamente se ha visto afectada, pero pronto el flujo de publicaciones se reanudará ni bien cumpla con mis responsabilidades. Mientras tanto, si desean dejarme alguna preguntilla por este blog, pueden hacerlo comentando esta entrada.

     Finalmente, leí El legado maldito, de Jack Thorne y John Tiffany. ¡HURRA! Tenía ganas de escribir una reseña acerca de esta obra teatral que suscitó opiniones encontradas en la comunidad potterhead. Sin embargo, como hay mucha tela de cortar y el tiempo es poco, es probable que postergue la publicación de esta reseña para un futuro cercano, y retomemos algunas cuestiones del universo de Harry Potter en la sección de Ravenclues.



     ¡Esto ha sido todo! ¡Que tengan un buen finde, y nos leemos próximamente!

miércoles, 14 de junio de 2017

Reseña: “Los intestinos inflamados”, de Anahí Ferreyra



–Papá no es tan malo...
–¡Uf, tu padre!
–Bueno,
está tratando de cambiar.
–Sí.
Todos estamos
tratando de cambiar.





Este libro me hizo sangrar los dientes.

Como un puñado de vidrio quebrado en tu boca, te abre surcos hondos en la lengua, dejándonos sin habla. Que no nos engañe su brevedad. Como una postal que representa un paisaje urbano, Anahí Ferreyra describe el microuniverso de una niña atravesada de adolescencias a fuerza de salvajes pinceladas. Lo que nos ofrece es un cuento que se sostiene en la solidez de los diálogos, la calidad humana de sus personajes, la alternancia de narradores, las ambivalencias y las incertidumbres.

El punto de partida es la relación disfuncional entre la niña y su padre biológico; el hecho de saberse accidente es lo que desencadena la trama.

El libro está genialmente escrito a tal punto que siento que no podría hablar de la historia misma sin estropearla con mis propias palabras.

Lo que sí puedo decir es que el artefacto de Ferreyra incorpora algunos ingredientes interesantes, como la elección de dos finales posibles y una dedicatoria larguísima que analizaré otro día. En esas líneas denuncia sus influencias –Puig y Cortázar, los notorios apellidos–, menciona varios nombres propios y condensa su inmensurable sentimiento de gratitud a los lectores de sus obras.

Los intestinos inflamados es una pieza minimalista publicada en el circuito independiente que me ha complacido leer y reseñar. Una lectura ligera pero potente, un estallido de granada que disemina esquirlas en el interior del espíritu, obligándonos a cuestionar una o dos cositas acerca de las relaciones humanas y el abismo de los sentimientos no correspondidos.

Aquí consigno la página de Facebook de la editorial Las Desenladrilladores.


Y a modo de cierre, agradecer a la autora que me ha tendido gentilmente una de sus piezas poéticas. Si me estás leyendo, Anahí, ¡gracias!

lunes, 29 de mayo de 2017

Reseña: “Todos deberíamos ser feministas”, de Chimamanda Ngozi Adichie + reflexión + dedicatoria

A Nati, a Terco
y a Belu (otra vez y siempre)



Quiero cerrar este mes con una reseña especial.

Antes de hablar de este libro, quiero hablar un poco de mí y mi relación con el término «feminismo».

Yo nunca pude corresponder a los irrisorios modelos de masculinidad que mi ambiente social instituía desde mi infancia. No me gusta hablar de deporte, de autos y (mucho menos) de «minas». Era introvertido, evitaba relacionarme con otros chicos de mi edad y no compartía sus mismos intereses.

En mi preadolescencia tuve la inevitable desgracia de conocer a otros muchachos que empezaron a cuestionar mi sexualidad en base a mis actitudes hacia el sexo opuesto. «Julián, ¿vos sos gay?» «¿Sos puto?» «¿Nunca le miraste las tetas a J.?» «¿Por qué no te gusta el fútbol?» «¿Por qué hablás de esta forma?»

Sí, literal. Me acribillaban a preguntas todo el tiempo.

Era una época donde mi autoestima se desintegraba y reconstruía constantemente. Yo tenía que aclarar –ahora me pregunto por qué– que me atraían las mujeres. Pero las palabras no alcanzaban nunca. Entonces, empecé a adoptar actitudes impropias de mí, consciente e inconscientemente.

Intentar «encajar» en ese microuniverso que no me aceptaba.

Por fortuna, fracasé.

Las construcciones culturales de mi ambiente social avalaban (¿no debería escribirlo en tiempo presente? Avalan) un modo de comportamiento establecido por el sexismo. El machismo no es sólo la fuerza física de un puño en la cara de una mujer. Es un peligroso sistema de pensamiento que encubre y oculta una serie de problemáticas mucho más complejas. La envergadura de este sistema llega a tal punto que cualquier varón que presente un comportamiento-no-prototípicamente-masculino (pongámoslo en términos sociológicos para que suene bien), es tachado de «pollerudo», «maricón» o «puto».

Y estoy siendo suave. Muy suave.

Así, cuando empecé a notar actitudes agresivas de algunos hombres de mi entorno respecto a sus parejas femeninas, me sobresalté.

¿Actitudes agresivas? Corrijo: escenas de violencia. Varones que callaban abruptamente a sus parejas en medio de una conversación o se mofaban de ellas en público. Declaraciones misóginas y aberrantes de adultos «a los que tenía que respetar». ¿En qué momento una típica discusión de pareja deja de serlo? ¿Cuando le decís a tu cónyuge que cierre la boca? ¿Cuándo hacés el eterno chiste malo acerca de las mujeres y las tarjetas de crédito? ¿Me tengo que reír de esto o me puedo ir? 

«No quiero ser como ellos», me decía a mí mismo.

Ni siquiera pensaba en el feminismo*.

El colectivo #NiUnaMenos no modificó en absoluto mi actitud hacia los problemas de las mujeres. Al contemplar las manifestaciones a través de las pantallas de televisión, pensaba: «¡Por fin la sociedad ha abierto los ojos!» Pero era un pensamiento cobarde, vacío, fruto de la contemplación, el desinterés y la inacción. Mi reacción ante cualquier problema seguía siendo la misma: mirar hacia el otro lado y dejar que las autoridades pertinentes se hagan cargo de la situación. «Aquí se libra una batalla a favor de una causa justa, pero el feminismo no es para mí», pensaba eventualmente.

Porque sólo puede ser ejercido por las mujeres.

Los hombres están fuera de la ecuación.

O, al menos, eso era lo que pensaba.

Belén Roggiero es booktuber; en su canal, Libro, Cámara, Acción, presentó una maravillosa reseña sobre un libro que influiría gravemente en mi vida: Para acabar con Eddy Bellegueule, de Edouard Louis. Poco tiempo después de ver el video, conseguí la novela y la comencé a leer a bordo del 136 rumbo a mi trabajo, un día en que los trenes no funcionaban.

La historia de Eddy me desgarró.

Este año comencé –y aún continúo leyendo– El segundo sexo, de Simone de Beauvoir. Extenso, pero enriquecedor.

Hace unos días, en una librería de la calle Puán, hallé un libro que Nati, administradora de Khaleesi Geek, había reseñado: Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie.

Lo compré. Era el último tomo disponible en el local. No me tomó mucho tiempo leerlo.




Una mujer
puede ser igual de inteligente, innovadora
y creativa que un hombre. Hemos evolucionado.
En cambio,
nuestras ideas sobre el género
no han evolucionado mucho.





Ahora quiero recomendárselo a todo el mundo, y seguir leyendo el resto de la producción textual de esta autora. Porque tiene mucho para decir al mundo. A hombres y a mujeres.

Este libro es una adaptación textual de una conferencia impartida por Adichie en 2012. A través de anécdotas, recuerdos de infancia y situaciones narradas con una refrescante cuota de humor, ella explica cuál es su posición respecto a las cuestiones de género en el mundo contemporáneo y cómo estas problemáticas afectan a ambos sexos.

La preocupación principal de la oradora es desmantelar los prejuicios en torno a la palabra «feminismo». Los medios de comunicación, especialmente las redes sociales, configuran un estereotipo de feminismo encarnado en un neologismo de reciente circulación: la idea de hembrista o feminazi. Adichie no la refiere en ningún momento, pero podemos arrojar una lectura sobre la construcción de la imagen negativa de la mujer feminista a partir del discurso de esta autora.

¿Por qué la mención del feminismo está tan cargada de connotaciones negativas en nuestra sociedad? Este es uno de los principales cuestionamientos que se plantea este libro. No es el único.

Ser feminista no es solo cosa de mujeres. La lucha corresponde a ambos sexos. El machismo imperante en las sociedades contemporáneas también afecta a los varones al encerrarlos en estereotipos fijos y en modos de comportamiento que coartan su libertad de acción y pensamiento. Porque los hombres, en este modelo de sociedad, «no pueden ser sensibles» y deben ser obligadamente «el sostén de la familia». Esto, por poner unos pocos ejemplos; hay mucha tela para cortar.

No quiero extenderme más en esta reseña porque Adichie lo resume todo en un discurso sencillo, transparente y movilizador. Pero sí quiero aprovechar esta oportunidad para decir que hay que perder el miedo a la palabra feminismo.

Hay que empezar a interiorizarnos en estas cuestiones, informarnos bien, obrar responsablemente y ser críticos. Ser feminista no significa ser sexista. Se trata de visibilizar los problemas económicos, políticos y sociales que produce esta visión machista del mundo y que afectan a ambos sexos en diferentes grados y niveles.

Este artículo, mitad catarsis y mitad reseña, tiene dedicatoria. Lo cual es rarísimo porque Opiniones marginales siempre se cierra sobre sí mismo. Pero sin el blog de Khaleesi Geek, capitaneado por Nati y Terco, a quienes sigo desde hace largo rato, no me hubiera topado con la charla de Adichie. ¡Gracias a ambos! Y, por supuesto, recomendar hasta que me sangren los labios el canal de Belu (Libro, Cámara, Acción), que me abrió las puertas a lecturas maravillosas que me marcaron como lector, como escritor y como ser humano.





NOTA


*Una mentira a medias: hay al menos otros dos textos en Opiniones marginales que, si bien no se podrían considerar directamente feministas, marcan una incipiente preocupación por la violencia de género. El incidente del Boulevard Perón a las 6:30 a.m. es un poema acerca de un intento de secuestro inspirado en un caso real. Transgresiones es un relato donde se narra una pelea de perros mientras un televisor transmite la noticia de un femicidio. Ambos textos datan de 2016.

viernes, 26 de mayo de 2017

Eso que llamamos «magia»: definiciones y teorías

La pregunta más importante es la que nunca se responde. Sin magia, el universo de Harry Potter no funcionaría. Pero, ¿cómo definirla en la lengua de los muggles?

¿Está definida por un principio puramente biológico? A lo largo de la saga se hace una distinción entre magos y no magos, pero hay hijos de muggles que pueden hacer prodigios, como Hermione.

¿Acaso la magia es intrínseca a los seres humanos y se concentra más en algunos individuos que en otros? Esto explicaría como los descendientes de muggles se inician en la magia y llegan a ser tan o más habilidosos de los de ascendencia pura, pero no rebatiría completamente el argumento genético. De hecho, entender el punto de vista de los magos acerca de la relación entre la sangre y la varita de un mago es fundamental, porque explica la postura ideológica de determinados personajes a lo largo de la heptalogía.

Por último, ¿qué papel juegan los squibs en la sociedad mágica? Rememoremos: un squib es un hijo de magos que no puede hacer magia. Una buena razón para apiadarnos, si esto es humanamente posible, de Argus Filch, celador de Hogwarts. Detrás de este personaje torvo y gruñón debe haber un niño destrozado por el rechazo, ¿no lo creen?




Nadie puede definir eso que llamamos magia, pero si se les ocurre algo, pueden escribir un comentario en esta entrada.


¡Gracias por leer y nos leemos en el próximo artículo de Opiniones marginales!

domingo, 21 de mayo de 2017

Reseña: “La cautiva”, de Esteban Echeverría





“Mira este puñal sangriento
y saltará de contento
tu corazón orgulloso...”







     Si quieren leer una historia con un personaje femenino fuerte, La cautiva es la recomendación perfecta para el invierno venidero. María, puñal en medio de la pampa, está a la altura de las Katniss y las Tris que hoy en día muchos admiran.

     Por lo general, se ha visto en muchas ediciones que esta pieza poética está acompañada por un cuento escrito por el mismo autor: El matadero. De esta relato ya nos ocuparemos en otro momento, en una próxima reseña.

     Unas aclaraciones.

     Primero: La cautiva es un poema...

     Segundo: ...publicado en 1837...

     Tercero: ...escrita por un autor argentino.

     Uno, dos, tres. Hay una cuarta: la representación del «indio» como salvaje, un tópico de la época que no desarrollaré exhaustivamente, porque en el siglo XIX a nadie se le ocurría pensar que los nativos americanos también eran seres humanos. Hay que tener en cuenta que Argentina era una patria fresca que acababa de divorciarse de España; con las tropas realistas expulsadas, la Independencia recién firmada y un puñado de provincias intentando organizarse y desangrándose en medio de guerras civiles...

     Bueno, hacer literatura en este contexto no es fácil.

     Echeverría, sin embargo, lo logró.

     El argumento: un hombre y una mujer raptados por un grupo de indios.

     O sea, lo que habitualmente podríamos esperar en los relatos ambientados en la frontera. El cliché colonial del malón con lanzas, caballos y fusiles.

     ¿Qué fue lo que más me llamó la atención de La cautiva?

     Que María hace todo lo que está a su alcance para salvar a Brián, su amado, de la pampa y sus peligros. Inspirada por el amor más puro, hace todo lo posible para liberarlo y mantenerlo con vida.

     El héroe no es el hombre, sino la mujer.

     La cautiva, en su forma poética, con una métrica predominantemente octosilábica precisa y sencilla, se deja leer con facilidad. En líneas brevísimas Echeverría nos describe los amaneceres y atardeceres en la llanura pampeana, de una forma tan hermosa y fascinante que a veces olvidamos que a pesar de la belleza existe el horror en sus contornos.

     Otro aspecto interesante son los epígrafes y las citas que preceden a cada uno de los capítulos: referencias a Byron, Lamartine, Dante Alighieri, Víctor Hugo...

     Lo local se mezcla con lo universal, tanto formal como temáticamente; a pesar de las locaciones, el drama de los amantes que luchan contra el destino para estar juntos es una de las tramas más consagradas de la historia de la literatura. La pluma de Echeverría, sin abusar de los colores locales, ha demostrado estar a la altura de las circunstancias para presentar una obra que instauró el romanticismo en el Río de la Plata.

     La cautiva es una de las primeras joyas de la literatura argentina que seduce, atrapa y fascina, como el dorado sol que baña el horizonte de fuego y sangre. Pero la marca diferencial que la distingue de otras historias es que, en esta ocasión, es la mujer la que sostiene el puñal de su destino.

lunes, 15 de mayo de 2017

FILBA/17: una tarde de sábado en diez instantáneas

I

Una blogger con la que me encontré en la Feria del Libro me respondió que el marco teórico no era necesario. Que los bloggers escribían reseñas porque les gustaban los libros que leían. Punto y aparte.
Me gustó mucho su opinión.
El problema es que yo sí necesito un marco teórico.
Si hubiera tenido tiempo, le hubiera explicado por qué pronuncié esas dos palabras en el stand en el que ella se encontraba.
Pero no lo tenía.
Sigo sin tenerlo.
Y se está acabando.


II

La única razón por la cual fui a la Charla de Booktubers este sábado fue para entender un poco más de dónde había surgido esa telaraña de canales y de jóvenes. (Miento: había otra razón, pero no se las pienso decir.)
Mientras hacía la fila para entrar a la Sala José Hernández, vi una libélula recortándose contra el lienzo azul del firmamento.
Un buen augurio de lo que estaba a punto de suceder.


III

La Sala tenía capacidad para 1.500 personas sentadas.
Yo fui el Nº 864.
Es curioso ver a un estudiante universitario del Conurbano con veintitrés primaveras encima en medio de un hilo de niñas y adolescentes que gritaban por la llegada del booktuber Sebas Mouret.
Me abrumaron dos sentimientos diferentes: el primero, la sensación de que estoy envejeciendo demasiado rápido como para entender a las nuevas generaciones que crecen en derredor mío; el segundo, que, en cierto modo, formaba parte de un hecho histórico. Recordaba las filmaciones en blanco y negro de los seguidores de los Beatles, por ejemplo. Las multitudes en torno a los ídolos juveniles de la década.
Para mí, pese a quien le pese y sin exagerar, los booktubers y los bloggers y los bookstagramers son un hecho histórico.
El problema es que no los tomamos lo suficientemente en serio como para escribir ensayos sobre ellos.


IV

Si tuviera que hacer una comparación acerca de lo que vi y viví en esa sala, elegiría la representación de una comedia romana. No lo digo en sentido peyorativo, sino todo lo contrario: vi a la masa juvenil viva en su esplendorosa virulencia. A los booktubers deslizándose en el escenario con su acompasada teatralidad al ritmo de una canción de Lady Gaga.
¿Les parece ridículo lo que les estoy contando? He oído a un hombre decir que ver las películas de Harry Potter incita a la brujería y al satanismo.
Eso sí que es ridículo.
Sofoco el trago amargo que me trepana la garganta y sigo...


V

Una pregunta insensata: ¿Cómo aparecieron los booktubers?
Una pregunta sensata: ¿Qué circunstancias posibilitaron el surgimiento de los booktubers?
Respuesta fácil: cámara, libros, Internet.
Respuesta difícil: la soledad.
La soledad es la condición natural y necesaria del lector. No de otro modo se disfruta la literatura.
Por eso nos impacta que el fenómeno de los booktubers haya movilizado a tantos lectores jóvenes.
Se supone que ellos, los otros, los raros, tendrían que estar encerrados en cuatro paredes, aislados del mundo.
Pregunta arriesgada: ¿quién los ha puesto en ese lugar?


VI

Bienvenidos a la Zona del Dolor.
No es un espacio geográfico.
Es un status quo culturalmente construido para todos aquellos que no aceptan ninguno de los estereotipos de individuo exitoso impuestos por el ambiente social.
En esa Zona, los padecientes lloran en los rincones, son víctimas de un hostigamiento sistematizado y sufren trastornos de diversa naturaleza.
La literatura es la puerta de salida de este Infierno que nosotros hemos construido.
Sí.
No puedo mirar hacia el otro lado.
Yo también soy cómplice.


VII

Hubo un momento en esa tarde que intenté sentir algo más allá del gozo.
¿Qué es lo que nos hace seguir a los booktubers?
¿Qué es lo que nos hace seguir a las celebridades en general?
¿Qué es lo que hace posible la existencia de ídolos?
¿Qué es lo que nos hace creer en los héroes o en los dioses?


VIII

Un detalle cómico: Natalia, de Tormenta Literaria, y Matías Gómez, hicieron una presentación con pelucas y bailes torcidos. Aludían constantemente a El Secreto, montando un sketch humorístico que no dejó de parecerme genial.
Sobre todo, porque para ser booktuber no hay secreto.
No hay secreto, pero hay Secreto.
(«Con mayúsculas», dijo Nati.)
Como la carta robada de Poe, el misterio está a la vista.
La receta es simple: libros + cámara + Internet.
Sencillo, ¿no?


IX

El problema es que nada es tan simple como parece.
Cuando alguien hace un truco de magia con naipes o monedas, somos perfectamente conscientes que el mago no tiene ninguna habilidad sobrenatural. Un mero movimiento de manos, estrategias para desviar la atención del espectador. Eso es todo.
Pero la magia no se agota allí.
Para que el truco funcione, tiene que haber alguien que lo haga y alguien que lo mire.
Y alguien que crea.
Esa capacidad de creer en la literatura más allá del umbral del dolor...
Eso es lo que me asombra.


X

Salí de la Sala después de tres horas y media de inmovilidad.
Luego, me fui.
En la salida, un violinista enhebraba una canción.
No saco fotos. Casi nunca lo hago.
Las imágenes me salen corridas u obscuras por alguna razón.
Soy un antiblogger más o menos decente, pero como fotógrafo soy un desastre.



EPÍLOGO

En Tu nombre está lleno de suerte, relato veridiquísimo a pesar de las licencias poéticas, anuncié mi intención y mi esperanza de que alguien escribiera en el futuro un libro acerca de los bloggers, los booktubers y los bookstagramers. Temo, naturalmente, el incumplimiento de esta profecía.

Si estos diez microrrelatos configuran acaso la semilla de esta vid inmensurable, sólo el Tejedor de Destinos lo sabrá.

Me abstengo de condimentar estos párrafos con las poquísimas fotografías que saqué en la Sala J. Hernández. La imaginación del lector, más rica en colores y percepciones, agregará a este texto las metáforas que faltan.


Además, soy un pésimo fotógrafo.

jueves, 11 de mayo de 2017

Reseña: “La familia del Comendador”, de Juana Manso






En los primeros días
        de juventud
no hay negocio más serio
que el amor...









No digas nunca que no leerás una novela romántica. La vida nos sorprende con giros inesperados. La cátedra Amante de Literatura Argentina hizo llegar a mis manos una obra que no pensé que me llegaría a gustar tanto. La familia del Comendador, desde su título, nos promete intrigas amorosas, escenarios lujosos y personalidades de fuerte carácter.

Ante todo, ¿quién es Juana Manso? El nombre de esta mujer trascendió en la historia por ser considerada una precursora del feminismo en Argentina. Una pluma hábil, un notorio activismo político y un fuerte rechazo social hacia esta figura marcan su biografía. No es mi intención develar aquí su vida y obra, que está a disposición de quienes quieran rastrearla en los bancos de información digital y en las bibliotecas.

La familia del Comendador acata las características del relato romántico tradicional. No obstante la exquisita escritura que estructura el argumento, Manso introduce fuertes críticas sociales que no desencajan con el desarrollo de la historia. Le clava el puñal a todos: desde la institución de la esclavitud hasta las monjas de los conventos católicos. Nadie se zafa.

La acción transcurre en Brasil, en algún momento del siglo XIX, antes de la abolición de la esclavitud. En la quinta de Botafogo, los pasados, misterios y amores de una familia noble entrechocan entre sí. Gabriela das Neves se ha enamorado de un joven de nombre desconocido, pero sus padres han preparado para ella otro designio: casarse con su tío Juan y preservar la fortuna de su linaje. Una serie de eventos inesperados y decisiones desesperadas amenaza con dislocar los planes del Comendador. ¿Triunfará el amor verdadero por sobre los intereses terrenales?

Muy telenovelesco, ¿no? Lo es, y precisamente esto es lo que me atrae de la novela. Las figuras y situaciones prototípicas del relato romántico están allí. Entonces, ¿cuál es la novedad en esta pieza de antigüedad?

En primer lugar, su brevedad. El libro se lee en un abrir y cerrar de ojos. Manso no dedica muchos párrafos a cada sentimiento que atraviesa a los protagonistas. Su escritura es muy directa y activa. La clave de esta escritura se halla en su contexto de publicación: La familia del Comendador fue originariamente un folletín cuyos capítulos se imprimían en el periódico Álbum de Señoritas, en 1854. Por esta razón los lectores de hoy se pueden desconcertar cuando la narradora reitera eventos acontecidos en episodios anteriores o cae en redundancias que parecen irrisorias a simple vista.

Otro aspecto que suma puntos es el lenguaje poético de la autora: en poquísimas palabras condensa toda la tensión abrumadora que abate a los personajes. Con esta obra, Manso se consolida como narradora y poeta a la vez, con una voz poderosa que maravilla y desgarra. Sus descripciones son precisas y gráficas, pero sorprendentemente no cae en el tedio de la minuciosidad. Lo que nos cuenta nos conduce directamente a la acción de los hechos.

La utilización de algunos recursos como el flashback, la elipsis o la metáfora, nos insinúan la pluma de una escritura moderna en todo sentido. La autora supo manejar estas herramientas en una época donde la profusión de imágenes enceguecedoras es la norma en muchas producciones textuales. Manso no describe: muestra. En completa sincronía con el ritmo de la narración, intercala escenas decisivas, reflexiones agudas y frases memorables.

Los personajes no pueden ofrecer nada nuevo a aquel que entiende de antemano las formas de las obras románticas clásicas. Pero, si uno lo permite, los protagonistas de esta historia imbricada y fascinante pueden llegar a conmovernos, afligirnos o incluso enfurecernos.

Con la esperanza que La familia del Comendador halle su modesto rincón en las bibliotecas de las nuevas generaciones, recomiendo la edición realizada por Colihué, con prólogo de Lidia Lewkowicz.


Pronunciadas mis felices declaraciones, que nosotros, lectores argentinos, reivindiquemos en este nuevo siglo la pluma de una mujer que lucho por tanto y cuyo talento no fue poco...

sábado, 6 de mayo de 2017

Reseña: “Palabras cruzadas”, de Gabriel Rolón





“Un paciente no es una persona.
Un paciente no es un individuo.
Un paciente es un sujeto.”







La chica que me prestó este libro temió que no me gustara. Mi reputación como lector de literatura fantástica es indiscutible. Sin embargo, estoy abierto a todos los géneros. Julieta, si tus ojos recorren estas líneas, mi alma te dice gracias. Porque Palabras cruzadas ha sido una de las sorpresas literarias más agradables de este otoño.

El autor no empuña un lenguaje ampuloso y rebuscado. Un estilo sencillo, directo y ágil. No así las complejas situaciones que presentan cada uno de los cinco relatos, donde el terapeuta intenta descifrar el jeroglífico interior de sus pacientes. Aunque el psicoanálisis es la disciplina central que configura la base de las experiencias relatadas, Rolón, lejos de encumbrarlo como una ciencia exacta, lo coloca en interacción con otras ramas del conocimiento humano.

El prólogo –brillantemente escrito, por cierto– nos proporciona una clave de lectura: la importancia de la(s) palabra(s) en el proceso terapéutico. En cada uno de los casos, la atención que el psicoanalista presta a las frases pronunciadas por sus pacientes es fundamental para comprender la angustia casi inexplicable que los atormenta. El casi está justificado: el sufrimiento tiene un punto de origen, que no es el mismo en todos los sujetos. Rolón nos hace comprender que los métodos del psicoanálisis no son absolutos, que la distancia entre teoría y práctica es abismal. El consultorio es la sala de operaciones donde el terapeuta obra con discreción, eficiencia y meticulosidad. La mente como un bisturí que disecciona el discurso del Otro para averiguar qué es lo que yace tras la puerta del dolor.

Cada uno de los pacientes trae una pesada mochila dentro de su pecho. El terapeuta los acompaña en sus respectivos trayectos, padeciendo colateralmente sus agonías, tomando decisiones drásticas con ellos, palpando las heridas frescas de culpas reprimidas y oscuras penas.

Extender esta reseña más allá de sus límites para reivindicar cuán maravilloso e iluminador es esta pieza sería una injusticia a su autor, que sin ninguna pretensión o vanagloria describe modestamente los pormenores de su profesión.

En las vísperas del estreno de la adaptación cinematográfica de Los padecientes en Argentina, debo reconocer que Palabras cruzadas ha sido mi primera incursión a la producción textual de Rolón. Así como él se ha ganado la confianza de sus pacientes, esta escritura sin adornos ni florituras se ha ganado la atención de mis ojos.

lunes, 1 de mayo de 2017

Apuntes sobre una clase desgrabada de literatura argentina

LAS EDICIONES DE FACUNDO, clase de Josefina Cabo, jueves 27/04/17

Algunas cuestiones...

• Espacio y tipografía. La circulación del libro en el exterior.
• Política y tipografía.
• La figura del redactor («El gaucho malo de la prensa»).
• El folletín como forma de ocio y entretenimiento.
• Los diálogos entre comillas. La forma de los párrafos.
• La estructura del Facundo.
• El Facundo como ensayo serial.
• El diálogo entre la sección del folletín y el resto de las secciones del periódico.
• La cuestión religiosa.
• Los principios y los finales.
• Las erratas. Los usos de las fuentes tipográficas.


(Cita de Robert... ¿¿¿Darlton???, de la corriente de la historia del libro, autor de El Negocio de la Ilustración.)

(El orden de los libros, de Roger Chartier: «Contra una definición puramente semántica del texto [...], hay que sostener que las formas producen sentido...»)

Marlise Meyer, Folletín (en portugués) ---> El caso de Alejandro Dumas ---> Penny Line

A. R. Pérsico ---> «Las biografías de la barbarie»

E. Garrels, El Facundo como folletín. ---> La truculencia y el cuadro de costumbres. La lógica del recorte editorial. La división de los finales de los capítulos y el factor arbitrariedad.

F. Félix Aldao y apuntes biográficos.
E. Cambaceres. Popurrí.

CRONOLOGÍA

1943: Publicación de Mi defensa.
Marzo de 1845: recopilación del material para la biografía de Quiroga.
Abril de 1845: llegada de Baldomero García un emisario de Rosas a Chile.
1 de mayo de 1845: anuncio de La vida de J. F. Quiroga.
2 de mayo de 1845: primera publicación de Facundo en El Progreso, de Chile.
21 de junio: publicación del último número de Civilización y barbarie.
2* de julio: primera publicación del libro en quinientos ejemplares con la misma tipografía del folletín y en formato inoctavo (edición de bolsillo).
Septiembre del 1845: Publicación de Nuestro pecado de los folletines.

1851: segunda edición con Prólogo a Alsina.

jueves, 27 de abril de 2017

Hiperresumen del mes (más cruel) de abril

Abril es el mes más cruel... ¡Cuánta razón tenía Eliot!


Aunque hubo pocas publicaciones...

(en comparación con otros meses)

OPINIONES MARGINALES

siempre apuesta a la calidad sobre la cantidad.


Por lo tanto,
     aquí
     les
    traigo


un resumen
de lo que fue
el cuarto mes del año...


de Paul Auster.



de Newt Scamander.

(Sí, ya sé que Rowling lo escribió...)













Yyyyyyy ademáaaaaaas...





Y
ESO
ES
TO
D
O
.
.
.


[¡Gracias por leer!]

jueves, 13 de abril de 2017

¿Es ético comer ranas de chocolate?

Si no se han hecho esta pregunta antes, este es el mejor o el peor momento para hacerla. En este caso, remito a la adaptación cinematográfica de La piedra filosofal, ya que el libro no menciona explícitamente que estas golosinas estén «vivas» o que puedan saltar.

La última vez que vi la escena de Ron y Harry comiendo golosinas en el expreso a Hogwarts, me pregunté:

–¿Es ético comer una rana de chocolate? 

Mi hermana, compañera espectadora, dijo que no, que la rana estaba viva o animada, y que aún en caso de que compartiera la misma categoría que un objeto inerte, la criatura de chocolate no saltaría sin tener una razón para hacerlo.

–Pero estas ranas han sido creadas para ser comidas –dije yo.

–Sí, y las vacas han sido criadas para ser comidas –dijo ella.

Esto implica que la rana de chocolate y la vaca se hallan en el mismo nivel de clasificación. Observación que no comparto, porque la vaca no fue creada a partir de una masa de chocolate ni ha recibido el soplo de la vida mediante un hechizo. Este animal, aunque atrozmente criado para consumo humano («como cerdo para el matadero», diría cierto mago), no es creado por el humano. Si algún vegano se quiere sumar a la discusión y expresar su opinión, es libre de hacerlo.


El primer dilema de la rana de chocolate es determinar si se trata de un ser vivo o no vivo más allá del material del que esté hecha. Porque, a menos que sea un extremista objetor de conciencia, no hay mago o bruja que tenga un animal comestible como mascota o que luche por los derechos de las ranas de chocolate así como Hermione defiende fervorosamente la abolición de la esclavitud élfica.

El segundo dilema no es menos macabro: ¿ustedes comerían algo que se mueve? Comer una rana de chocolate no es lo mismo que comer una gragea, convengamos. La historia de la gastronomía mágica ha de tener sus excentricidades, así como los hábitos alimenticios muggles: los lectores bien informados conocerán algunas patrias donde los comensales se deleitan con la masticación de criaturas invertebradas previamente sumergidas en azúcar o aceite.

No quiero desviarme mucho de la polémica. Mi hermana –una esmerada Hufflepuff– y yo –un meticuloso Ravenclaw– a menudo nos sacamos chispas con estos debates tan estrafalarios como inútiles que sólo podrían interesar a los Lovegood. La última palabra en Semana Santa la tienen ustedes...


¿Qué opinan?




lunes, 10 de abril de 2017

Reseña: “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, de Newt Scamander




«...las asombrosas criaturas
que se describen
a continuación
son imaginarias
y no pueden
hacerles daño.»







No sé cómo explicar lo maravilloso que es este libro. En contraste con los volúmenes corpulentos que constituyen la saga principal, este tomo es, en correspondencia con el género discursivo que aspira a parodiar –un manual para estudiantes de primer año–, de lectura ligera y con pocas páginas. Un compendio de setenta y cinco especies animales mágicas rubricado por el célebre magizoólogo Newton A. F. Scamander. (Me refiero, en este caso, a la edición del año 2001, lanzada un año después de El cáliz de fuego.) Este libro tiene la particularidad de contar con notas marginales de su propietario original: Harry Potter. Aunque las letras garrapateadas en los espacios en blanco de las hojas carecen de información científica relevante, constituyen una nebulosa de pequeños guiños a algunos personajes y eventos ocurridos en Hogwarts.

Mi propósito con este artículo es, además de discutir el contenido de Animales fantásticos y dónde encontrarlos (en adelante, AF), proponer una serie de líneas de análisis para mostrar cómo este libro, en su simplicidad y concisión, retoma algunas ideas fundamentales que forman parte de la cosmovisión de los brujos en el universo mágico de HP.

¿Qué decir respecto a las casi sesenta páginas de este tomo rojo de tapa blanda?

Mucho.

En primer lugar, los que relean con sumo detenimiento el título de esta reseña me preguntarán por qué aparece el nombre de Scamander como autor de Animales fantásticos y dónde encontrarlos, siendo que todos sabemos que Rowling es la autora material de esta obra menor. AF no es el único libro de JKR que problematiza con la función autor; además de Quidditch a través de los tiempos, publicado simultáneamente bajo el seudónimo de Kennilworthy Whisp, hay que considerar la serie de libros publicados bajo el alias de Robert Galbraith, tiempo después del cierre de la saga.

La función autor marca un modo de lectura. En AF, no leemos a Rowling, sino a Newt Scamander, su visión de mundo, de la ciencia y de los muggles. Aunque uno sepa que es Rowling la que está bajo la escritura de Scamander. Uno, de buena o de mala gana, tiene que seguir el juego. Entonces, en cierto modo, con este gesto simbólico de cambio de nombre, a quien estoy reseñando no es a JKR, sino a Newt.

Me parece importante subrayar este aspecto del texto porque AF ofrece, además de un catálogo elaborado de razas animales, información adicional acerca de los tiempos anteriores a la creación del Ministerio de Magia e incluso explora el desarrollo de la magizoología como disciplina científica.

A riesgo de caerte mal si sos potterhead, me envalentono a darle una vuelta de tuerca a la reseña y analizar, al menos, dos líneas de lectura posible.

La primera es la línea epistemológica: en otras palabras, ¿cómo escribir un texto científico? ¿Cómo clasificar a las razas mágicas en «seres» y «bestias»? Esta es la pregunta que se hace y que nos hace Scamander en una prolongada sección introductoria. Los prólogos de AF son los más entretenidos que he leído. El primer prólogo, escrito por Albus Dumbledore, es el que pone en crisis la distancia entre realidad y ficción porque está dirigido a todos aquellos lectores que consiguieron legítimamente el libro, recordándoles que gracias a su compra colaboran con la organización benéfica Comic Relief. Podríamos pensar este prólogo como una advertencia antipiratería –la venta de AF como Quidditch a través de los tiempos fue pensada con fines no lucrativos–, proveniente de un personaje de autoridad como lo es el director de Hogwarts. Dumbledore apela fuertemente a solidaridad de los magos que ahora pueden contribuir a los esfuerzos de los muggles por «combatir las peores formas de sufrimiento humano».

Luego, ingresamos a otra zona introductoria, esta vez escrita por Scamander, quien nos provee una brevísima historia de cómo el Consejo de Magos lidió con el problema de la clasificación y ocultamiento de criaturas mágicas desde el siglo XIV. Esta cronología de la magizoología sirve para entender hasta qué punto la obra científica de Newt ha influido pesadamente en los ámbitos académicos y cotidianos de los hechiceros. Scamander es el Alexander Humboldt del mundo mágico: un espíritu aventurero que ama el contacto con la naturaleza, los viajes, el descubrimiento y la contemplación de la fauna. Aunque no he tenido el privilegio de ver el filme, el guión cinematográfico de AF se ha visto en la obligación, indudablemente, de perfilar en Redmayne una tipología de héroe pocas veces vista en el género fantástico: el aventurero científico. No el clásico estereotipo de sabelotodo de bata blanca encerrado en su laboratorio, sino el enérgico trotamundos con una pasión inextinguible por lo que ama y cuya fascinación por el hallazgo de nuevos horizontes es inagotable. (Si vieron la peli, harán el favor de comentarme cómo ha sido la interpretación del personaje en la pantalla grande, si lo han percibido de esta forma.)

La segunda lectura de AF corresponde a la línea política. Acá estamos en una zona de tensión donde pueden discrepar o coincidir conmigo. A lo largo de las casi sesenta páginas se repite varias veces el término «muggle». Un señalamiento burdo, pero que nos indica que este texto dirigido a los magos tiene una función especial además de proveer conocimientos de magizoología a los estudiantes. Básicamente, la ciencia de Scamander no es una ciencia que se estanca dentro de las aulas, sino que lo que él busca también es prevenir situaciones de peligro tanto para las bestias como para magos y muggles. Entre párrafo y párrafo, e incluso en algunos pies de página, Newt señala algunos incidentes a lo largo de la historia que obligaron al Consejo de Magos –y, posteriormente, al Ministerio de Magia– a perfeccionar sus métodos de ocultamiento de criaturas y hasta a crear departamentos enteros destinados a funciones específicas. Hay constantes alusiones al tráfico de especies peligrosas y a contrabando de Bienes No Comerciables (huevos de dragón, por ejemplo). En AF, Scamander exhorta a la comunidad mágica a asumir una conciencia ecológica y a preservar las especies mágicas naturales como objetivo principal.

La actitud proteccionista de los magos respecto a los muggles es un indicador de cómo ellos nos ven a nosotros: Scamander, consciente o inconscientemente, subraya la jocosa incapacidad general de los seres humanos de comprender o controlar los fenómenos mágicos. Hay que tener en cuenta que la primera edición de la obra de Newt realizada por la editorial Obscurus data de 1927. Es decir, un año después de lo que ocurre en la adaptación cinematográfica. En el momento en que la saga de Harry Potter inicia, hay una postura mucho más conciliadora, tolerante e inclusiva con los no magos.

AF intercala una representación de los muggles como seres relativamente inofensivos que pueden sufrir las consecuencias de la negligencia de los magos si éstos no hacen algo para controlar a las bestias fantásticas más terribles del planeta. Esta visión socialmente comprometida de Scamander reverbera, en mayor o menor medida, en otras aristas de la saga: por ejemplo, con las excéntricas investigaciones del señor Weasley o incluso con la escena introductoria de El misterio del príncipe, que muestra a Fudge y Scrimgeour en el despacho del primer ministro de Reino Unido. La cuestión muggle nunca es menor en el mundo mágico. Ni a Newt se le escapa este detalle.

A pesar de ser una obra cortísima, AF retoma concepciones que se han estado formulando a lo largo de la saga, al menos hasta el cuarto libro. Las notas de Potter y Weasley citan concretamente criaturas que han aparecido tanto en La cámara secreta como en El cáliz de fuego. Scamander remite, además, a otras siete obras textuales del mundo mágico, explicitadas en sus respectivas notas al pie. A saber...


–Anónimo. Hocico peludo, corazón humano. Whizz Hard. 1975.
–Bagshot, Bathilda. Una historia de la magia. Little Red Books. 1947
–Egg, Mordicus. La filosofía de lo terrenal: por qué los muggles prefieren no saber. Dust & Mildewe. 1963.
–Pokeby, Gulliver. Por qué no morí cuando el augurey cantó. Little Red Books. 1824.
–Stalk, Blemhein. Muggles que se dan cuenta. 1972. (Editorial desconocida)
–Whisp, Kennilworhty. Quidditch a través de los tiempos. Whizz Hard. 1952.
–Wigworthy, Wilheim. Vida doméstica y costumbres sociales de los muggles británicos. Little Red Books. 1987.


A partir de esta biblioteca inaccesible para un muggle –por ahora, la obra de Whisp es la única de la lista en irrumpir en el mundo real–, Scamander sella los puntos ciegos que su breve tratado de magizoología no puede cubrir.


¡Y-esto-es-todo-por-hoy! Si han leído Animales fantásticos o si le echaron un vistazo a la peli, pueden comentarlo abajo. Gracias por leer y los espero en la próxima entrada.