viernes, 26 de mayo de 2017

Eso que llamamos «magia»: definiciones y teorías

La pregunta más importante es la que nunca se responde. Sin magia, el universo de Harry Potter no funcionaría. Pero, ¿cómo definirla en la lengua de los muggles?

¿Está definida por un principio puramente biológico? A lo largo de la saga se hace una distinción entre magos y no magos, pero hay hijos de muggles que pueden hacer prodigios, como Hermione.

¿Acaso la magia es intrínseca a los seres humanos y se concentra más en algunos individuos que en otros? Esto explicaría como los descendientes de muggles se inician en la magia y llegan a ser tan o más habilidosos de los de ascendencia pura, pero no rebatiría completamente el argumento genético. De hecho, entender el punto de vista de los magos acerca de la relación entre la sangre y la varita de un mago es fundamental, porque explica la postura ideológica de determinados personajes a lo largo de la heptalogía.

Por último, ¿qué papel juegan los squibs en la sociedad mágica? Rememoremos: un squib es un hijo de magos que no puede hacer magia. Una buena razón para apiadarnos, si esto es humanamente posible, de Argus Filch, celador de Hogwarts. Detrás de este personaje torvo y gruñón debe haber un niño destrozado por el rechazo, ¿no lo creen?




Nadie puede definir eso que llamamos magia, pero si se les ocurre algo, pueden escribir un comentario en esta entrada.


¡Gracias por leer y nos leemos en el próximo artículo de Opiniones marginales!

domingo, 21 de mayo de 2017

Reseña: “La cautiva”, de Esteban Echeverría





“Mira este puñal sangriento
y saltará de contento
tu corazón orgulloso...”







     Si quieren leer una historia con un personaje femenino fuerte, La cautiva es la recomendación perfecta para el invierno venidero. María, puñal en medio de la pampa, está a la altura de las Katniss y las Tris que hoy en día muchos admiran.

     Por lo general, se ha visto en muchas ediciones que esta pieza poética está acompañada por un cuento escrito por el mismo autor: El matadero. De esta relato ya nos ocuparemos en otro momento, en una próxima reseña.

     Unas aclaraciones.

     Primero: La cautiva es un poema...

     Segundo: ...publicado en 1837...

     Tercero: ...escrita por un autor argentino.

     Uno, dos, tres. Hay una cuarta: la representación del «indio» como salvaje, un tópico de la época que no desarrollaré exhaustivamente, porque en el siglo XIX a nadie se le ocurría pensar que los nativos americanos también eran seres humanos. Hay que tener en cuenta que Argentina era una patria fresca que acababa de divorciarse de España; con las tropas realistas expulsadas, la Independencia recién firmada y un puñado de provincias intentando organizarse y desangrándose en medio de guerras civiles...

     Bueno, hacer literatura en este contexto no es fácil.

     Echeverría, sin embargo, lo logró.

     El argumento: un hombre y una mujer raptados por un grupo de indios.

     O sea, lo que habitualmente podríamos esperar en los relatos ambientados en la frontera. El cliché colonial del malón con lanzas, caballos y fusiles.

     ¿Qué fue lo que más me llamó la atención de La cautiva?

     Que María hace todo lo que está a su alcance para salvar a Brián, su amado, de la pampa y sus peligros. Inspirada por el amor más puro, hace todo lo posible para liberarlo y mantenerlo con vida.

     El héroe no es el hombre, sino la mujer.

     La cautiva, en su forma poética, con una métrica predominantemente octosilábica precisa y sencilla, se deja leer con facilidad. En líneas brevísimas Echeverría nos describe los amaneceres y atardeceres en la llanura pampeana, de una forma tan hermosa y fascinante que a veces olvidamos que a pesar de la belleza existe el horror en sus contornos.

     Otro aspecto interesante son los epígrafes y las citas que preceden a cada uno de los capítulos: referencias a Byron, Lamartine, Dante Alighieri, Víctor Hugo...

     Lo local se mezcla con lo universal, tanto formal como temáticamente; a pesar de las locaciones, el drama de los amantes que luchan contra el destino para estar juntos es una de las tramas más consagradas de la historia de la literatura. La pluma de Echeverría, sin abusar de los colores locales, ha demostrado estar a la altura de las circunstancias para presentar una obra que instauró el romanticismo en el Río de la Plata.

     La cautiva es una de las primeras joyas de la literatura argentina que seduce, atrapa y fascina, como el dorado sol que baña el horizonte de fuego y sangre. Pero la marca diferencial que la distingue de otras historias es que, en esta ocasión, es la mujer la que sostiene el puñal de su destino.

lunes, 15 de mayo de 2017

FILBA/17: una tarde de sábado en diez instantáneas

I

Una blogger con la que me encontré en la Feria del Libro me respondió que el marco teórico no era necesario. Que los bloggers escribían reseñas porque les gustaban los libros que leían. Punto y aparte.
Me gustó mucho su opinión.
El problema es que yo sí necesito un marco teórico.
Si hubiera tenido tiempo, le hubiera explicado por qué pronuncié esas dos palabras en el stand en el que ella se encontraba.
Pero no lo tenía.
Sigo sin tenerlo.
Y se está acabando.


II

La única razón por la cual fui a la Charla de Booktubers este sábado fue para entender un poco más de dónde había surgido esa telaraña de canales y de jóvenes. (Miento: había otra razón, pero no se las pienso decir.)
Mientras hacía la fila para entrar a la Sala José Hernández, vi una libélula recortándose contra el lienzo azul del firmamento.
Un buen augurio de lo que estaba a punto de suceder.


III

La Sala tenía capacidad para 1.500 personas sentadas.
Yo fui el Nº 864.
Es curioso ver a un estudiante universitario del Conurbano con veintitrés primaveras encima en medio de un hilo de niñas y adolescentes que gritaban por la llegada del booktuber Sebas Mouret.
Me abrumaron dos sentimientos diferentes: el primero, la sensación de que estoy envejeciendo demasiado rápido como para entender a las nuevas generaciones que crecen en derredor mío; el segundo, que, en cierto modo, formaba parte de un hecho histórico. Recordaba las filmaciones en blanco y negro de los seguidores de los Beatles, por ejemplo. Las multitudes en torno a los ídolos juveniles de la década.
Para mí, pese a quien le pese y sin exagerar, los booktubers y los bloggers y los bookstagramers son un hecho histórico.
El problema es que no los tomamos lo suficientemente en serio como para escribir ensayos sobre ellos.


IV

Si tuviera que hacer una comparación acerca de lo que vi y viví en esa sala, elegiría la representación de una comedia romana. No lo digo en sentido peyorativo, sino todo lo contrario: vi a la masa juvenil viva en su esplendorosa virulencia. A los booktubers deslizándose en el escenario con su acompasada teatralidad al ritmo de una canción de Lady Gaga.
¿Les parece ridículo lo que les estoy contando? He oído a un hombre decir que ver las películas de Harry Potter incita a la brujería y al satanismo.
Eso sí que es ridículo.
Sofoco el trago amargo que me trepana la garganta y sigo...


V

Una pregunta insensata: ¿Cómo aparecieron los booktubers?
Una pregunta sensata: ¿Qué circunstancias posibilitaron el surgimiento de los booktubers?
Respuesta fácil: cámara, libros, Internet.
Respuesta difícil: la soledad.
La soledad es la condición natural y necesaria del lector. No de otro modo se disfruta la literatura.
Por eso nos impacta que el fenómeno de los booktubers haya movilizado a tantos lectores jóvenes.
Se supone que ellos, los otros, los raros, tendrían que estar encerrados en cuatro paredes, aislados del mundo.
Pregunta arriesgada: ¿quién los ha puesto en ese lugar?


VI

Bienvenidos a la Zona del Dolor.
No es un espacio geográfico.
Es un status quo culturalmente construido para todos aquellos que no aceptan ninguno de los estereotipos de individuo exitoso impuestos por el ambiente social.
En esa Zona, los padecientes lloran en los rincones, son víctimas de un hostigamiento sistematizado y sufren trastornos de diversa naturaleza.
La literatura es la puerta de salida de este Infierno que nosotros hemos construido.
Sí.
No puedo mirar hacia el otro lado.
Yo también soy cómplice.


VII

Hubo un momento en esa tarde que intenté sentir algo más allá del gozo.
¿Qué es lo que nos hace seguir a los booktubers?
¿Qué es lo que nos hace seguir a las celebridades en general?
¿Qué es lo que hace posible la existencia de ídolos?
¿Qué es lo que nos hace creer en los héroes o en los dioses?


VIII

Un detalle cómico: Natalia, de Tormenta Literaria, y Matías Gómez, hicieron una presentación con pelucas y bailes torcidos. Aludían constantemente a El Secreto, montando un sketch humorístico que no dejó de parecerme genial.
Sobre todo, porque para ser booktuber no hay secreto.
No hay secreto, pero hay Secreto.
(«Con mayúsculas», dijo Nati.)
Como la carta robada de Poe, el misterio está a la vista.
La receta es simple: libros + cámara + Internet.
Sencillo, ¿no?


IX

El problema es que nada es tan simple como parece.
Cuando alguien hace un truco de magia con naipes o monedas, somos perfectamente conscientes que el mago no tiene ninguna habilidad sobrenatural. Un mero movimiento de manos, estrategias para desviar la atención del espectador. Eso es todo.
Pero la magia no se agota allí.
Para que el truco funcione, tiene que haber alguien que lo haga y alguien que lo mire.
Y alguien que crea.
Esa capacidad de creer en la literatura más allá del umbral del dolor...
Eso es lo que me asombra.


X

Salí de la Sala después de tres horas y media de inmovilidad.
Luego, me fui.
En la salida, un violinista enhebraba una canción.
No saco fotos. Casi nunca lo hago.
Las imágenes me salen corridas u obscuras por alguna razón.
Soy un antiblogger más o menos decente, pero como fotógrafo soy un desastre.



EPÍLOGO

En Tu nombre está lleno de suerte, relato veridiquísimo a pesar de las licencias poéticas, anuncié mi intención y mi esperanza de que alguien escribiera en el futuro un libro acerca de los bloggers, los booktubers y los bookstagramers. Temo, naturalmente, el incumplimiento de esta profecía.

Si estos diez microrrelatos configuran acaso la semilla de esta vid inmensurable, sólo el Tejedor de Destinos lo sabrá.

Me abstengo de condimentar estos párrafos con las poquísimas fotografías que saqué en la Sala J. Hernández. La imaginación del lector, más rica en colores y percepciones, agregará a este texto las metáforas que faltan.


Además, soy un pésimo fotógrafo.

jueves, 11 de mayo de 2017

Reseña: “La familia del Comendador”, de Juana Manso






En los primeros días
        de juventud
no hay negocio más serio
que el amor...









No digas nunca que no leerás una novela romántica. La vida nos sorprende con giros inesperados. La cátedra Amante de Literatura Argentina hizo llegar a mis manos una obra que no pensé que me llegaría a gustar tanto. La familia del Comendador, desde su título, nos promete intrigas amorosas, escenarios lujosos y personalidades de fuerte carácter.

Ante todo, ¿quién es Juana Manso? El nombre de esta mujer trascendió en la historia por ser considerada una precursora del feminismo en Argentina. Una pluma hábil, un notorio activismo político y un fuerte rechazo social hacia esta figura marcan su biografía. No es mi intención develar aquí su vida y obra, que está a disposición de quienes quieran rastrearla en los bancos de información digital y en las bibliotecas.

La familia del Comendador acata las características del relato romántico tradicional. No obstante la exquisita escritura que estructura el argumento, Manso introduce fuertes críticas sociales que no desencajan con el desarrollo de la historia. Le clava el puñal a todos: desde la institución de la esclavitud hasta las monjas de los conventos católicos. Nadie se zafa.

La acción transcurre en Brasil, en algún momento del siglo XIX, antes de la abolición de la esclavitud. En la quinta de Botafogo, los pasados, misterios y amores de una familia noble entrechocan entre sí. Gabriela das Neves se ha enamorado de un joven de nombre desconocido, pero sus padres han preparado para ella otro designio: casarse con su tío Juan y preservar la fortuna de su linaje. Una serie de eventos inesperados y decisiones desesperadas amenaza con dislocar los planes del Comendador. ¿Triunfará el amor verdadero por sobre los intereses terrenales?

Muy telenovelesco, ¿no? Lo es, y precisamente esto es lo que me atrae de la novela. Las figuras y situaciones prototípicas del relato romántico están allí. Entonces, ¿cuál es la novedad en esta pieza de antigüedad?

En primer lugar, su brevedad. El libro se lee en un abrir y cerrar de ojos. Manso no dedica muchos párrafos a cada sentimiento que atraviesa a los protagonistas. Su escritura es muy directa y activa. La clave de esta escritura se halla en su contexto de publicación: La familia del Comendador fue originariamente un folletín cuyos capítulos se imprimían en el periódico Álbum de Señoritas, en 1854. Por esta razón los lectores de hoy se pueden desconcertar cuando la narradora reitera eventos acontecidos en episodios anteriores o cae en redundancias que parecen irrisorias a simple vista.

Otro aspecto que suma puntos es el lenguaje poético de la autora: en poquísimas palabras condensa toda la tensión abrumadora que abate a los personajes. Con esta obra, Manso se consolida como narradora y poeta a la vez, con una voz poderosa que maravilla y desgarra. Sus descripciones son precisas y gráficas, pero sorprendentemente no cae en el tedio de la minuciosidad. Lo que nos cuenta nos conduce directamente a la acción de los hechos.

La utilización de algunos recursos como el flashback, la elipsis o la metáfora, nos insinúan la pluma de una escritura moderna en todo sentido. La autora supo manejar estas herramientas en una época donde la profusión de imágenes enceguecedoras es la norma en muchas producciones textuales. Manso no describe: muestra. En completa sincronía con el ritmo de la narración, intercala escenas decisivas, reflexiones agudas y frases memorables.

Los personajes no pueden ofrecer nada nuevo a aquel que entiende de antemano las formas de las obras románticas clásicas. Pero, si uno lo permite, los protagonistas de esta historia imbricada y fascinante pueden llegar a conmovernos, afligirnos o incluso enfurecernos.

Con la esperanza que La familia del Comendador halle su modesto rincón en las bibliotecas de las nuevas generaciones, recomiendo la edición realizada por Colihué, con prólogo de Lidia Lewkowicz.


Pronunciadas mis felices declaraciones, que nosotros, lectores argentinos, reivindiquemos en este nuevo siglo la pluma de una mujer que lucho por tanto y cuyo talento no fue poco...

sábado, 6 de mayo de 2017

Reseña: “Palabras cruzadas”, de Gabriel Rolón





“Un paciente no es una persona.
Un paciente no es un individuo.
Un paciente es un sujeto.”







La chica que me prestó este libro temió que no me gustara. Mi reputación como lector de literatura fantástica es indiscutible. Sin embargo, estoy abierto a todos los géneros. Julieta, si tus ojos recorren estas líneas, mi alma te dice gracias. Porque Palabras cruzadas ha sido una de las sorpresas literarias más agradables de este otoño.

El autor no empuña un lenguaje ampuloso y rebuscado. Un estilo sencillo, directo y ágil. No así las complejas situaciones que presentan cada uno de los cinco relatos, donde el terapeuta intenta descifrar el jeroglífico interior de sus pacientes. Aunque el psicoanálisis es la disciplina central que configura la base de las experiencias relatadas, Rolón, lejos de encumbrarlo como una ciencia exacta, lo coloca en interacción con otras ramas del conocimiento humano.

El prólogo –brillantemente escrito, por cierto– nos proporciona una clave de lectura: la importancia de la(s) palabra(s) en el proceso terapéutico. En cada uno de los casos, la atención que el psicoanalista presta a las frases pronunciadas por sus pacientes es fundamental para comprender la angustia casi inexplicable que los atormenta. El casi está justificado: el sufrimiento tiene un punto de origen, que no es el mismo en todos los sujetos. Rolón nos hace comprender que los métodos del psicoanálisis no son absolutos, que la distancia entre teoría y práctica es abismal. El consultorio es la sala de operaciones donde el terapeuta obra con discreción, eficiencia y meticulosidad. La mente como un bisturí que disecciona el discurso del Otro para averiguar qué es lo que yace tras la puerta del dolor.

Cada uno de los pacientes trae una pesada mochila dentro de su pecho. El terapeuta los acompaña en sus respectivos trayectos, padeciendo colateralmente sus agonías, tomando decisiones drásticas con ellos, palpando las heridas frescas de culpas reprimidas y oscuras penas.

Extender esta reseña más allá de sus límites para reivindicar cuán maravilloso e iluminador es esta pieza sería una injusticia a su autor, que sin ninguna pretensión o vanagloria describe modestamente los pormenores de su profesión.

En las vísperas del estreno de la adaptación cinematográfica de Los padecientes en Argentina, debo reconocer que Palabras cruzadas ha sido mi primera incursión a la producción textual de Rolón. Así como él se ha ganado la confianza de sus pacientes, esta escritura sin adornos ni florituras se ha ganado la atención de mis ojos.

lunes, 1 de mayo de 2017

Apuntes sobre una clase desgrabada de literatura argentina

LAS EDICIONES DE FACUNDO, clase de Josefina Cabo, jueves 27/04/17

Algunas cuestiones...

• Espacio y tipografía. La circulación del libro en el exterior.
• Política y tipografía.
• La figura del redactor («El gaucho malo de la prensa»).
• El folletín como forma de ocio y entretenimiento.
• Los diálogos entre comillas. La forma de los párrafos.
• La estructura del Facundo.
• El Facundo como ensayo serial.
• El diálogo entre la sección del folletín y el resto de las secciones del periódico.
• La cuestión religiosa.
• Los principios y los finales.
• Las erratas. Los usos de las fuentes tipográficas.


(Cita de Robert... ¿¿¿Darlton???, de la corriente de la historia del libro, autor de El Negocio de la Ilustración.)

(El orden de los libros, de Roger Chartier: «Contra una definición puramente semántica del texto [...], hay que sostener que las formas producen sentido...»)

Marlise Meyer, Folletín (en portugués) ---> El caso de Alejandro Dumas ---> Penny Line

A. R. Pérsico ---> «Las biografías de la barbarie»

E. Garrels, El Facundo como folletín. ---> La truculencia y el cuadro de costumbres. La lógica del recorte editorial. La división de los finales de los capítulos y el factor arbitrariedad.

F. Félix Aldao y apuntes biográficos.
E. Cambaceres. Popurrí.

CRONOLOGÍA

1943: Publicación de Mi defensa.
Marzo de 1845: recopilación del material para la biografía de Quiroga.
Abril de 1845: llegada de Baldomero García un emisario de Rosas a Chile.
1 de mayo de 1845: anuncio de La vida de J. F. Quiroga.
2 de mayo de 1845: primera publicación de Facundo en El Progreso, de Chile.
21 de junio: publicación del último número de Civilización y barbarie.
2* de julio: primera publicación del libro en quinientos ejemplares con la misma tipografía del folletín y en formato inoctavo (edición de bolsillo).
Septiembre del 1845: Publicación de Nuestro pecado de los folletines.

1851: segunda edición con Prólogo a Alsina.

jueves, 27 de abril de 2017

Hiperresumen del mes (más cruel) de abril

Abril es el mes más cruel... ¡Cuánta razón tenía Eliot!


Aunque hubo pocas publicaciones...

(en comparación con otros meses)

OPINIONES MARGINALES

siempre apuesta a la calidad sobre la cantidad.


Por lo tanto,
     aquí
     les
    traigo


un resumen
de lo que fue
el cuarto mes del año...


de Paul Auster.



de Newt Scamander.

(Sí, ya sé que Rowling lo escribió...)













Yyyyyyy ademáaaaaaas...





Y
ESO
ES
TO
D
O
.
.
.


[¡Gracias por leer!]

jueves, 13 de abril de 2017

¿Es ético comer ranas de chocolate?

Si no se han hecho esta pregunta antes, este es el mejor o el peor momento para hacerla. En este caso, remito a la adaptación cinematográfica de La piedra filosofal, ya que el libro no menciona explícitamente que estas golosinas estén «vivas» o que puedan saltar.

La última vez que vi la escena de Ron y Harry comiendo golosinas en el expreso a Hogwarts, me pregunté:

–¿Es ético comer una rana de chocolate? 

Mi hermana, compañera espectadora, dijo que no, que la rana estaba viva o animada, y que aún en caso de que compartiera la misma categoría que un objeto inerte, la criatura de chocolate no saltaría sin tener una razón para hacerlo.

–Pero estas ranas han sido creadas para ser comidas –dije yo.

–Sí, y las vacas han sido criadas para ser comidas –dijo ella.

Esto implica que la rana de chocolate y la vaca se hallan en el mismo nivel de clasificación. Observación que no comparto, porque la vaca no fue creada a partir de una masa de chocolate ni ha recibido el soplo de la vida mediante un hechizo. Este animal, aunque atrozmente criado para consumo humano («como cerdo para el matadero», diría cierto mago), no es creado por el humano. Si algún vegano se quiere sumar a la discusión y expresar su opinión, es libre de hacerlo.


El primer dilema de la rana de chocolate es determinar si se trata de un ser vivo o no vivo más allá del material del que esté hecha. Porque, a menos que sea un extremista objetor de conciencia, no hay mago o bruja que tenga un animal comestible como mascota o que luche por los derechos de las ranas de chocolate así como Hermione defiende fervorosamente la abolición de la esclavitud élfica.

El segundo dilema no es menos macabro: ¿ustedes comerían algo que se mueve? Comer una rana de chocolate no es lo mismo que comer una gragea, convengamos. La historia de la gastronomía mágica ha de tener sus excentricidades, así como los hábitos alimenticios muggles: los lectores bien informados conocerán algunas patrias donde los comensales se deleitan con la masticación de criaturas invertebradas previamente sumergidas en azúcar o aceite.

No quiero desviarme mucho de la polémica. Mi hermana –una esmerada Hufflepuff– y yo –un meticuloso Ravenclaw– a menudo nos sacamos chispas con estos debates tan estrafalarios como inútiles que sólo podrían interesar a los Lovegood. La última palabra en Semana Santa la tienen ustedes...


¿Qué opinan?




lunes, 10 de abril de 2017

Reseña: “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, de Newt Scamander




«...las asombrosas criaturas
que se describen
a continuación
son imaginarias
y no pueden
hacerles daño.»







No sé cómo explicar lo maravilloso que es este libro. En contraste con los volúmenes corpulentos que constituyen la saga principal, este tomo es, en correspondencia con el género discursivo que aspira a parodiar –un manual para estudiantes de primer año–, de lectura ligera y con pocas páginas. Un compendio de setenta y cinco especies animales mágicas rubricado por el célebre magizoólogo Newton A. F. Scamander. (Me refiero, en este caso, a la edición del año 2001, lanzada un año después de El cáliz de fuego.) Este libro tiene la particularidad de contar con notas marginales de su propietario original: Harry Potter. Aunque las letras garrapateadas en los espacios en blanco de las hojas carecen de información científica relevante, constituyen una nebulosa de pequeños guiños a algunos personajes y eventos ocurridos en Hogwarts.

Mi propósito con este artículo es, además de discutir el contenido de Animales fantásticos y dónde encontrarlos (en adelante, AF), proponer una serie de líneas de análisis para mostrar cómo este libro, en su simplicidad y concisión, retoma algunas ideas fundamentales que forman parte de la cosmovisión de los brujos en el universo mágico de HP.

¿Qué decir respecto a las casi sesenta páginas de este tomo rojo de tapa blanda?

Mucho.

En primer lugar, los que relean con sumo detenimiento el título de esta reseña me preguntarán por qué aparece el nombre de Scamander como autor de Animales fantásticos y dónde encontrarlos, siendo que todos sabemos que Rowling es la autora material de esta obra menor. AF no es el único libro de JKR que problematiza con la función autor; además de Quidditch a través de los tiempos, publicado simultáneamente bajo el seudónimo de Kennilworthy Whisp, hay que considerar la serie de libros publicados bajo el alias de Robert Galbraith, tiempo después del cierre de la saga.

La función autor marca un modo de lectura. En AF, no leemos a Rowling, sino a Newt Scamander, su visión de mundo, de la ciencia y de los muggles. Aunque uno sepa que es Rowling la que está bajo la escritura de Scamander. Uno, de buena o de mala gana, tiene que seguir el juego. Entonces, en cierto modo, con este gesto simbólico de cambio de nombre, a quien estoy reseñando no es a JKR, sino a Newt.

Me parece importante subrayar este aspecto del texto porque AF ofrece, además de un catálogo elaborado de razas animales, información adicional acerca de los tiempos anteriores a la creación del Ministerio de Magia e incluso explora el desarrollo de la magizoología como disciplina científica.

A riesgo de caerte mal si sos potterhead, me envalentono a darle una vuelta de tuerca a la reseña y analizar, al menos, dos líneas de lectura posible.

La primera es la línea epistemológica: en otras palabras, ¿cómo escribir un texto científico? ¿Cómo clasificar a las razas mágicas en «seres» y «bestias»? Esta es la pregunta que se hace y que nos hace Scamander en una prolongada sección introductoria. Los prólogos de AF son los más entretenidos que he leído. El primer prólogo, escrito por Albus Dumbledore, es el que pone en crisis la distancia entre realidad y ficción porque está dirigido a todos aquellos lectores que consiguieron legítimamente el libro, recordándoles que gracias a su compra colaboran con la organización benéfica Comic Relief. Podríamos pensar este prólogo como una advertencia antipiratería –la venta de AF como Quidditch a través de los tiempos fue pensada con fines no lucrativos–, proveniente de un personaje de autoridad como lo es el director de Hogwarts. Dumbledore apela fuertemente a solidaridad de los magos que ahora pueden contribuir a los esfuerzos de los muggles por «combatir las peores formas de sufrimiento humano».

Luego, ingresamos a otra zona introductoria, esta vez escrita por Scamander, quien nos provee una brevísima historia de cómo el Consejo de Magos lidió con el problema de la clasificación y ocultamiento de criaturas mágicas desde el siglo XIV. Esta cronología de la magizoología sirve para entender hasta qué punto la obra científica de Newt ha influido pesadamente en los ámbitos académicos y cotidianos de los hechiceros. Scamander es el Alexander Humboldt del mundo mágico: un espíritu aventurero que ama el contacto con la naturaleza, los viajes, el descubrimiento y la contemplación de la fauna. Aunque no he tenido el privilegio de ver el filme, el guión cinematográfico de AF se ha visto en la obligación, indudablemente, de perfilar en Redmayne una tipología de héroe pocas veces vista en el género fantástico: el aventurero científico. No el clásico estereotipo de sabelotodo de bata blanca encerrado en su laboratorio, sino el enérgico trotamundos con una pasión inextinguible por lo que ama y cuya fascinación por el hallazgo de nuevos horizontes es inagotable. (Si vieron la peli, harán el favor de comentarme cómo ha sido la interpretación del personaje en la pantalla grande, si lo han percibido de esta forma.)

La segunda lectura de AF corresponde a la línea política. Acá estamos en una zona de tensión donde pueden discrepar o coincidir conmigo. A lo largo de las casi sesenta páginas se repite varias veces el término «muggle». Un señalamiento burdo, pero que nos indica que este texto dirigido a los magos tiene una función especial además de proveer conocimientos de magizoología a los estudiantes. Básicamente, la ciencia de Scamander no es una ciencia que se estanca dentro de las aulas, sino que lo que él busca también es prevenir situaciones de peligro tanto para las bestias como para magos y muggles. Entre párrafo y párrafo, e incluso en algunos pies de página, Newt señala algunos incidentes a lo largo de la historia que obligaron al Consejo de Magos –y, posteriormente, al Ministerio de Magia– a perfeccionar sus métodos de ocultamiento de criaturas y hasta a crear departamentos enteros destinados a funciones específicas. Hay constantes alusiones al tráfico de especies peligrosas y a contrabando de Bienes No Comerciables (huevos de dragón, por ejemplo). En AF, Scamander exhorta a la comunidad mágica a asumir una conciencia ecológica y a preservar las especies mágicas naturales como objetivo principal.

La actitud proteccionista de los magos respecto a los muggles es un indicador de cómo ellos nos ven a nosotros: Scamander, consciente o inconscientemente, subraya la jocosa incapacidad general de los seres humanos de comprender o controlar los fenómenos mágicos. Hay que tener en cuenta que la primera edición de la obra de Newt realizada por la editorial Obscurus data de 1927. Es decir, un año después de lo que ocurre en la adaptación cinematográfica. En el momento en que la saga de Harry Potter inicia, hay una postura mucho más conciliadora, tolerante e inclusiva con los no magos.

AF intercala una representación de los muggles como seres relativamente inofensivos que pueden sufrir las consecuencias de la negligencia de los magos si éstos no hacen algo para controlar a las bestias fantásticas más terribles del planeta. Esta visión socialmente comprometida de Scamander reverbera, en mayor o menor medida, en otras aristas de la saga: por ejemplo, con las excéntricas investigaciones del señor Weasley o incluso con la escena introductoria de El misterio del príncipe, que muestra a Fudge y Scrimgeour en el despacho del primer ministro de Reino Unido. La cuestión muggle nunca es menor en el mundo mágico. Ni a Newt se le escapa este detalle.

A pesar de ser una obra cortísima, AF retoma concepciones que se han estado formulando a lo largo de la saga, al menos hasta el cuarto libro. Las notas de Potter y Weasley citan concretamente criaturas que han aparecido tanto en La cámara secreta como en El cáliz de fuego. Scamander remite, además, a otras siete obras textuales del mundo mágico, explicitadas en sus respectivas notas al pie. A saber...


–Anónimo. Hocico peludo, corazón humano. Whizz Hard. 1975.
–Bagshot, Bathilda. Una historia de la magia. Little Red Books. 1947
–Egg, Mordicus. La filosofía de lo terrenal: por qué los muggles prefieren no saber. Dust & Mildewe. 1963.
–Pokeby, Gulliver. Por qué no morí cuando el augurey cantó. Little Red Books. 1824.
–Stalk, Blemhein. Muggles que se dan cuenta. 1972. (Editorial desconocida)
–Whisp, Kennilworhty. Quidditch a través de los tiempos. Whizz Hard. 1952.
–Wigworthy, Wilheim. Vida doméstica y costumbres sociales de los muggles británicos. Little Red Books. 1987.


A partir de esta biblioteca inaccesible para un muggle –por ahora, la obra de Whisp es la única de la lista en irrumpir en el mundo real–, Scamander sella los puntos ciegos que su breve tratado de magizoología no puede cubrir.


¡Y-esto-es-todo-por-hoy! Si han leído Animales fantásticos o si le echaron un vistazo a la peli, pueden comentarlo abajo. Gracias por leer y los espero en la próxima entrada.

jueves, 6 de abril de 2017

Acerca de los cuadros vivientes dentro y fuera de Hogwarts

En Harry Potter, los cuadros pictóricos trascienden su condición de piezas inmóviles para ascender a la categoría de personajes. Pueden dialogar libremente con los protagonistas, moverse a través de otros marcos y vigilar espacios externos al lienzo. Esta operación de personificación de los retratos propone una de las discusiones más ricas en incógnitas en relación al universo mágico de Rowling.

En primer lugar, los cuadros, ¿están realmente vivos? ¿Preservan parte de la esencia de las personas retratadas o son representaciones autoconscientes que «imitan» la personalidad de los retratados? ¿Un cuadro puede tener personalidad y conciencia propia más allá de representar la imagen de otro? ¿Adquieren experiencia o conocimiento a lo largo del tiempo? ¿Tienen sentimientos o pensamientos propios, o su carácter está marcado por el artista que los creó o la figura histórica que «interpretan»?

     Un cuadro de Dumbledore, por más que tenga la personalidad del mago, no es Dumbledore. Pero tranquilamente podemos establecer un diálogo coherente con el retrato.

Otro tema de discusión es la dimensión interior de los cuadros en sí. En el filme de La piedra filosofal, cuando Harry advierte que la imagen de su cromo ha desaparecido, Ron señala que la figura no se queda allí todo el día. ¿Qué sucede con los personajes de los cromos cuando están fuera de su propio espacio? ¿Cómo el personaje de un cuadro puede salir de su propio sitio y recorrer otros? ¿Acaso todos los retratos mágicos están interconectados entre sí?

Podríamos arrojar al aire más ejemplos, pero aquí lo dejamos. En mi facebook personal planteé la misma pregunta y he recibido respuestas interesantes. Como a mí me interesan vivamente sus teorías, les invito a comentarlas en esta entrada.


¿Qué opinan ustedes?


miércoles, 5 de abril de 2017

De inquisidor a potterhead o cómo me hice Ravenclaw

Hace tiempo escribí un artículo titulado Cinco razones por las que no me terminó de gustar Harry Potter, donde explicaba mi frustrante experiencia al haber leído por primera vez la saga mágica de Rowling. Para entender dicha frustración, hay detalles que debo recapitular: en primer lugar, no me enganché con Harry Potter sino tardíamente, cuando todos pensábamos que este bello ciclo de historias había terminado (el estreno de El legado maldito y la adaptación fílmica de Animales fantásticos y dónde encontrarlos nos desengañaron). He leído esos siete libros a sangre fría, pero sin criticar directamente el material de la obra. Tenía que escribir una crítica que no pareciera una crítica para no enardecer a los potterheads. Simultáneamente, me maravillaron todas las operaciones literarias y extraliterarias que Rowling utilizó para moldear un virtuoso sistema simbólico que se sostiene y se enriquece a lo largo de la saga. La escritura épica, reivindicada en los tiempos de la postmodernidad, se extendió incluso a otros autores y géneros. El mismísimo Stephen King halló fuerzas en los tres primeros libros del ciclo mágico para continuar su propia saga: La Torre Oscura.
¿Cómo leer Harry Potter después de Harry Potter? ¿Hay un «después», realmente?
Las puertas de Hogwarts siempre estarán abiertas para aquellos que deseen entrar a este universo fantástico. Tanto Rowling como sus seguidores han abolido la posibilidad de cierre. Harry Potter es ya una pieza clásica de la literatura contemporánea; el éxito de La piedra filosofal reformuló, entre otras cosas, tanto el arte de la escritura como la relación autor-obra-lector.
Rowling re-legitimó y re-dimensionó la literatura infantil y juvenil, construyendo una narrativa que entra en contacto no sólo con otros géneros literarios sino también con todo un espectro temático inconmensurable: tramas políticas, cuestiones sociales, dramas universales, enigmas policiales, etc.
Mi postura inquisitorial se modificó considerablemente al cristalizarse toda esta serie de controversias que la obra de Rowling representa dentro del continuum de Harry Potter. Hoy, hasta puedo decir con orgullo que me siento Ravenclaw. (¡Aguante Ravenclaw, vieja! ¡No me importa nada!) Yo me enganché tardíamente a este fenómeno. Mi punto de vista no es el del fanático empecinado, pero tampoco es la del intelectualoide cerrado.
Es necesario, a la luz de estos hechos, desarrollar una nueva perspectiva para leer el lado oscuro de estas lunas literarias. Proporcionar tanto a críticos como a los lectores otras herramientas de análisis que revaloricen el género fantástico.
Aunque Rowling ocupe un lugar más privilegiado en el sistema literario occidental, no existe un pensamiento crítico en Latinoamérica lo suficientemente solidificado que concilie al fandom con la universidad; el placer de la lectura y el análisis de la escritura parecen ríos antagónicos. (En Estados Unidos, en cambio, hay enciclopedias enteras respecto a JKR.)
Un poco para redimirme de mi posición anterior, un poco para interiorizarme en los debates que incendian los foros, un poco para crear un espacio de acceso a la erudición de los potterheads, un poco para divertirme, estoy preparando una nueva sección en el blog para discutir otras posibles lecturas de HP. Esta iniciativa que todavía no tiene nombre surge de una serie de discusiones que tuve con mi hermana (Hufflepuff de pura cepa) mientras veíamos La piedra filosofal; la escena del retrato de La Dama Gorda desencadenó un debate acerca de los cuadros mágicos que pienso desarrollar con mayor detenimiento en la próxima entrada.
En la actualidad no sé si podría definirme como potterhead; soy, en todo caso, un inquisidor arrepentido que intenta desandar los senderos del odio.

Queda, tras la penitencia, un consuelo: las puertas de Hogwarts siempre estarán abiertas. Para mí, para ti y para todos.

lunes, 3 de abril de 2017

Reseña: “El cuaderno rojo”, de Paul Auster




«Esto ha sucedido de verdad. Como todo lo que he escrito en este cuaderno rojo, es una historia verdadera.»










     La adquisición de El cuaderno rojo de Paul Auster ha sido una de las decisiones más azarosas e inteligentes que he tomado como lector. Prosigo, con justicia, a reseñarlo.

     La obra (que merecerá sucesivas reediciones) se publica a mediados de los noventa; las palabras se distribuyen en trece relatos cuyo común denominador es el azar. Relatos autobiográficos, anécdotas impropias, historias contadas por el amigo de un amigo. La pluma de Auster oscila inquebrantablemente estos registros.

     Hay casualidades tan casuales que no parecen sino designios del destino o de los dioses. El azar, la contingencia, lo circunstancial y lo-que-hubiera-pasado-si-no-hubiera-ocurrido. El autor aborda este espectro temático empuñando las paradojas y los sinsentidos de la vida para demostrarnos que la vida es, precisamente, ese continuum abarrotado de contradicciones y milagros cotidianos.

     Esta reseña es tan breve y verdadera como los relatos que Auster escribió en su cuaderno rojo. Si lo que él narra en esas páginas es verdadero o falso, es una labor que corresponderá al juicio del lector.

sábado, 1 de abril de 2017

Algo humano

1 Corintios 9.22


     He (re)escrito los dos primeros capítulos de una novela que tal vez no publique nunca. Bajo el amparo de un taller literario, colaboré en un cadáver exquisito y escribí un relato titulado La casa de los cerezos.
     Escribo estas líneas un viernes en la multitudinaria soledad del comedor de la facultad, donde descienden semanalmente miles de bocas hambrientas y vacilantes. (Muchas de ellas protestan por un nuevo comedor.)
     Soy universitario, soy evangélico, soy telefonista, soy argentino.
     Ninguno de estos devenires me define por completo.
     Juzgo más interesante a mi yo escritor, este otro yo que tiene un poco de todos los yoes que soy. El escritor no es menos crítico que el universitario, ni menos espiritual que el evangélico, ni menos laborioso que el telefonista, ni menos apasionado que el argentino.
     El escritor es un algo hecho de un poco de todos.
     Un algo que escribe.
     Un algo humano.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Regresarás al polvo y otras promesas

Génesis 3.19


     Siendo acaso la segunda o tercera vez que abandono la escritura de mi blog sin previo aviso, y con la promesa incumplida de reanudar mis publicaciones, escribo estos párrafos que no redimirán mi ausencia. A los lectores interesados en estas palabras, a los que me bancan dentro y fuera de la pantalla, debo, al menos, una explicación.
     Después de la reseña de Las ventajas de ser invisible (no he escatimado saña en este artículo lapidario, dicho sea de paso), preví publicar otros artículos, pero mi voluntad se truncó y no pude escribir una sola línea que no me pareciera desagradable. Había salido airoso y feliz de un examen final de Literatura Argentina. Ocupaba mi mente, además, la creación de una novela, de la cual he compartido dos fragmentos en este espacio. El proyecto también padeció mi abulia; ni siquiera frecuenté a otros bloggers o booktubers.
     He asistido a la Fantasticon este año, una peripecia que no narraré. He regresado a un taller literario que tuve que abandonar años atrás por cuestiones de trabajo y tiempo. He presenciado la discusión entre una hija y sus padres que me marcó para siempre. (Otra anécdota que creo conveniente silenciar.) Comencé a leer El segundo sexo, de Beauvoir; interrumpí su lectura por la mitad, porque todo lo que me interesaba saber sobre el feminismo ya había sido leído. Tal vez, si los trabajos y los días no me coartan, lo continúe.
     Ahora vuelvo a sentarme en el trono del antiblogger, fiel a mi compromiso de escribir en todo tiempo a cambio de nada. Que estas breves declaraciones sean el signo de un nuevo comienzo, para ustedes y para mí.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Reseña: “Las ventajas de ser invisible”, de Stephen Chbosky





«...aceptamos
el amor
que pensamos
que nos merecemos.»








Las ventajas de ser invisible ha sido y sigue siendo uno de los peores libros que he leído en toda mi vida. Hace tiempo escribí una crítica lapidaria, Chbosky y la última “novela de aprendizaje” del siglo XX; a pesar de subrayar enfáticamente mi postura, debo reconocer que he sido demasiado blando en este artículo.

La novela es horrible. Estoy obligado a explicar por qué. Muchos jóvenes la adoran al punto de llegar a sentirse identificados, al menos parcialmente, con el protagonista. Mi reseña no arremete contra los lectores; me limito a posicionarme, en todo caso, contra los modos de lectura que han habilitado y avalado la consagración de la obra de Chbosky como best-seller. El boom de Las ventajas... precedió al auge de John Green como novelista. Este libro, de algún modo u otro, fue precursor de lo que podríamos llamar realismo juvenil.

Cualquier novela realista exige una escritura de determinadas características para producir un efecto de verosimilitud. El mayor problema de Chbosky es que no hay realismo en ningún momento. Nada es verosímil.

Ante todo, quiero discutir conmigo mismo y con mi artículo anterior algunas cuestiones que dejé incompletas en el texto que escribí en el 2015. Las ventajas de ser invisible no es un bildungsroman ni un libro de autoayuda (algo que insinúe en el noveno párrafo de Chbosky...). Podríamos categorizarlo como realismo juvenil o como novela epistolar. Resuelto el problema del género literario en primer lugar, prosigo con mi análisis.

«La narración epistolar que presenta Chbosky es, sin embargo, realista.»

He afirmado esto en mi artículo anterior acerca de Las ventajas de ser invisible. Ahora lo refuto completamente. No, la novela de Chbosky no es en absoluto realista. En primer lugar, porque Charlie utiliza un género discursivo en decadencia dirigido a un destinatario de fines de siglo XX cuya identidad desconocemos y que incluso podría no ser real.

La primera pregunta polémica que quiero plantear es si realmente podemos creer todo lo que dice Charlie. Él mismo asegura en los primeros párrafos que ha cambiado los nombres de los protagonistas de las historias que relata. Sam y Patrick no se llaman Sam ni Patrick. Pero hay un momento en que esta operación de sustitución de identidades se ha visto puesta en riesgo: cuando Charlie consume LSD. ¿Cómo puede ser que haya escrito una carta drogado y no se le haya «pifiado» un solo nombre?

En relación al grado de credibilidad de las palabras de Charlie, hay una notoria contradicción entre determinadas secuencias de comportamiento del personaje y el rol que autoasume como «wallflower» o «invisible». El narrador aparece como contemplador silencioso de un espectro de acciones que oscilan entre lo políticamente incorrecto (relaciones sexuales consentidas y consumo de determinadas drogas) y lo delictivo. La imposibilidad de discriminar un conjunto de acciones lícitas/legales de las ilícitas/ilegales es alarmante. A lo largo del libro Charlie expresa que no sabe si lo que ocurrió fue bueno o fue malo. El narrador afirma que trata de pensar cómo funcionan las cosas, las personas, las sociedades. Pero cuando efectuamos una lectura crítica de la novela, descubrimos que en ningún momento Charlie exterioriza congruentemente sus reflexiones acerca de estos acontecimientos que atraviesan los ambientes sociales que frecuenta.

Charlie es la caricatura de un chico de 15 años. La novela lo representa como un sujeto incapaz de tomar decisiones propias. Carece casi por completo de voluntad. La única voluntad de poder es Bill*, quien lo atiborra de obras literarias y lo insta a “participar”. Este verbo siempre aparece entrecomillado; la novela lo ataca constantemente, desfragmentándolo. ¿Qué significa “participar”?

En la novela hay participación, pero no hay integración. En el transcurso de la historia, Charlie configura y reconfigura sus lazos interpersonales, tanto con familiares como con amistades, pero él no se siente enteramente integrado a esta generación. Algo sucede con Las ventajas de ser invisible que lo emparenta con la Rafaela de Furiasse, la cual también reseñé: el final trunco, el final semiabierto y desmoralejado, que nos deja un mal sabor de boca porque parece justificar el autoposicionamiento lacerante de Rafaela y de Charlie.

Otro de los aspectos notorios en Las ventajas de ser invisible es la constante preocupación de los personajes secundarios por la posibilidad de un ascenso social. El hermano mayor de Charlie es una metáfora del éxito: un universitario que juega fútbol americano y cuyo rostro aparece en las pantallas de televisión, suspendiendo en un instante de felicidad catódica todas las miserias personales y familiares del protagonista. Charlie incluso menciona la historia de uno de sus abuelos, un molinero que había castigado a su madre por una baja calificación en un examen. Los comentarios racistas y la escasa formación académica y cultural de los abuelos, tíos y primos de Charlie merecen análisis subliminales. La obsesión por las carreras universitarias y la incertidumbre de un futuro próximo son temas recurrentes en la novela.

Los dispositivos de reproducción técnica (los cassettes, los VHS, las máquinas que imprimen los números de la revista Punk Ronky), la lectura de obras literarias que a pesar de ser mencionadas no parecen arrojar sobre Charlie ningún despertar metafísico** acerca de su condición humana, las sustancias alucinógenas, los elementos contraculturales (mayormente enumerados por la hermana o por Mary Elizabeth) y las experiencias sexuales accidentadas no aparecen como formas de integración del sujeto a esta nueva sociedad que surge, sino como mecanismos de evasión o de la negación de la realidad. En Las ventajas de ser invisible hay una verdad subyacente que afecta el comportamiento de Charlie, quien afirma todo el tiempo que hay algo malo en él. En las últimas páginas se nos revela, o parece revelarse, ese secreto. Un recurso malísimamente utilizado. Como un mago que saca un conejo muerto de la galera.

Realmente, tengo mucho qué decir de esta novela. Pero lo dejamos acá. Lamento romperles el corazón a quienes les gusta este libro; tal vez escribo esta reseña con saña, con desencanto, e incluso con cierta pena. Esperaba que la relectura de este libro fuese más placentera o piadosa. Pero Las ventajas de ser invisible, como novela, no me cierra. Porque no tiene verosimilitud. La dudosa construcción psicológica del personaje da lugar a esas inconsistencias de la trama. Hay algo que me hace ruido, hay algo que Charlie no me está contando.

He vuelto a leer la novela entera buscando ese algo. Han pasado dos años y sigo sin entenderlo. Tal vez la traducción tenga la culpa. O tal vez soy un lector demasiado chapado a la antigua. Cito a McCarthy que cita a Yeats quien dice: Este no es país para viejos. Tengo veintitrés primaveras encima: incluso el cuento más imperfecto de Borges o el Ulises de Joyce o el villano más inescrutable de la novela más agoniosa me parecen más comprensibles que las propias acciones de Charlie.


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* El autor del artículo introduce un juego de palabras intraducible y rebuscado, ya que Bill proviene de William, que también puede ser abreviado Will, que a su vez significa «voluntad» o «testamento» en inglés. Según Contreras, Bill transfiere a Charlie un «legado» cultural: los libros que se interpolan en el texto (El manantial, de Ayn Rand; El Gran Gatsby, de Fitzgerald; Matar a un ruiseñor, de Harper Lee; y El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, entre otras piezas).


** La expresión «despertar metafísico» es impropia de Contreras, pero aparece en Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal. AB y Las ventajas de ser invisible son obras totalmente diferentes, por lo que se puede suponer que el autor del artículo intenta aplicar un criterio de análisis diferente sobre la obra de Chbosky. En efecto, los análisis de los dispositivos de reproductibilidad técnica dentro de las novelas y la preocupación por la conceptualización de la ficción como modo de evasión de la realidad han sido affaires recurrentes en el análisis de obras de autores como Roberto Arlt y Adolfo Bioy Casares. Contreras intenta utilizar una metodología similar para desfragmentar la novela de Chbosky. Se sabe que el (anti)blogger ha pergeñado, reprobado y postergado reseñas de Marechal, de Arlt, de Saer y de Casares. Me consta que ha comenzado a escribir una novela, cuya extensión actual es de casi cuarenta mil palabras, según las cifras oficiales. Se me ha prohibido terminantemente publicar otros pormenores respecto a este proyecto.