jueves, 2 de febrero de 2017

El universitario (extracto de una novela en proceso)

“El universitario no es un tipo que estudia: es, por decirlo de un modo impreciso, un devenir constante de acontecimientos contraproducentes. Es el perro canto de un despertador a las cinco de la madrugada, el café vaporoso en un vasito de telgopor, el ruido de la fotocopiadora al reproducir setenta veces siete los párrafos inveterados de Marx y Engels, el laberinto rojo de arteriolas rimbombantes en la mirada de un alumno voluntarioso, el frío que te muerde la cara en el invierno matinal, los cronogramas inmisericordes y las inscripciones jeroglíficas en el vacío de un pizarrón. No hay aprendizaje, sino la incertidumbre del aprendizaje: la digestión de conceptos blandos que se hacen añicos cuando intentás explicarlos en clase, la elevación de una mano tímida que precede a la enunciación de una respuesta que tal vez no sea la correcta, el desesperado afán de trabar amistades estratégicas a costa del carácter antisocial que algunos arrastran desde la secundaria, el intercambio de números telefónicos, viajes a larga distancia, combinaciones de líneas de colectivos y trenes, gastos astronómicos en libros que acabarán olvidados en los sectores más polvorientos de una biblioteca casera. El universitario descree del conocimiento, en tanto nada es absoluto: es consciente de que dos más dos será cuatro hasta que llegue el día en que un matemático postmoderno demuestre a través de teorías aparatosas que los números no son tan inflexibles como parecen, y de pronto la aritmética occidental padezca la obligación de cambiar las reglas por el capricho de un docente al que se le antojó dilapidar el sistema de numeración decimal.”

3 comentarios:

  1. :D me encanta...aunque ya lo haya leido en la página de facebook, me parece genial que lo hayas subido al blog ajaa

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  2. En particular la frase "el café en un vasito de telgopor" me impactó de realidad, porque ¿qué es el universitario sin ese cafecito post-final? Sobre todo yo, que evito a toda costa el café porque mi metabolismo no lo recibe muy bien, no puedo evitar de vez en cuando buscar refugio en esa bebida caliente y aguada que sale de las máquinas del buffet de la facultad. Aunque sé que más tarde me voy a arrepentir (cuando lleguen la taquicardia y los retortijones de estómago) no puedo dejar de tomarlo, porque me hace sentir más en sintonía con el mundo universitario.
    Hermosa entrada, me dejó pensando.
    Te mando un saludo!

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  3. Con permiso, voy a citar: "La digestión de conceptos blandos que se hacen añicos cuando intentás explicarlos en clase". Eso sentí cuando rendí el coloquio de Historia Social General el año pasado jajaja, y lo de elevar la mano tímidamente es típico. Lo describiste muy bien.

    Qué lindo escribís, Juli.

    Quería contarte que estoy haciendo el trámite de simultaneidad con la carrera de Antropología. Me decidí hace un par de meses. No pienso dejar Comunicación, sino probar con un par de materias de Antropología porque me muero de la curiosidad y las ganas de saber si es para mí o no esta carrera. Los papeles están en proceso, supongo que para agosto ya puedo empezar a cursar en Puán. Así que seguramente en algún momento nos crucemos por ahí :)

    Un beso,
    Aylu.

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