miércoles, 15 de febrero de 2017

Tu nombre está lleno de suerte

–¿Cómo se llama el canal?
–Belén Roggiero –dijo otro profesor, repitiendo el nombre que le había dicho anteriormente.
–¿Estudia acá? –quiso saber un tercero.
–Estudió un tiempo acá –dije, desconfiando de mi memoria–. Luego, se fue a otro lado.
–Ah... –suspiró Aníbal, pensativo.
–Sí, yo vi sus videos –dijo el profesor que repitió el nombre de la booktuber que conocí en los umbrales del Abasto Shopping, el año pasado.
Ellos no saben la historia y no tienen por qué saberla. Tal vez la cuente algún día, pero no será hoy. La única obligación de los docentes era evaluar mi exposición sobre Bioy Casares.
Me preguntaron si ella era diferente a otros booktubers. Les dije que sí. En realidad, cada videorreseñista* es único. Belu, Belén, Roggiero, Belén Roggiero. Si me preguntan qué canal recomiendo en primer lugar, el de ella se abre paso a través de la memoria.
–¿Cuál fue el último libro que leíste que ella haya recomendado?
Nada, de Jane Teller.
–¿Qué edad tenés?
–23 años.
–¿Cómo hacés para leer textos académicos y a la vez ver videos? –Aníbal no dijo estas palabras exactas, pero entendí a lo que apuntaba.
Leer lleva tiempo. Mucho más de lo que pensamos. Yo tampoco entiendo cómo hacen los bloggers/booktubers/bookstagramers para leer, reseñar y vivir.
Les digo –con sinceridad– que la noción de literatura como evasión de la realidad me preocupa cuando me preguntan qué pienso acerca de cómo los lectores jóvenes acometen el proceso de lectura en la actualidad. Belén no es así. Ella deja que los libros la afecten. No se encierra en una torre de papel.
–Quizá los últimos videos no les llamen tanto la atención –les digo–, pero ha hecho análisis muy interesantes.
 Me preguntan si prefiero la crítica literaria profesional o los comentarios de los bloggers. Les dije que me quedaba con ambos. Me hubiera encantado explicarles mi punto de vista con mayor meticulosidad, pero otra chica tenía que rendir. Me dicen que espere unos minutos mientras la compañera ocupa el asiento que he desocupado. Guardo el libro de Bioy Casares en el bolso. Pienso en Belén. En el último video que subió y no comenté: una reseña de Pola, un libro cuya autora tardó en escribir diez años. Pienso, también, en la enorme responsabilidad de unificar la esfera académica con el oficio de los booktubers.
Me cierran la nota. Un nueve. Estrecho la mano de Aníbal Jarkowski** y me voy.
Salí de la Facultad, rumbo a la estación de Caballito.
«Tal vez deba decírselo a ella; quién sabe cómo, forma parte de la historia.»
Belu: este relato no cabe en un comentario de YouTube. Tu nombre está lleno de suerte. Que lo haya podido mencionar en la vorágine de palabras que componían mi examen final y que tres honorables docentes de la UBA me hayan escuchado hablar de lo que hacés con interés tiene más significado que una firma azul en una libreta universitaria.
Ojalá alguien más escribiera acerca de las videorreseñas con devoción y seriedad, así como lo hago yo. Si los cuentos de Borges colocan a los traductores y los bibliotecarios como protagonistas, ¿por qué no hacer lo mismo con los bloggers y los booktubers?
Subo, cansado, al tren eléctrico. En algún momento del viaje sueño con los ojos abiertos: de la nada surge un libro que no existe. Un tomo blando de tapa roja y letras blancas. BBB, historias de bloggers, booktubers y bookstagramers.
Alguien, algún día, escribirá ese libro.

– – –

*El término videorreseñista es rarísimo en el lenguaje de Contreras; en efecto, Roggiero no es la única booktuber conocida por el autor de Opiniones marginales. Rapetti (Los libros de Facu), Valdana (Alena Prior), Romano (hijadeposeidon), Saldunga (MattOnFire), Sardanelli (Leer es como viajar) M. Obligado y Quiroga (Un cinéfilo entre libros) configuran la nomenclatura heterogénea de canales preferidos por Julián. Cabe destacar que él raras veces deja comentarios en canales de YouTube (según él, por falta de tiempo, pero también por falta de palabras). Libro, Cámara, Acción, no obstante, es la excepción más notoria.


**Al principio, pensé que se trataba de un nombre inventado –Contreras, por lo general, cambia los nombres de los protagonistas de sus historias para preservar identidades–, hasta que investigué un poco más y descubrí que Jarkowski es real, y no un personaje ficticio. Además de fungir como docente en la Facultad de Filosofía y Letras, Aníbal Jarkowski es autor de las novelas Rojo amor, Tres y El trabajo.

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