jueves, 13 de abril de 2017

¿Es ético comer ranas de chocolate?

Si no se han hecho esta pregunta antes, este es el mejor o el peor momento para hacerla. En este caso, remito a la adaptación cinematográfica de La piedra filosofal, ya que el libro no menciona explícitamente que estas golosinas estén «vivas» o que puedan saltar.

La última vez que vi la escena de Ron y Harry comiendo golosinas en el expreso a Hogwarts, me pregunté:

–¿Es ético comer una rana de chocolate? 

Mi hermana, compañera espectadora, dijo que no, que la rana estaba viva o animada, y que aún en caso de que compartiera la misma categoría que un objeto inerte, la criatura de chocolate no saltaría sin tener una razón para hacerlo.

–Pero estas ranas han sido creadas para ser comidas –dije yo.

–Sí, y las vacas han sido criadas para ser comidas –dijo ella.

Esto implica que la rana de chocolate y la vaca se hallan en el mismo nivel de clasificación. Observación que no comparto, porque la vaca no fue creada a partir de una masa de chocolate ni ha recibido el soplo de la vida mediante un hechizo. Este animal, aunque atrozmente criado para consumo humano («como cerdo para el matadero», diría cierto mago), no es creado por el humano. Si algún vegano se quiere sumar a la discusión y expresar su opinión, es libre de hacerlo.


El primer dilema de la rana de chocolate es determinar si se trata de un ser vivo o no vivo más allá del material del que esté hecha. Porque, a menos que sea un extremista objetor de conciencia, no hay mago o bruja que tenga un animal comestible como mascota o que luche por los derechos de las ranas de chocolate así como Hermione defiende fervorosamente la abolición de la esclavitud élfica.

El segundo dilema no es menos macabro: ¿ustedes comerían algo que se mueve? Comer una rana de chocolate no es lo mismo que comer una gragea, convengamos. La historia de la gastronomía mágica ha de tener sus excentricidades, así como los hábitos alimenticios muggles: los lectores bien informados conocerán algunas patrias donde los comensales se deleitan con la masticación de criaturas invertebradas previamente sumergidas en azúcar o aceite.

No quiero desviarme mucho de la polémica. Mi hermana –una esmerada Hufflepuff– y yo –un meticuloso Ravenclaw– a menudo nos sacamos chispas con estos debates tan estrafalarios como inútiles que sólo podrían interesar a los Lovegood. La última palabra en Semana Santa la tienen ustedes...


¿Qué opinan?




1 comentario:

  1. Ay no, nunca me lo había planteado y ahora quedé traumada. No, no me comería una rana de chocolate que se mueve como si estuviera viva, a menos que sepa que no tiene conciencia, que se mueve por alguna cuestión mecánica y que existe un truco/hechizo para desactivarla. Pero es cierto, que haya saltado por la ventana habla un poco de que tiene instinto de supervivencia y que lo hizo para huir de las fauces de Harry D: Qué horror!
    Igual revisé lo libros y es cierto, no hacen mención a que las ranas se muevan. Así que creo que son simples bombones con forma de rana. Me consolaré con eso e ignoraré la película, jajaja!
    Un saludo!

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