sábado, 6 de mayo de 2017

Reseña: “Palabras cruzadas”, de Gabriel Rolón





“Un paciente no es una persona.
Un paciente no es un individuo.
Un paciente es un sujeto.”







La chica que me prestó este libro temió que no me gustara. Mi reputación como lector de literatura fantástica es indiscutible. Sin embargo, estoy abierto a todos los géneros. Julieta, si tus ojos recorren estas líneas, mi alma te dice gracias. Porque Palabras cruzadas ha sido una de las sorpresas literarias más agradables de este otoño.

El autor no empuña un lenguaje ampuloso y rebuscado. Un estilo sencillo, directo y ágil. No así las complejas situaciones que presentan cada uno de los cinco relatos, donde el terapeuta intenta descifrar el jeroglífico interior de sus pacientes. Aunque el psicoanálisis es la disciplina central que configura la base de las experiencias relatadas, Rolón, lejos de encumbrarlo como una ciencia exacta, lo coloca en interacción con otras ramas del conocimiento humano.

El prólogo –brillantemente escrito, por cierto– nos proporciona una clave de lectura: la importancia de la(s) palabra(s) en el proceso terapéutico. En cada uno de los casos, la atención que el psicoanalista presta a las frases pronunciadas por sus pacientes es fundamental para comprender la angustia casi inexplicable que los atormenta. El casi está justificado: el sufrimiento tiene un punto de origen, que no es el mismo en todos los sujetos. Rolón nos hace comprender que los métodos del psicoanálisis no son absolutos, que la distancia entre teoría y práctica es abismal. El consultorio es la sala de operaciones donde el terapeuta obra con discreción, eficiencia y meticulosidad. La mente como un bisturí que disecciona el discurso del Otro para averiguar qué es lo que yace tras la puerta del dolor.

Cada uno de los pacientes trae una pesada mochila dentro de su pecho. El terapeuta los acompaña en sus respectivos trayectos, padeciendo colateralmente sus agonías, tomando decisiones drásticas con ellos, palpando las heridas frescas de culpas reprimidas y oscuras penas.

Extender esta reseña más allá de sus límites para reivindicar cuán maravilloso e iluminador es esta pieza sería una injusticia a su autor, que sin ninguna pretensión o vanagloria describe modestamente los pormenores de su profesión.

En las vísperas del estreno de la adaptación cinematográfica de Los padecientes en Argentina, debo reconocer que Palabras cruzadas ha sido mi primera incursión a la producción textual de Rolón. Así como él se ha ganado la confianza de sus pacientes, esta escritura sin adornos ni florituras se ha ganado la atención de mis ojos.

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