“Cuando escriba mejor”: cómo nació “La culpa de los inocentes”



A todas las almas gentiles que me han preguntado de qué tratará La culpa de los inocentes, les pido que lo lean tal como debe ser leído: como el primer libro de alguien que escribe y como el primero que muchos que quiero escribir. Pude haber escrito «el primer libro de un escritor», pero aún siento que esa palabra es un saco grande para un corazón tan chiquito y poco ambicioso como el mío. Podríamos agregar «escritor independiente» si vamos al caso, pero dejémoslo así.

La culpa de los inocentes es el resultado de mi amor por la literatura, el primer hijo de papel nacido de esta relación que tengo con el arte. Los dieciocho cuentos que componen este libro han sido escritos entre 2010 y 2017. Llueve, el relato con el que arranca la antología, lo escribí a los dieciséis años. Como otros títulos de la colección, lo reescribí, lo corregí, lo peiné y lo cepillé especialmente para la ocasión. Otros dos cuentos, La Colorada y De cómo Ukenia Maultresantwitz se enamoró perdidamente del Último Caballero de Hurlingham, nacieron de la iniciativa BUATales propuesta en Blogueros Unidos de Argentina. Algunos relatos los escribí en las clases de un taller literario de Merlo y otros en la intimidad de mi computadora.

Ciertamente, aunque yo fantaseaba con que mi nombre apareciera en la portada de una novela propia, no consideré publicar aquellos cuentos hasta último momento, cuando sin previo aviso dediqué noches diligentes a revisar todo lo que ya había escrito. Y era mucho. Lo que no significa que todo fuese bueno. Esto no es exceso de autocrítica: mi computadora es un cementerio de historias muertas, relatos no nacidos, novelas incompletas y poemas tuertos.

En los últimos años solía decirme: «Publicaré un libro cuando escriba mejor». Era la excusa perfecta para seguir postergando un sueño que, aunque yo no lo supiera, estaba más al alcance de mi mano de lo que yo mismo pensaba. Hasta que me di cuenta que si no publicaba ahora, escribiendo bien o mal, no publicaría nunca. Por la simple razón de que uno cree que lo mejor tiene que ocurrir mañana, o el año que viene, o dentro de una década, «cuando esté listo» o «cuando escriba mejor».

La culpa de los inocentes es un impulso de juventud, pero también un registro de cómo fui creciendo como escritor. En algunos cuentos se nota que está muy presente el chico de dieciséis años que alguna vez fui, lleno de ingenuidades y cegueras, mientras que en algunas páginas asoma la sombra de un yo más crecido, poético y cargado de metáforas violentas.

De mi océano privado de papeles muertos e historias no narradas, elegí esos dieciocho cuentos que representan mi amor imperecedero por las palabras. Paradójicamente, un solo cuento habla de amor. Los demás son un puñado de tragedias grandes y pequeñas, creíbles o inverosímiles, realistas y fantásticas.

Por el momento, les diré que el libro todavía está en proceso —lo que estoy diciendo a todo el mundo, especialmente a aquellos que son tan o más impacientes que yo. Los de Tahiel Ediciones están trabajando duro, no solo con este sino con muchísimos libros más que publicarán este año. ¡Gracias por hacer posible esto!

Mientras tanto, continúo leyendo, escribiendo y administrando este modesto rinconcito digital donde comparto mis reseñas. ¿Y quién dice si no estoy urdiendo desde mi escritorio un segundo libro?


Consciente de que el nacimiento de La culpa de los inocentes es inminente, no puedo hacer más que anunciarlo y dar gracias anticipadas a todos por las muestras de cariño y las palabras de aliento que he recibido. Gracias por leer... ¡y vamos por más!

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