Reseña: “Colorado Kid”, de Stephen King




—¿Así que llevan trabajando más de cincuenta años y en todo este tiempo no se han topado con ningún misterio sin resolver? ¿Cómo es posible?



A pesar de que Stephen King es uno de mis autores favoritos, sus obras me producen sentimientos encontrados. Por un lado, ha escrito historias extraordinarias que te vuelan por completo la cabeza (Eso, Apocalipsis, La zona muerta) y novelas bastante buenas (Carrie, Buick 8, La niebla); por otro lado, ha arrojado títulos bastante flojos (Revival, Blockade Billy) o directamente malos (Cazador de sueños). Entre el Cielo y el Infierno de su escritura hay un nivel intermedio donde flotan todas esas historias que a pesar de su perfecta ejecución no terminan de convencer al público.

Colorado Kid es una de ellas. Una novela de bolsillo cerrada en todos sus ángulos, eficiente en su brevedad, pero insípida en su contenido.

Stephanie McCann trabaja como redactora en un periódico local de una isla de Maine como parte de su carrera universitaria; un día como cualquier otro, ella pregunta a sus ancianos compañeros Vince Teague y Dave Bowie si no han descubierto algún Misterio Sin Resolver en su larga trayectoria periodística. Ellos le cuentan el caso de Colorado Kid: el cuerpo muerto de un hombre que apareció de la nada en medio de una playa. Un cadáver sin identificación que nadie reclama ni llora. Al menos, eso es lo que se piensa al principio, hasta que aparecen indicios y pistas que irán develando este escalofriante misterio.

La sinopsis promete mucho, pero se queda corta. Muy corta.

Para empezar, el Maestro del Terror que todos veneramos está tan ausente en este libro como lo está en Revival. (Hace poco tiempo leí una reseña impecable de Meli Corbetto en Lee.Sueña.Vuela que coincide mucho con mi opinión general de esa novela.) Si buscás miedo entre líneas, no lo vas a encontrar. La historia intenta pertenecer al género de misterio. Digo intenta, porque falla. Ahora les cuento por qué.

Los primeros cinco capítulos configuran una agónica introducción que en vez de meternos de lleno en el enigma nos satura de digresiones acerca del periodismo y sus claroscuros; a esto se añade la escena de la camarera, un verdadero dolor de muelas para los lectores impacientes como yo.

Después de hacerse rogar con sus pausas y postergaciones, Vince y Dave relatan el caso que da nombre al libro. Stephanie interviene en la narración, hace todo tipo de preguntas y conjeturas. Su relato debería sumergirnos al siguiente nivel, transportarnos a 1980, el año del hallazgo del cuerpo y acceder a las vísceras del enigma mismo.

Pero no...

La historia no sale de la sala de redacción. No es más que un relato narrado por dos hombres viejos a una estudiante de periodismo. Lo que King no quiere que suceda sucede de todas formas: el gran misterio queda reducido a mera anécdota.

Ciertamente, la interacción entre los personajes y sus reflexiones entrecortadas producen un inevitable efecto nostálgico que nos hace pensar en el paso del tiempo y en que sin importar cuánto nos esforcemos moriremos sin recibir respuesta a todas nuestras preguntas. Además, las descripciones espaciales de la costa son deliciosas a los ojos. En esto King sale ganando. En lo demás, le otorgamos el beneficio de la duda.

En cuanto al misterio en sí, no les puedo decir si se resuelve o no se resuelve... ¡porque no lo sé! Cuando terminás de leer el libro, alzás la mirada y pensás: «¿Y entonces qué?»

Colorado Kid es un callejón sin salida. Sin importar cuántas veces lo releas, sabés que no se te escapó nada, porque no hay nada más qué buscar.

Como novela, no es buena ni mala. Es rara. Sobre todo, porque no acata las normativas tradicionales del género. Es una obra tan aislada del repertorio habitual de King que ni siquiera hay conexiones visibles con el resto de su producción literaria ni con el universo de la Torre Oscura. Si quieren hallar a King en su estado más puro, lean las novelas que he citado al principio de la entrada. A Colorado Kid déjenlo para después, para una tarde calurosa o un viaje en tren; este libro de bolsillo es un trago de tinta para el camino, que produce un extraño picor en el paladar de la mente, como si fuera un chicle ácido. Tiene un sabor raro y le hallás el gusto después de masticarlo un largo rato. Luego lo escupís, y nos vemos a la hora de la cena.


Colorado Kid es una narración atípica en la producción literaria de Stephen King que explora la naturaleza del misterio mismo y la impotencia de los seres humanos ante los enigmas no resueltos. ¿Recomendable? No tanto: solo para los que estén dispuestos a tolerar finales de fauces muy abiertas, para los seguidores del Maestro de Terror que todo perdonan y para los que estén dispuestos a leer una historia rara y breve sin murmurar un solo What the f***? en el camino.


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