Reseña: “El caballero de los Siete Reinos”, de George R. R. Martin



—Las palabras son aire.
—Algunas son aire, ser, y otras traición.






Confieso que la obra de George Martin me intimida, y mucho. Mi primer acercamiento al universo de Canción de hielo y fuego es una precuela constituida por tres relatos de considerable extensión. ¿Podría aproximarme a los territorios de Poniente sin tener conocimiento previo de la saga principal? La respuesta es un feliz sí, y me alegra mucho haber leído El caballero de los Siete Reinos, porque, si como yo, aún no estás sumergido en las imbricadas tramas de Juego de Tronos, este libro es una puerta de acceso perfecta para los lectores indecisos.

Los tres relatos transcurren unos cien años antes de los acontecimientos del primer libro de la serie. Dunk, un joven escudero cuyo anciano señor acaba de perecer, decide hacerse caballero errante por su propia cuenta; en su incipiente trayectoria nobiliaria conocerá a Egg, un niño de cabeza rapada y mirada profunda que esconde más secretos de los que se podrían imaginar. Llamándose a sí mismo Duncan el Alto y aceptando a regañadientes la compañía del chico, el protagonista vivirá grandes aventuras en las que convergen el peligro y la incertidumbre.

Quiero destacar en primer lugar la construcción de los personajes principales. Dunk, «más duro de entendimiento que traspasar el muro de un castillo», es un muchacho que aspira a una vida como caballero, a pesar de que es hijo de nadie y no pertenece a una estirpe de alta cuna. Es obstinado, lento, distraído y se le suelta la lengua cada vez que lo invade el enojo, pero estos defectos hacen de él una persona perseverante con un alto sentido del deber, el valor y la justicia. Un bastardo sin apellido con un código de honor que contrasta fuertemente con la altanería de los nobles de caras armaduras y actitud desdeñosa. La nobleza abomina a los don nadie, y Martin narra de forma creíble y eficiente los constantes esfuerzos de Dunk por ascender de categoría social a pesar de que es consciente que no encaja en el microcosmos de las familias legendarias.

Raras veces los personajes me conmueven hasta tocar la ternura de mis nervios, pero Egg se ganó mi respeto, admiración y cariño. Además de ser el escudero de Dunk, él es la voz de la razón en medio de los caos en los que su amo se mete, un observador atento que sabe aconsejar e instruir en sus momentos de precoz sabiduría, pero no por eso deja de ser un niño que despotrica cada vez que le llevan la contraria y taladra la cabeza de su señor con insistencias inoportunas. A pesar de que ambos tienen un carácter fuerte a su manera, su amistad evoluciona de tal manera a lo largo de los relatos que al llegar a la última página, el lector se queda con las ganas de vivir más aventuras con este entrañable dúo.

El núcleo duro del libro es la amistad entre el caballero errante y su inesperado escudero, quienes afectarán el curso de la historia de los Siete Reinos de formas tan colaterales como imprevistas. Aunque la trama principal es la historia de un soñador que quiere comprar su estrella, Martin la entreteje con un trasfondo político marcado por los fantasmas de una guerra pasada, las disputas por el poder y las divisiones intestinas de los miembros de la familia Targaryen.

La casa de los dragones atraviesa una crisis de legitimidad política que acarreará consecuencias visibles en la saga: después de que el rey Aegon IV se acostara con cuanta mujer se le cruzó, cosechando sobre la tierra cuanto bastardo pudo, imaginen la batarola que se armó cuando llegó la hora de determinar quién sería el heredero al trono. Esto desembocó en la Rebelión Fuegoscuro, que confrontó al bando realista (los rojos, que defendían al legítimo heredero de la corona, Daeron II) contra los opositores (los negros o los traidores, que apoyaban a Daemon Fuegoscuro, medio hermano de Daeron y Pretendiente del trono).

Esta información que se les suelto es importantísima para entender en qué circunstancias Dunk decide armarse caballero: aunque han pasado años desde la rebelión, los Targaryen son temidos y cuestionados en partes iguales, y los hijos de los traidores cargan con el peso de la derrota de los padres.

Estas idas y vueltas en los bastidores de la escena política de los Siete Reinos pueden desorientar al lector desprevenido si se detiene demasiado a comprenderlas, por lo cual la mejor estrategia de lectura es enfocarse de lleno en la trama de Dunk y Egg. Ellos apenas están tanteando el territorio del oficio de la caballería y tienen mucho qué aprender.

Las tres historias de El caballero de los Siete Reinos no obedecen la estructura clásica de los relatos de caballerías. Tramoyas, engaños, traiciones y desencantos. Dunk permanecerá fiel a su honor en un mundo donde la mayoría ha trocado la honra por el poder. Esta incipiente decadencia del honor anticipa la atmósfera de inescrupulosa crueldad que caracterizará a la saga de Canción de hielo y fuego.

Si yo lo he pasado en grande leyéndolo, ¡cuánto más sus fanáticos! Y sí, he picado feliz y contento el anzuelo: esta precuela disminuyó mis dosis de temor respecto a una serie monumental conocidísima por todos. No veo la hora de tener la oportunidad de leer Juego de Tronos y ver cuánto han (empeorado) cambiado las cosas.


El caballero de los Siete Reinos es una introducción a los tiempos anteriores a Juego de Tronos, un vistazo a las divisiones políticas que fragmentaron a las familias nobles, una lectura ideal para fanáticos y no tan fanáticos de la saga; y, por sobre todas las cosas, una gran historia de amistad, valor y lealtad en un mundo que se vuelve cada vez más frío y hostil.


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