Reseña: “El misterio de Salem’s Lot”, de Stephen King




—Mira la casa de los Marsten —dijo ella.

Ben miró, y vio que había una luz
allá
arriba.




King, genio, capo de la vida, una vez más me conquistaste. Como que es un poquito muy evidente que es uno de mis escritores favoritos, ¿no? Como ya había dicho en la reseña a Lobos del Calla, algunos de sus libros son indispensables para comprender el universo personal del Maestro del Terror. El misterio de Salem’s Lot, la segunda novela publicada de Stephen, no es lo que yo esperaba, pero estoy conforme. (?)

«Pueblo chico, infierno grande», reza el célebre proverbio. Y lo que está a punto de desatarse en Salem’s Lot es peor que el infierno.

La primera parte del libro es necesariamente lenta. King no nos arroja el mono a la cara de inmediato. Lo primero que hace es desnudar el mecanismo de relojería que es la parsimonia vida en aquel pueblito de Maine. Los párrafos nos ofrecen un retrato verosímil de las familias que viven allí, ensimismadas en sus chismorrerías y sus pequeñas preocupaciones. La llegada de Ben Mears, un escritor que vivió allí durante su infancia, trastoca ligeramente la vida de un par de personas y llama la atención de los más curiosos. Por lo demás, no hay novedades en el horizonte... hasta que aparece un tal Richard Throcken Straker (alto nombre te mandaste, papá) que está poderosamente interesado en una casita abandonada de mala muerte.

Bueno, no hace falta que les diga más.

El mal que se cierne sobre el pueblo se extiende de forma tan progresiva como verosímil. Por increíble que parezca, la mayoría de los personajes sabe que algo anda mal, e incluso se les cruza por la cabeza la idea de que una criatura sobrenatural ronda por las noches en sus patios. Pero (¡y esto es la genialosa genialidad genial!) los propios protagonistas se niegan a creer que algo así este sucediendo en realidad. Reaccionan tal como nosotros lo haríamos si alguien nos dice que hay un monstruo a la vuelta de la esquina.

Uno de los temas centrales de El misterio de Salem’s Lot es la reacción del hombre común ante un suceso extraordinario. Los personajes intentan buscar explicaciones lógicas a los horrores que están acontecimiento en el pueblo. Mientras más piensan, más turbia se vuelve la situación. Aquí la duda no es un beneficio, sino un lujo. Dudar es morir.

Otra particularidad de la novela es la cuestión de la fe. La cosmovisión cristiana es inevitable en una obra que invoca la presencia de una criatura como la que aparece en estas páginas. (En el apartado de Agradecimientos, King menciona la colaboración de un sacerdote que lo asesoró en materia de ceremonias católicas.) Sin embargo, no estamos en la era victoriana, sino en los años ’70: la gente no se aferra tanto a sus ciencias como a su televisor. No basta con aceptar la existencia del monstruo para combatirlo: es necesario creer que puede ser derrotado.

A medida que avanzan las páginas, se va formando una coalición humana dispuesta a plantar cara a la amenaza exterior. Este es el primer libro de la producción narrativa de King donde aparecerá uno de los elementos recurrentes de sus obras: la comunidad. Como en La torre oscura, Eso, Apocalipsis o El cazador de sueños, no hay un solo héroe. Hay muchos. Con defectos, pecados e imperfecciones. Pero la unión hace la fuerza.

¿Podrán los protagonistas de esta historia enfrentarse al Mal en su forma más sanguinaria o el pueblo sucumbirá irremediablemente ante el enemigo ancestral? Esto es algo que los lectores tendrán que descubrir por su propia cuenta. Nos reencontraremos en la próxima reseña, gracias por leer, comenten si les interesa esta novela...

...y, por supuesto, bienvenidos a Salem’s Lot.



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