Reseña: “Far Cry 5”, de Drew Holmes y Dan Hay




Podría decirse que Far Cry 5 me decepcionó en la forma de contar su historia. Pudo haber sido uno de los juegos más memorables de la década, de no ser por sus agujeros argumentales y sus incongruencias narrativas. Ante todo, una sinopsis: un hombre llamado Joseph Seed preside una secta armada que se ha apoderado del condado de Hope County. El fallido intento de arresto de este siniestro líder ha encendido las alarmas en toda la región. En la oscuridad de la noche, separados de nuestros compañeros y con una horda de fanáticos religiosos persiguiéndonos, estalla la guerra secreta.

El elenco se reparte en dos bandos discernibles: las Puertas del Edén y la resistencia. Los primeros, al mando de la familia Seed, están armadísimos hasta los dientes y han sometido a gran parte de la población total a regímenes de vigilancia, tortura y persecución. Los opositores no hacen más que sobrevivir, resignarse o morir. Las alternativas se agotan y sólo la intervención del jugador se dará una vuelta de tuerca a la hegemonía de la secta.

La ambientación espectacular, la banda sonora y la construcción psicológica de los antagonistas han sido elogiadas por muchos. La trama se nutre del material bíblico –inevitablemente del Apocalipsis–, del contexto sociopolítico de los Estados Unidos postmodernos, de la música country, el rock y los himnos cristianos –bastará prestar el oído a las estaciones de radio. Las canciones de Far Cry 5 son hermosas, armónicas y conmovedoras. Dignos leitmotivs que edulcoran una aventura violenta y paranoica en las íntimas vastedades de una Montana oscura.


Las actividades de la secta están parceladas en tres grandes áreas administradas por la Familia: Jacob, el hermano mayor, un veterano de guerra que recluta a la población y tortura a los que se oponen; Faith, quien se encarga de la producción de una droga llamada El Gozo; y John, abogado que legitimó con su firma la compra de las tierras de Hope County y cuya función principal es la conversión y el bautismo de los fieles.

El jugador no estará solo, sino que contará con aliados a lo largo del juego: desde un reverendo resignado o un pirómano carismático hasta un puma adiestrado. Amigos humanos y no humanos que podrán ayudarnos a liberar diferentes áreas del mapa, acabar con la guerrilla local y salvar vidas inocentes.

A esto se añade una amplia variedad de armas, vehículos, locaciones explorables y misiones secundarias que enriquecen la dinámica del juego. En cuanto a jugabilidad, calidad gráfica y estética, Far Cry 5, bajo la dirección de Dan Hay, cumple con creces.

Lo que hace ruido, en cambio, es el guión, que corre por cuenta de Drew Holmes, quien también guionizó BioShock Infinite.

Enumero las tres principales fallas:

1) Sin importar las buenas intenciones, no tiene mucho sentido que un solo agente permanezca en el sitio ayudando a la resistencia cuando puede irse de Hope County en busca de refuerzos federales. Aunque sus actos heroicos salvan personas a corto plazo, ¿no sería mejor enfrentar a la secta con el apoyo de la Guardia Nacional y salvar a miles?

2) A lo largo del juego, los adversarios secuestran una y otra vez al protagonista, el cual vuelve a fugarse tras cada captura. Rebajar a los enemigos a la condición de gatos que juegan con su presa es poco convincente tratándose de una sociedad de carácter sectario donde no-se-raja-nadie. Además, si el personaje es tan superhabilidoso hasta para pilotar un avión con éxito al primer intento, ¿cómo se va a dejar capturar tantas veces?

3) En contraste con el peso de las figuras antagónicas, su historia se desarrolla menos de lo que se podría llegar a esperar. Se sabe que llegaron, compraron a medio mundo, y de la nada tienen armas y creen que el Apocalipsis se acerca. Hope County está lleno de búnkeres y silos inverosímiles. ¡Explíquenme eso! Y los finales... ¡los peores! Insípidos.

Eso le resta puntos a la historia. La cuestión del extremismo religioso ha sido trabajada de forma más eficaz en la saga de Ouslast o en BioShock Infinite. En Far Cry 5 es un pretexto y no va más allá. Hay una apropiación de la materia bíblica, pero muy superficial. Aún así, veámoslo como es: un juego que no pretende más que ponernos en apuros virtuales para entretenernos.

A pesar de la ineficacia narrativa, Far Cry 5 es una experiencia digital cargada de acción, aventura y adrenalina, repleta de personajes bien definidos y ambientaciones impecables. A quienes piensan que lo jugué, aclaro: no, no lo hice. ¡Caíste, lector! Lo que hago yo es ver gameplays, apreciar cómo están construidas las historias y encarar los títulos desde ahí. Y si quieren leer otras reseñas, pueden hacer clic AQUÍ. Gracias por leer y hasta la próxima reseña.



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