Reseña: “Far Cry 4”




¡Hola a todos! Sé que debería estar hablando acerca del lanzamiento de mi primer libro, de mi experiencia en la Feria del Libro 2018, pero... ¡A esto me refiero con buenas historias! A Far Cry 4. Para los que no lo saben, de vez en cuando veo gameplays, videos de juegos grabados por otros, y hallé un canal útil a mis propósitos: DarkPlayer Gaming TV. Si algo dejo en claro siempre es que escribo mis reseñas desde la perspectiva de un mero espectador, por lo que no me meto en otros aspectos del título como la jugabilidad. En este caso, reseñaré una pieza de Ubisoft, dirigida por Alex Hutchinson y que aunó los esfuerzos de cuatro guionistas: C.J. Kershner, Lucien Soulban, Liz Albl y Li Kuo.

Una de las particularidades de los juegos de la saga Far Cry es el exotismo de las ambientaciones, que pueden situarse en una isla o en un paraíso mediterráneo. Tal es el caso de Kyrat, la nación ficticia donde transcurre la trama de FC4. Este país, sometido bajo la tiranía de Pagan Min, es una parada obligada para Ajay Ghale, un norteamericano de origen kyratí que ha llegado al continente asiático para esparcir las cenizas de su madre en un lugar llamado Lakshmana. Inevitablemente, se topa con la guardia real; tiro que viene, tiro que va, y al rato Ajay se topa con la resistencia, un grupo conocido como la Senda Dorada que le planta cara al dictador a pesar de los paupérrimos recursos que tiene. Ghale, turista estadounidense que lleva a cuestas la urna con los restos de su madre, podría marcar la diferencia en Kyrat. Todo dependerá de sus decisiones y de los sacrificios que esté dispuesto a hacer por la libertad de su pueblo.

Uno de los puntos fuertes a nivel argumental es la complejidad moral de los personajes. La Senda Dorada, aunque unida contra la dictadura Min, está dirigida por dos líderes: Sabal, quien conoció al padre de Ajay, insiste en mantener los valores, costumbres y tradiciones de la cultura kyratí, por más que parezcan arcaicos o incluso terribles para la sociedad actual; Amita, en cambio, considera que hay que renunciar y destruir todas esas creencias anticuadas para enfocarse en el progreso económico, político y cultural de Kyrat, recurriendo al narcotráfico y a la explotación del patrimonio nacional si es necesario. Dos posturas extremas irreconciliables que condicionarán el campo de acción del protagonista, quien deberá elegir entre lo uno y lo otro: la tradición o la transformación, la historia o la prosperidad, preservar el pasado o construir un futuro desde cero. Este juego de ambigüedades coloca al espectador en una encrucijada y nos obliga a preguntarnos: ¿cuál es el camino correcto?

Pagan Min, como antagonista, es formidable. Un tirano cínico que hace desangrar las tierras de Kyrat sin un atisbo de compasión en la cara. Estamos hablando de alguien que hizo imprimir su rostro en los billetes nacionales, que se saca una selfie después de un fusilamiento y que manda a matar al cocinero de la mansión porque su tarta de cangrejo estaba medio cruda. Lo terrible es que Min es consciente de que hace cosas terribles, y a todas luces es evidente que le importa un cuerno el bienestar de los kyratíes. Pero no lo disimula. Pagan sabe que es el tipo malo de la historia y se lo pasa en grande.

Algo que quiero subrayar es la fascinación orientalista que barniza esta trama política: thangkas, sherpas, dioses nativos, experiencias místicas, ritos sagrados y tradiciones locales. Far Cry 4 se tomó la molestia de trazar reminiscencias a las culturas orientales con un respeto creíble, una verosimilitud noble y una valoración positiva a este mundo tan remoto a las ciudades occidentales. A pesar de las criaturas silvestres que medran por los bosques o las águilas que nos atacan en medio del sendero, la barbarie no es la vida en Kyrat sino la muerte en vida que significan los castillos y las armas, las jaulas y las profanaciones.

Pagan Min, el hombre civilizado, el que se pasea con su caro traje fucsia en los pasillos del palacio; Paul De Pleur, el torturador que conversa por teléfono con su hija mientras arranca uñas a sus víctimas... Ellos, los poseedores de las nuevas tecnologías, los que extienden su discurso totalitario a través de televisiones y radios, son la barbarie.

En contrapunto, Ajay Ghale entra en contacto con la sociedad a la que perteneció su madre, pero sin idealismos: porque la Senda Dorada también comete horrores, urde sacrificios, rompe pactos... Todo por la salvación de Kyrat. Pero, ¿qué tan alto es el precio que hay que pagar por la libertad? ¿Y qué hacer con ella una vez que se la alcanza?

Si se la alcanza, porque el totalitarismo intransigente y carismático del gobierno de Min no se los pondrá fácil. Para nada. Ghale hace elecciones. Y Min, sonriente pero a consciencia, nos advierte: Elegir tiene sus consecuencias.

El guión de FC4 deshilvana finamente cuestiones filosóficas ligadas al consecuencialismo, es decir, la postura que dictamina que el valor moral de un acto está determinado por las consecuencias favorables o perjudiciales que se produzcan en el futuro. Un juego que nos hace cuestionar si el fin justifica los medios, si es admisible matar a unos para salvar a otros.

Si los miembros de la resistencia presentan esta rica complejidad moral, los personajes secundarios, los estrictamente estadounidenses, permanecen o intentan mantenerse al margen del conflicto. Tal es el caso del torpe Hurk, que ni siquiera diferencia los bandos; o Yogi y Reggie, los turistas fumados que están varados en Kyrat por la pérdida de sus pasaportes. Aún así, el guión deja entrever que Estados Unidos se permite ciertas intervenciones en esta nación para mantener a Pagan Min a raya lo justo y necesario.

Podría añadir algunas observaciones más, pero como notarán, la historia de FC4 me pareció más sólida, convincente y original que su continuación. Si las anteriores entregas han sido así, sin duda alguna les echaré un vistazo.

Far Cry 4 constituye una experiencia virtual alucinante que articula ambientes exóticos, personajes complejos, referencias culturales variadas y dilemas morales en una premisa atractiva y atrapante. Ahora es tiempo de elegir: seguir tu camino o luchar, matar o dejarse morir. Y recuerden: elegir tiene consecuencias. Gracias por leer.



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