Reseña: “Las fuerzas extrañas”, de Leopoldo Lugones





¡Es tan hermosa la ciencia, la ciencia libre, sin capilla y sin academia! Y no obstante, está usted todavía en los umbrales...




La reputación de Lugones precede a su lectura. Fue apóstol del modernismo, fue la causa del día del escritor, fue un adorador de la figura del gaucho, fue un buscador de la identidad nacional, fue teósofo, fue poeta, fue masón, fue director de una biblioteca, fue suicida. Leer Las fuerzas extrañas es leer una faceta casi inexplorada de él: la del pionero que intentó inyectar un poco de ciencia ficción al ambiente literario argentino.

Una colección de doce relatos publicada en 1906. Vale la pena referirlos. En “La fuerza omega” y “La metamúsica”, Lugones demuestra su interés en la física, especialmente en la ciencia del sonido; “La lluvia de fuego” y “La estatua de sal” exploran, de manera directa o indirecta, la historia bíblica de la condenación de Sodoma y Gomorra. “El origen del Diluvio” y “El Psychon” parecen pequeños ensayos más que relatos, y me han producido menos placer que tedio.

Consumada esta primera instancia, paso ahora a los relatos más interesantes. “Yzur” y “Un fenómeno inexplicable” comparten el uso de la figura del mono, como personaje y como símbolo. Hay una vaga reminiscencia a cierto cuento de Poe que no puedo certificar, pero mezclar simios y ciencia no puede derivar buenos resultados; pregúntenle sino a Pierre Boulle, autor de La planète des singes.

Juzgo más audaz el argumento de “Viola Acherontia”: la creación de la flor de la muerte. La idea es encantadora. Me dolió la brevedad de su extensión. Bien podríamos considerar a “Los caballos de Abdera” la precuela de un mito griego; este relato es violento, breve, turbulento e insuperable. Por alguna razón me hizo pensar en las sátiras de Swift y en los cuentos del uruguayo Felisberto Hernández. “El milagro de San Wilfrido” no es la mejor pieza de la colección, pero su ejecución es digna y goza del carácter de las narraciones legendarias. Finalmente, es “El escuerzo”, el quinto relato de la serie, el que se lleva mis aplausos; un niño mata a un sapo y su niñera lo exhorta a quemar el cadáver. Los anfibios, asevera, son criaturas sobrenaturales y vengativas. El lector se verá obligado a seguir leyendo para averiguar por qué.

“El escuerzo” puede ser leído sin esfuerzo como un cuento de terror. “Los caballos de Abdera” hilvana escenas muy gráficas y ambiguas que elegantemente rozan el borde lo morboso sin perder sofisticación. Los demás cuentos no me llamaron mucho la atención, pero no puedo decir que el libro me haya disgustado. Ha pasado un siglo; Las fuerzas extrañas, a pesar de que a veces incurre en arcaísmos ineptos y párrafos floridos, puede ganarse un lugar en los ojos de los lectores de este milenio nuevo.

Las fuerzas extrañas es una obra curiosa, peculiar, anómala, llamativa, algo barroca en su lenguaje, algo trunca en su ritmo, pero interesante de leer. No es acaso lo más lugoniano de Lugones, que cultivó otros géneros. Merece, entre tanta novedad suelta por ahí, una oportunidad.

Comentarios

  1. Me encantó tu reseña Juli. No vi tantas de esta antología pero de todas formas lo tendré en cuenta. Saludos y nos estamos leyendo =)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario