“De menor a mayor”: cómo nació “Como ondas en el agua”


Mi segundo libro, Como ondas en el agua, ya está formalmente disponible tanto en la librería de Tahiel Ediciones como en los futuros eventos en los que la editorial participe. Les tengo que agradecer a este equipazo por hacer de estas historias una realidad de tinta y papel.

Esta obra, como la anterior, es una colección de cuentos, esencialmente fantásticos. La particularidad de este libro, y la que justifica la razón del título, es que están ordenadas desde el relato más corto hacia el más extenso. Treinta y siete historias organizadas de menor a mayor.


En esta oportunidad, pude incluir los cuentos más perfectos que escribí hasta ahora, incluso a costa de su extensión de varias páginas y a riesgo de aburrirlos... cosa que no creo que suceda si les fascinan la magia, los monstruos y los misterios. Además, hay algunas historias que están sutilmente interconectadas entre sí y forman parte de un universo secreto que intento expandir relato tras relato.

Como ondas en el agua es una secuela espiritual de La culpa de los inocentes en muchos sentidos. Las historias trágicas, los eventos inexplicables y los horrores incomprensibles siguen siendo las coordenadas constantes de mi escritura. Los niños crueles y los monstruos cotidianos me obsesionan tanto como han obsesionado a Silvina Ocampo, quien tuvo mucho que ver en la génesis de estos cuentos a pesar de que no la menciono en el Epílogo junto con el resto de los autores que he frecuentado. Una injusticia que quiero resarcir en este apartado; Viaje olvidado y La furia contienen historias que me han sacudido por su brevedad y su potencia. Si quieren leerla, les recomiendo esos libros.

No hay nada nuevo qué decir de este libro porque lo nuevo se halla en los lectores. En la forma en que leerán estas y otras historias. Con la esperanza de seguir siendo leído, tanto a través de este blog como a través de mis libros, ofrezco este croquis, esta radiografía en miniatura, a los que se preguntan qué se va la cosa con esta entrega. Y, por último, como yapa, uno de los microrrelatos de esta pieza, titulado Buenas migas:


«El tipo me caía mal.
Luego, lo metí al horno y le puse sal.
Tenía buen gusto.»

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