Reseña: “Ficciones”, de Jorge Luis Borges





Dejo a los varios porvenires
(no a todos)
mi jardín de senderos que se bifurcan.





Reseñar a alguien que hizo de la reseña un arte es difícil, mas no imposible. Mi escritura se entorpece al hablar de un autor que ha dejado una huella profunda en mí desde que lo leí por primera vez. La obra de Jorge Luis Borges es vastísima, no solo por la cantidad de palabras que ha sembrado en el campo literario, sino por las inagotables lecturas que las generaciones pasadas y presentes advierten en sus poemas, ensayos y relatos. Hoy, en un pequeño acto de justicia, hablaré de uno de sus libros capitales: Ficciones.

Este libro no siempre fue un libro. Me explico: en 1941 se publica El jardín de senderos que se bifurcan; más tarde, se añaden los relatos que forman parte de la sección titulada «Artificios». El resultado es una serie de textos que catapultan a Borges como una figura de peso en la literatura nacional y universal, con una pluma que no quiso resignarse a la costumbre del color local y que exploró con fervor intelectual los abismos de la filosofía, la matemática, la teología, el lenguaje, el universo, el infinito, etc.

Leer a Borges no es fácil. Lo que propongo aquí es un modesto croquis, un mapa que nos permita penetrar el laberinto de sus textos. Hay que ignorar el orden de los índices y apelar un poco al instinto.

Si tuviera que recomendar a algún lector desprevenido un orden de lectura posible, propondría lo siguiente: empezar por «Las ruinas circulares», «El Sur» (acaso el mejor cuento de Borges), «El fin» (una reescritura, o mejor dicho el final definitivo del Martín Fierro), «La forma de la espada», «Tema del traidor y del héroe», «El milagro secreto» y el clásico «La muerte y la brújula». Juzgo a estas piezas más asequibles a los ojos aprensivos; en un nivel intermedio, digamos, podemos mencionar «La lotería de Babilonia», «La biblioteca de Babel», «El jardín de senderos que se bifurcan», «La secta del Fénix» (la menos interesante o la más aburrida, en mi opinión) y «Funes, el memorioso».

Lo que nos deja con los relatos más difíciles de la colección: «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius», que nos presenta a través del extracto de una enciclopedia la existencia de un mundo imaginario; «Pierre Menard, autor del Quijote», que refiere las intenciones de un autor francés de escribir la obra de Cervantes; «Examen de la obra de Herbert Quain», un análisis literario de las novelas de un autor ficticio; y «Tres versiones de Judas», cuento saturadísimo de teología cristiana y referencias religiosas.

Cada cuento es un microverso concentrado, repleto de garfios culturales, reminiscencias literarias, alusiones, paradojas y prestigios fríamente calculados. Mundos de bolsillo que pondrán a prueba tanto el gusto como la paciencia y el conocimiento de los lectores.

No te sientas mal si no te gusta Borges; él, como yo, fue un partidario del placer estético. Leer por placer es la satisfacción más grande que nos provee la literatura. Ficciones se nos puede presentar de dos formas: como un tedio o un desafío, como un callejón sin salida o un viaje de ida hacia el infinito. Si te pasa lo primero, si te aburre, si te abruma, mejor soltar el libro y buscar otro, que no te acongoje dejarlo; caso contrario, si le querés dar una chance, las puertas y las páginas están abiertas.

Si ya leíste a Borges o aún no leíste nada de él, si te gusta o no, podés compartir tu opinión en los comentarios. Nos cruzamos en la próxima reseña. Gracias por leer.

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