Reseña: Happy! (serie)




¿Una adaptación audiovisual puede ser superior a la obra original? La regla general es: nunca. Hay excepciones afortunadas. La de La niebla es una. La otra es nada más y nada menos que Happy!, basada en el cómic homónimo de uno de las mentes maestras más aclamadas del noveno arte, Grant Morrison.

Violencia gratuita, manías sexuales, consumo de drogas, apuestas peligrosas, secuestro de niños, policías corruptos, mafiosos inescrupulosos, maníacos disfrazados, una contraseña secreta, un hombre en la más absoluta decadencia al filo de la Navidad y un unicornio azul que resulta ser el amigo imaginario de una niña en peligro. Todo esto y mucho más en una temporada de ocho episodios, uno más desquiciado que el otro, donde la trama exorbitante pondrá a prueba la cordura del espectador hasta los límites de la coherencia.

Se supone que una historia así de retorcida no debería funcionar, pero funciona. Y no solo eso, sino que a medida que transcurren los capítulos, va sumando personajes, situaciones y elementos que lejos de demorar la acción le suman puntos a la serie.

Nick Sax es el clásico estereotipo de ex policía borracho y cascarrabias al que no le importa nada y solo ve el lado más oscuro de la existencia. La interpretación de Meloni es magnífica, humaniza terriblemente al personaje, con quien llegamos a empatizar muchísimo al margen de su brutalidad y su cáustico sentido del humor. Una personalidad que contrasta por completo con la del alegre, inocente y optimista Happy (Patton Oswald), que confía o debe confiar ciegamente en Sax por razones que la serie no demora en explicar.

Una historia que te vuela la cabeza y nos obliga a preguntarnos qué sentido tiene ser bueno o creer en la justicia en un mundo tan perverso como el nuestro. ¿Qué significado tiene la Nochebuena en una sociedad que está podrida hasta las raíces de mezquindades, horrores y vicios?

Este es un cuento de Navidad no apto para menores de edad. Si esperás la clásica y confortable historia de redención a lo Charles Dickens, cambiá de canal o cerrá la aplicación. Ajustate el cinturón de seguridad y el chaleco antibalas, porque el de Sax es un camino de sangre, sudor y muerte. Aquí no hay elfos sonrientes, juguetes ingenuos o un Papá Noel bonachón. El peligro es constante, los niños se evaporan bajo la nieve de diciembre y nadie está a salvo.

Mejor no les cuento más nada para que la vean sin más y me cuenten qué les pareció cuando la terminen. Y si la ven, más les valga alejar a los pequeños de la pantalla. Posta. Quedan advertidos.


Comentarios