Allá en el Este


Sus enemigos lo hallaron al pie de un cerezo.
Todo un ejército de guerreros alrededor del hombre de ojos amarillos, que parecía meditar con la mirada puesta en el oeste. No le preocupaban las armas. Estaba tratando de leer su destino en el viento que corría entre las ramas. Una espada le cruzó la cara, pero no sintió nada.
Vio el mañana. Vio la lluvia que está cayendo ahora y la sangre en el hueco de su mano. Vio la forma de las casas que se alzaban en medio de las pampas y supo que tendría que hacer un largo viaje para llegar hasta aquí.
Finalmente, se levantó. No supo cómo, pero sus perseguidores no eran más que vestigios de esqueletos.

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