Identikit


Vi su rostro. De facciones regulares y olvidables. Tal vez las cejas tupidas o algún lunar casual se me escapa de la memoria. Una expresión de aburrimiento eterno. Y los ojos, duros como espejos muertos.

La voz aguda y cordial rimaba con la cara redonda. Cara de lector en el desierto de las bibliotecas, cara de nene bien que no sufrió hambre en su vida, la cara boba de un perejil que no sabe por qué lo detienen y no le importa. Una cara kafkiana, si me lo preguntan. Tenía las mejillas blandas de porcelana; el sol jamás había penetrado el laberinto blanco de su piel.

Un rostro que se pierde y se confunde en la multitud, un rostro al que no le importa ser reconocido por nadie. Una cara cuyo único destino es el olvido.

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