Reseña: “Buick 8: un coche perverso” de Stephen King




La curiosidad mató al gato,
y la satisfacción lo resucitó. 
¿No?





¡No puedo creer que no les haya hablado de este libro! Sí, lo tengo leído hace mucho tiempo, y recientemente volví a echarle el ojo, porque Buick 8 es una de esas novelas de King que están al alcance de la mano pero que no goza de la fama que tienen It o Apocalipsis. En los caminos del Maestro del Terror hay de todo, incluso un coche abandonado en una gasolinera cuyo conductor misterioso desapareció en circunstancias misteriosas. Con esta escena arranca una serie de extraños eventos que tiene como protagonistas y testigos al Troop D, un escuadrón de policías en una comisaría de Pennsylvania que lejos de saber qué es lo que sucede con ese Buick 8 confiscado, van amontonando enigmas página a página.

La estructura de la novela es la de un relato enmarcado donde distintos narradores se van turnando para contar anécdotas aisladas relacionadas con el vehículo. Hay momentos que una voz interrumpe el relato a mitad de una frase y otra la completa para continuar con la historia. El sheriff Sandy Dearborn es el narrador más preeminente del libro, el hilo conductor que encadena todos los relatos en una unidad coherente. Asombrosamente, hay al menos una ocasión en la que asoma un narrador omnisciente en tercera persona. Si no lo es, casi diría que lo es. King trabaja formalmente con las voces de una manera tan eficaz y absorbente que al lector le deja de importar quién habla para prestar atención a lo que dice.

King introduce el misterio tan paulatinamente que cuando nos damos cuenta del lío en el que están metidos los del Troop D es demasiado tarde. Lo que empieza como algo raro que ves en horas del trabajo evoluciona poco a poco; lo extraño va dominando el territorio conocido de lo cotidiano, y se instala cómodamente en nuestro mundo. Hay una normalización de lo extraordinario; la explicación de los policías es legítima: sin importar cuán aterrador sea el misterio, la vida sigue. Ellos siguen patrullando, trabajando y arriesgando sus cuellos en las calles.

Además, ¿cómo explicar lo inexplicable? ¿Qué sentido tiene explicarlo? ¿Cambiará algo con descubrirlo? La gran lección de Buick 8 parece ser esa: hay misterios que permanecerán sin resolver hasta nuestra muerte, enigmas que siempre serán enigmas y que es inútil resolver. Tal vez el lector lamente esa lección que los buenos policías intentan darnos: no siempre hay respuestas.

Una vez asumido el hecho de que no todo puede ser explicado, ni en este libro ni en la vida, la novela se deja leer con placer e inquietud. Francamente, después del fiasco de Cazador de sueños en el 2001, Buick 8 es un contrapeso que equilibra la balanza, mostrándonos a un King que toma distancia del accidente de coche que casi le cuesta el alma. No mucha, porque la cuestión de los accidentes de tránsito palpita fuerte en la trama, pero no tan desmesuradamente como en Dreamcatcher... Dios, les tengo que hablar de ese libro algún día.

Buick 8: un coche perverso es una lectura amena, ligera y atrapante, con una ambientación verosímil, una atmósfera inquietante y un misterio irresistible, donde se conjuga la imposibilidad de comprender lo incognoscible y la necesidad humana de inquirir lo desconocido.



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