Reseña: Watership Down




Watership Down es una perla secreta de Netflix que casi se nos pierde de vista por su discreción y nos cautiva por su calidad. Una miniserie de cuatro episodios, basada en la novela homónima de Richard Adams, que congrega las voces de actores tan diversos como James McAvoy, Nicholas Hoult, Gemma Arterton, Ben Kingsley y Tom Wilkinson entre otros, para narrar una de las historias más emblemáticas de la literatura inglesa moderna.

Si alguna vez has leído Rebelión en la granja y te gustó, esta serie te va a encantar. Una historia de conejos no tan dulce que introduce de forma muy inteligente reflexiones acerca de la guerra, la lealtad, la amistad, el valor y la muerte. A pesar de que puede considerarse una obra de carácter «moralizante», los acontecimientos que ocurren, muchos de ellos crueles y angustiantes, dan fundamento a la moraleja. Esta no es una parábola feliz. Los personajes sufren, dudan, desconfían, sangran, adolecen de hambre y frío, se equivocan y toman decisiones desesperadas. Esta virtud de Watership Down la convierte en algo mucho más genuino que una pieza de animación más, aunque la producción no se ha arriesgado más de lo necesario ni en el aspecto gráfico ni en la linealidad previsible de la trama.


El submundo de los conejos tiene una mitología propia, basada en el culto a Frith (el sol), quien creó tanto a los propios conejos como a sus adversarios, los elil. Este conjunto de creencias (que no llega a ser religión porque no hay una «iglesia» animal que la represente) es muy importante para entender cómo los protagonistas se autoperciben en la vastedad peligrosa de los prados ingleses, donde los humanos no son lo único a lo que deben temer. (Por cierto, ellos piensan muy mal de nosotros, y con muchas razones.) Dentro de esta comunidad hay jerarquías, roles, neologismos y costumbres instaladas, algunas de las cuales los conejos deberán desafiar para salvarse de las amenazas que los rodean. Abro un paréntesis enorme para destacar la preeminencia de los personajes femeninos, desde la cariñosa Strawberry hasta la indómita Hyzenthlay; en esta sociedad, las conejas son esenciales, no solo como madres y compañeras, sino también como constructoras de madrigueras, a tal punto que uno de los conflictos principales de la serie gira en torno a ellas.

Watership Down se nutre de reminiscencias bíblicas, no solo en la cultura de los conejos, sino también a través de los personajes: Fiver es un conejo que debido a sus visiones encarna lo que podríamos llamar un profeta o vidente; Hazel es el líder que guía a su pueblo a la libertad; Bigwig (que al principio detesté y luego adoré) es el fiel guerrero que permanece al pie del cañón, listo para la batalla... Con estos arquetipos clásicos se desarrolla un relato más atrapante por su carácter simbólico que por su estructura. (Sí, hay instaloves y amores a primera vista, peeero a esta obra se le perdona todo porque hace una crítica demoledora a la sociedad humana sin perder el hilo de la trama.)

Watership Down no trae ninguna novedad narrativa en sus alforjas, y no tiene por qué hacerlo. Es un homenaje magistral a la obra de Adams y a lo que la novela significa: una fábula sobre la condición humana en tiempos de perdición y desesperanza. Una miniserie agradable que te conmueve si te compenetrás lo suficiente, pero que tal vez no toda la audiencia llegue a engancharse debido a que acá importan mucho más los diálogos que la acción. Una metáfora animal sobre cuán animal puede llegar a ser el otro en la oscuridad de los tiempos y cómo la esperanza nos ayuda a soportar estos días de odio.



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