Reseña: “Nada”, de Janne Teller




Nada importa.
Hace mucho que lo sé.
Así que no merece la pena hacer nada.
Eso acabo de descubrirlo.








     Nada es uno de esos libros que no podrías recomendar a todo el mundo aunque quisieras hacerlo. A lo largo de mi vida lectora he leído muchos textos oscuros y deprimentes, pero lo más perturbador de esta novela es que a través de un relato sencillo cuestiona el sinsentido de la existencia humana. Sus protagonistas son niños; la mayoría, con sueños y esperanzas. Pierre Anthon es diferente: ha visto algo que ninguno de sus compañeros ha concebido jamás y decide abandonar el aula en medio de la clase.

     ¿Por qué? Porque la vida no tiene sentido.

     A mí no me gusta la literatura existencialista. Tarde o temprano, todo autor escribe un texto-a-la-Sartre. Para mi vergüenza, en uno de mis muchísimos papeles abandonados en el placard tengo un poema que se titula Sé que existo. Es basura.

     ¿A qué voy con esto? A que muchos autores escriben acerca de la «angustia del ser» y pocos lo hacen realmente bien sin caer en el aburrimiento de lo intelectualoso y lo pseudofilosofante. El extranjero, de Albert Camus, es un buen ejemplo. No sé si es el mejor ejemplo, porque el lector tiene que armarse de paciencia a la hora de las descripciones para llegar al corazón de la historia.

     Teller no te aburre. Desde el primer momento te engancha con el relato y no te suelta más. Su escritura es sencilla, directa y concisa. Sin ornamentos innecesarios. La historia te atrapa y te hunde.

     Y te hunde mal.

     Nada es una novela repleta de simbolismos y alegorías. Un aspecto que por momentos le juega en contra, porque los personajes se convierten en metáforas rodantes y restringe mucho el potencial de la trama. A mí me hubiera gustado saber (¿o no?) qué pasaba exactamente en la mente de Pierre Anthon en el instante en que tuvo esa revelación. Pero es Agnes, uno de los miembros del grupo, la que narra la historia en retrospectiva, sumergiéndonos poco a poco y sin que nos demos cuenta en un círculo vicioso tan angustiante como imprevisto.

     El libro es terrible. Terribilísimo. Un elenco coral de niños intenta convencer a Pierre de que está equivocado. Empiezan a debatir entre ellos acerca del significado de la vida y están dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de defenderlo. Lo que en principio se trata de un plan para taparle la boca a Anthon se vuelve cada vez más turbio y siniestro.

     El final es escalofriante.

     Si sos un lector susceptible a pesimismos, no te recomiendo que lo leas. Nada tiene dientes y muerde hasta hacerte llorar de desesperación. Si querés darle una oportunidad, preparate para una terapia de shock de doscientas páginas. Están advertidos, hijos de hombre.


     Nada es una mirada crítica a la sociedad contemporánea, una metáfora de la condición humana y una lectura accesible a cualquier tipo de lector, pero con un desenlace tan impactante como devastador. Dicho esto, léase bajo su propio riesgo y nos leemos en la próxima reseña de Opiniones marginales.

Comentarios

  1. Es terrible, pero qué tranquilidad me da saber que está en mi biblioteca , me recuerda de vez en cuando el poder de las palabras y sus consecuencias. Adoré como trato el tema la autora, es más si estuviera en una editorial leyendo las primeras páginas pensaría que es un libro para niños, qué revelación. Muchos saludos :D

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