Reseña: “Outlast”, de J. T. Perry

Hoy les traigo una reseña un poquito diferente, más creepy de lo habitual. Esta vez no se trata de un libro o un cómic, sino de uno de los videojuegos más populares de los últimos tiempos en el género de survival horror. No me pregunten si lo jugué porque la respuesta es un gran ¡No!, pero nada me ha impedido ver a otras personas jugarlo y hacerme una idea de lo que realmente es esta joyita digital. La reseña del día:



Outlast fue la punta de lanza de un sueño de desarrolladores independientes que acababan de renunciar a sus trabajos en empresas multinacionales de videojuegos. Fue así como Red Barrels arrojó al mundo una historia digital que ha helado la piel de muchos jugadores.

Fue la pluma de J. T. Perry la que escribió el relato de Miles Upshur, un periodista que recibe un correo electrónico de un empleado de las Corporaciones Murkoff, quien denunciaba extraños hechos ocurridos en el sanatorio mental de Mount Massive. Lo que comienza con la promesa de la trama de un hombre encerrado en un manicomio degenera progresivamente al compás de los cuerpos muertos, rastros de sangre y oscuras revelaciones. Una vez que estás dentro, desearás no haber entrado jamás.

El rasgo distintivo de Outlast que le mereció una lluvia de elogios y que preservó en sus historias posteriores es la imposibilidad del jugador de defenderse o utilizar armas. El universo de acciones de Miles se limita a tres opciones: huir, ocultarse o morir. Lo que haría cualquier otro mortal en la misma situación. Este detalle aumenta la dosis de terror que experimenta el espectador, incrementa la sensación de vulnerabilidad y rompe con el cliché del héroe armado con un lanzallamas.

La única arma con la que cuenta Upshur es su cámara de video, cuya visión nocturna le permite reconocer peligros en la oscuridad además de grabar lo que ocurre en Mount Massive y recoger datos acerca de lo que ve. Como las baterías no son infinitas, el jugador deberá buscarlas en el transcurso de la partida.

Dicho todo esto, analicemos la trama en sí misma.

La historia del manicomio es una idea irresistible para cualquier escritor de terror, y Perry no la desperdicia en absoluto. Bajo la cáscara de esta institución mental se ocultan terribles secretos que Upshur desentrañará, pese a las pocas ganas que tiene de quedarse allí. En este sentido, tanto las notas del periodista como los documentos hallados, e incluso los comentarios de algunos personajes, permiten reconstruir la cadena de acontecimientos que culminaron en lo que pasa en Outlast.

No quiero incurrir en la posibilidad de arrojar spoilers a quienes desconozcan por completo este juego, pero Perry le dio un trasfondo interesante a un relato susceptible de caer en los clichés del género, y el guión carga esta atmósfera angustiante con una gran cuota de terror psicológico.

Un buen juego, una buena historia y mucha sangre. Mucha.

Esto es todo por hoy. Próximamente estaré publicando un comentario acerca de Outlast: Whistleblower. Hasta entonces...


...espero que sobrevivan.


Comentarios