Ir al contenido principal

Coescribir en Crónicas del laberinto

Propiedad distributiva | Un escritor es menos lo que escribe que el método que utiliza para crear la obra. Toda técnica es una forma de construir políticas. El oficio del escritor es solitario: el artista quiere hallar identidad en su técnica, distinción. Toda distinción implica una acumulación de valor sobre el nombre propio. En tiempos de emergencia colectiva, vale más fundir el oro para repartirlo antes que retenerlo.

A la cancha | La literatura también es un juego, y hay compromiso en el acto de jugar: participar, colaborar, compartir, ser feliz con el otro. El juego no busca la distinción de sus participantes, y si lo hace, es en función de sus roles: arquero, mediocampista, defensor, etc. Desempeño coordinado y colectivo.

Una obra integral | El trabajo de Pablo De Micheli es un ejemplo de política distributiva, la escritura se disemina en diversas formas expresivas (epígrafes, poesía, prosa), y a la vez el proceso del libro se reparte entre artistas. En vez de privatizar el sentido de sus laberintos, el autor cede cada vez más terreno hasta que su voz solo define su dirección en la medida que establece un equilibrio con las demás voces literarias, visuales y musicales. El proceso de creación de este libro supera con creces los límites de una antología convencional, donde cualquier texto puede ser salteado por el lector sin desorientarse en el laberinto. En esta obra, en cambio, ignorar la contratapa o las ilustraciones es imposible, debilita la apertura lúdica de la propuesta.

Desvíos | Nadie entra a un laberinto para ir en línea recta hasta la salida. La idea es perderse, volver los ojos, a los epígrafes, a los poemas, a los desvíos de una lectura que, aunque parezca lineal, te invita a que desistas de la linealidad, de lo que creemos «recto».

Perdidos | En Prohibido suicidarse en primavera, de Alejandro Casona, el Hogar del Suicida exhibe óleos  de suicidas famosos. Los personajes de De Micheli están perdidos en todo sentido. Y el lector se encuentra a sí mismo en ellos. Los cuadros tienen un efecto disuasivo: invitan a la vida, a la búsqueda, antes que ponderar la muerte. El laberinto no está diseñado para extraviarse, sino para invitar a quienes estén en él a ensayar sus estrategias de salida con el otro. 

Tercera pared | Este texto, que originalmente iba a formar parte de La muerte es un relato, acabó en este libro por consejo de cierto editor marginal. Viéndolo en retrospectiva, acabó siendo un gesto maestro que el escritor ejecutó con buen tino. Romper la pared en un laberinto no lo destruye, lo amplifica.

Piedra angular | La metáfora del laberinto no es solo espacial, sino temporal. Lo primero que se hizo de este libro mucho antes de su concepción fue su sinopsis, y no fue Pablo quien lo escribió, sino Agustina Verger; con un texto que, sin saberlo ni preverlo, define el carácter de la obra incluso antes de que fuese escrita.

La (re)invención | Decir que hay una evolución de La muerte es un relato a Crónicas del laberinto es injusto y capcioso. Ambos títulos son igualmente geniales. La diferencia que celebro es que para el segundo, De Micheli supo reinventarse al correrse del foco y sumar a los demás a la fiesta. Un artista debe tener el corazón bien situado para entender con lucidez que una obra es lo suficientemente autónoma para dejar de ser una extensión de sí mismo y volverse un patrimonio del mundo. Este gesto es el principio con el que se levantan los laberintos de Pablo De Micheli. Gesto que podemos imitar, en mayor o menor grado, para fundar de las ruinas un nuevo sentido político, artístico y colectivo en el que todos podamos salir ganando. |||


Instagram del autor: @pablodemicheliescritor

Comentarios