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Impuros (cuando ser gente de bien está en la sangre)

La mitad siniestra | No ha de ser sorpresa para nadie saber que dejé mucho material fuera de la reseña oficial de Impuros, de Juliana Ávila. Una parte de mi análisis crítico, la parte maldita, es la que aparece aquí. Con «maldita» me refiero a que la historia, incluso con un dulce romance, consta de momentos amargos que dicen mucho más de lo que la primera lectura deja ver. 

Historia de fantasmas | Lo maldito está en la propia casa. La ficción doméstica se abre paso desde una interioridad hacia lo exterior. El espacio inicial es el más íntimo e irreductible en la vida de una joven católica: el confesionario. La habitación del pánico del devoto que necesita sentirse a salvo del pecado exterior. Pero el monstruo ya está dentro: un monstruo llamado deseo.

Sin nombre | El deseo es monstruoso porque no puede ser dicho. Es decir, porque no tiene nombre. «Sacarlo al exterior significa que nada vuelva a ser como antes, por eso me sigo aferrando a él con toda la fuerza que tengo». Hay relatos de terror que operan con la misma lógica: MacReady en The Thing (1982) y Ellen Ripley en Alien (1979) tienen la misma preocupación. Que el monstruo no salga de la estructura. 

Eclosión | ¿Qué tan peligroso es dejar las puertas abiertas al deseo? El riesgo es la liberación de la mujer. Aun si el deseo de Eva es heteronormado, sigue siendo amenazante para su familia y para la gente de su clase. El riesgo es que el deseo se vuelva amor, y el amor se vuelva proyecto: un proyecto feminista.

La arquitectura biopolítica | ¿Por qué leer una novela romántica de estas características cuando el mercado parece exigir, al contrario, una literatura con personajes disidentes? Porque lo transgresor no está en la orientación sexual de los protagonistas, sino en las «fisuras» que el texto no cierra. ¿Quiénes son los impuros de la obra, si la narración se alterna entre Eva y Dante, que son, en principio, identitariamente canónicos? Hay una pregunta más iluminadora: ¿cuál es el discurso que determina la pureza de todo y dónde se la localiza? Lo impuro, lo raro, lo ominoso, está en el cuerpo. Como pregunta Butler: «Si el género es una construcción, ¿debe haber un “yo” o un “nosotros” que lleven a cabo o realicen esa construcción?» (2002, 25).

Interpelar para someter | «Mi padre me mira, pero no dice nada…» indica la voz narradora en Impuros, pero es la voz materna la que la interpela cuando ve las uñas pintadas de Eva. «La voz de mi madre diciendo que no me reconoce empieza a sonar en mi cabeza, haciéndome sentir asquerosa, sucia y culpable». La Dra. Daniela Dorfman reflexiona en una de las clases: «En Althusser la función de la ideología es constituir individuos en sujetos, o sea llamar, interpelar individuos para que se sometan, y sometiéndose se subjetiven...» (2023, 128). Y agrega: «...la interpelación siempre alcanza a la persona buscada» (p. 130). Interpelar para someter, someter para alienar, alienar para mantener el orden de clase.

Gente de bien | La clase dominante nunca se presenta como tal sino como «gente de bien», como la norma, lo limpio, lo desinfectado, lo impoluto, lo puro. Portadores de pureza moral, pero a su vez, aunque lo nieguen, de pureza biológica. «Me los imagino blanquitos y rubios, porque los dos [Eva y Tomás] son así, aunque ojalá hereden el pelo lacio de nuestra familia» dice Lilia, hablando de hipotéticos nietos. 

Santa y sucia | El erotismo adquiere en Impuros una significación renovada, porque es en la «suciedad»  donde Eva se santifica, es decir, donde se separa del espacio que la somete. Dos hitos fundamentales de la tradición cristiana sitúan el cuerpo de la mujer en el centro: la Caída de Eva y la Concepción de María. 

(Re)conocer(se) | Adán y Eva «conocieron que estaban desnudos» (Gen. 3.7), cubrieron su desnudez; en el otro reconocieron la diferencia por el consumo del fruto prohibido, pero a pesar de que el capítulo lleva por nombre «Desobediencia del hombre», fue Eva quien tomó la decisión de dar de comer a Adán. Fue ella la proveedora del saber. ¿Fueron expulsados del Edén o fueron lib(e)rados del paraíso a la suerte de su propia consciencia? Simetría con Dante y Eva, que en la atracción mutua de los cuerpos tienen sus mayores momentos de goce y de liberación. En cuanto a María, por más Inmaculada que sea la Concepción, su cuerpo es protagonista de una fase de inseminación, nacida del amor más puro y el goce existencial más profundo: María fue tocada por el Cielo, y el Cielo sintió su amor.

Des/graciada | María Eva lleva inscripto en el nombre su futuro: su destino de des/graciada (María), en tanto portadora del Amor Supremo, debe mantenerlo en secreto incluso a riesgo de separarse de su amado (Mateo 1.19); su condición de exiliada (Eva), expulsada del orden edénico de su clase social. Otro nombre marginal es el de Dante: como el del poeta expulsado de una Italia segmentada por dos facciones, y a la vez devenido peregrino en el Infierno. Fuera de este orden, lo que la ley decía que era monstruoso reproduce y encarna el ideal de amor que los opresores dicen tener. Porque el Amor, para manifestarse, debe hacerse carne para morir fuera del orden de la carne, como Cristo en la cruz. Impuros se lee con el placer de las buenas novelas, pero describe una perfecta procesión.

Caer en desgracia | ¿Acaso ser feminista no significa precisamente eso? ¿Ser una des/graciada ante los ojos de los hombres? Alguien que fuera de la Gracia halla su pureza en lo vil, en lo prohibido, en el acto de usar la boca para morder, para besar, para hablar. El erotismo y la fe hallan una síntesis insólita pero coherente en la escritura de Impuros, que contándonos un amor de película sabe ser transgresora a su manera, dentro de sí misma. Reconoce, en su propio cuerpo textual, las marcas de la violencia que está corriendo por derecha, y le planta cara en su propio terreno con una escritura «correcta», tan correcta como la «gente de bien» que habla de niños rubios como bienes de lujo y triunfos genéticos/genealógicos. (Auto)erotizarse, pensar el cuerpo fuera del «bien», es una digna rebelión. |||


Instagram de la autora: @juliavilaw

Bibliografía y filmografía



Butler, Judith (2002) Cuerpos que importan. Paidós.

Carpenter, John (Dir.) (1982) The Thing. The Turman-Foster Company.

Dorfman, Daniela (2023) «El género ante la ley» en Tomar las aulas. Las clases de Teoría y Estudios Literarios Feministas. Ed. Madreselva. 

Scott, Ridley (Dir.) (1979) Alien. Brandywine Productions.


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